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Lomas de Zamora: tierra de contrastes, entre bolsillos vacíos y promesas de obras públicas

El segundo distrito más poblado del conurbano muestra una fractura social donde macrismo y kirchnerismo juegan a fondo; Massa y Randazzo apuestan a los desencantados

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LA NACION
Domingo 16 de julio de 2017
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Sobre una balsa de telgopor y maderas, Ramón Miranda avanza sobre los desechos y desagües del arroyo Mugica. El vertedero serpentea a lo largo de Ingeniero Budge, una de las localidades más pobres de Lomas de Zamora, pegada a la Capital Federal. Junto a 16 vecinos agrupados en una cooperativa y a cambio de 4000 pesos mensuales, este gondoliere de la inmundicia limpió 1800 metros del arroyo en dos meses. Avanza más rápido que las máquinas del Estado.

Ramón empuja la balsa mientras los desagües de los ranchos y casillas siguen escupiendo sus intestinos al agua. Una vecina abre la ventana de su cocina. No es para saludar: arroja una caja al arroyo. Ramón la recogerá otro día. Y así todos los días.

El de Ramón y su vecina es apenas uno de los infinitos contrastes de Lomas de Zamora, que con más de 700.000 habitantes y medio millón de electores es el segundo municipio más poblado del conurbano y uno de los ejes de la batalla de octubre.

Aquí opera un abismo que se percibe en los minutos que cuesta llegar desde las villas y barrios obreros de Budge o Fiorito a las casas con jardín de Banfield o las mansiones de Las Lomitas; entre las grandes industrias exhaustas de Llavallol, la usina sublegal de La Salada y las pymes que cierran en Temperley; entre los puentes, canales y cloacas que Cambiemos vende como futuro y los bolsillos vacíos del presente con los que el peronismo confía que volverá a ganar. No hay nada más lomense que el contraste.

Hace dos días que no llueve en Fiorito, pero Los Paraguayos, el barrio más nuevo de villa La Cava, es un lodazal. La mayoría de "los paraguayos" son albañiles y se nota: casas nuevas de material, perfectamente terminadas y pintadas. Lo privado, lo que depende del vecino, parece sólido, de clase media. Lo público, la vereda, el asfalto, no están. Los líquidos que inundan la calle no vienen del cielo.

A pocas cuadras, en la zona de los recicladores de La Cava, opera la lógica opuesta: más antiguo, el barrio tiene asfalto y luz, pero donde empiezan las veredas se eleva una montaña de basura que ingresa a las casas de chapa, más enclenques. Son argentinos y, a diferencia de sus nuevos vecinos, llevan varias generaciones sin conocer un trabajo estable, explica un baqueano.

Héctor Trejo, Laura y sus cuatro hijos viven en Los Paraguayos. Santiagueño, Héctor se rompió la espalda trabajando en la constructora de un empresario de Adrogué. Lo despidieron cuando todavía no podía levantarse de la cama y hace seis años que espera el juicio. Recuperado, ahora no pasa los exámenes médicos para un trabajo en blanco. Hace changas. "¿Usted no sabrá de un trabajo?", pregunta.

A Héctor y Laura no les alcanza para sus hijos, pero les dan de comer a otros 50, porque a la mujer se le ocurrió poner un merendero. Consigue la comida por Facebook. Si tuviera "más plata" pondría un comedor, dice, para que puedan venir los padres de esos 50 chicos. "Yo pasé hambre y siempre soñé con dar de comer. Cuando les doy de comer a otros, duermo bien", dice Laura.

Obras versus bolsillos

Lomas de Zamora tiene forma de bota. La caña de la bota, pegada a la Capital, está ocupada por las localidades pobres de Fiorito, Budge, las villas Centenario y Albertina, que se expandieron en las últimas décadas hasta ocupar una franja que supo ser un bañado con salida al Riachuelo.

Es el conjunto que se conoce como Cuartel Noveno: un tercio del territorio municipal, pero la mitad del padrón. Es donde arrasa el peronismo en cada votación. Donde Cristina Kirchner supera los 40 puntos. Donde Cambiemos y Unidad Ciudadana darán el duelo político de esta elección, entre obras y bolsillos.

La Casa Rosada y la gobernación apostaron por la obra pública pesada en Cuartel Noveno y activaron proyectos por más de 4000 millones para los próximos cuatro años. Antes de las elecciones de octubre, María Eugenia Vidal espera terminar el puente La Noria, el sistema de bombeo del arroyo del Rey (las bombas traídas de Italia esperaban desde 1987 en un galpón) y 35 mil conexiones de cloacas.

Aunque las máquinas y carteles de obra de Nación y Provincia emergen por doquier en Cuartel Noveno, el estruendo que se escucha es otro: cada vez hay menos plata, menos trabajo, más violencia y más narcos. El pasado kirchnerista suena más dulce que el futuro que vende el oficialismo.

No todo es Cristina. El intendente Martín Insaurralde supo hacerse fuerte en esta zona: llegó al poder en 2009 y, hasta 2013, mientras fue uno de los preferidos de la ex presidenta, consiguió asfaltos, luces y patrulleros al por mayor. Lo mismo hizo cuando llegaron Macri y Vidal. Nadie duda de sus artes de cautivador.

Moderno en las formas y amigo de las cámaras, Insaurralde también perfeccionó la maquinaria de asistencia peronista: cada vez que Cuartel Noveno se inunda, los colchones y víveres de los punteros peronistas llegan antes que a nadie.

El otro Lomas

El "pie de la bota", al sur, lo forman Banfield, Lomas y Temperley. Los dos primeros son territorio de una clase media y media alta que tiene como primera preocupación la inseguridad. En Temperley, pero también en la periferia de Banfield y Lomas, lo que abunda es una clase media más sufrida, que pelea contra la caída en las ventas, las pymes que cierran y el desempleo que despunta. Y la inseguridad. Es la misma discusión que predomina en el talón de la bota, la zona industrial de Llavallol, donde Pro y el kirchnerismo se reparten amores y odios.

Donde la bronca hacia Macri y Cristina da paso al desencanto es donde ganan terreno Sergio Massa y Florencio Randazzo, aunque todavía muy atrás.

"Tengo la carnicería hace 26 años, pero estoy más para cerrar que para otra cosa", dice Alfredo Elizarraga, en el barrio San José de Temperley. Dice que vende la mitad que hace dos años y medio y que en la carnicería ya no trabajan cinco, sino dos. Culpa al gobierno nacional, al anterior y al municipal. Pero sobre todo a los súper chinos.

A dos cuadras, la mueblería de Hernán Ruiz vende un 25% menos que hace un año y 40% menos que en 2015. Tenía tres depósitos y se quedó con uno. Indemnizó con herramientas al pintor que empleaba y ahora lo contrata sólo cuando lo necesita. Ya no reparte muebles en doble turno, sino por la mañana.

En las calles "lindas" de Banfield y Lomas predominan las preferencias por Cambiemos y las voces que no le perdonan al intendente haber dejado el barrio donde vivía y tenía su restaurante, para armar nido con su esposa, embarazada, en Palermo. Cerca del intendente juran que "sólo a veces duerme" en la Capital.

En esas cuadras, que Insaurralde iluminó con lámparas LED, se impone el debate de los medios nacionales. Lo confirma el juez que toma un café y saluda a todos en la esquina de España y Colombres, la más top de Las Lomitas. Comenta la polvareda que sigue desatando el operativo policial en La Salada y el miedo de algunos políticos -no sólo del PJ- por los coletazos de la causa.

Todos decidieron apostar fuerte en esta elección. Después de coquetear con Massa y Randazzo en 2016, las encuestas convencieron a Insaurralde de quedarse con Cristina, postergar pretensiones y atrincherarse en Lomas: postuló a su jefe de gabinete, Guillermo Viñuales, como primer concejal, y a su vocero, Federico Otermin, como diputado provincial.

Cambiemos apostó al apellido peronista Mercuri: Gabriel, funcionario de Desarrollo Social e hijo de Osvaldo, lidera la boleta de concejales. Su madre, María Elena Torresi, será candidata a diputada provincial.

Massa y Margarita Stolbizer ubicaron a Marcelo "Oso" Díaz, del GEN, en la boleta de diputados nacionales y al peronista Ramiro Trezza al frente de la boleta municipal. Randazzo, por su parte, le dio todo al Movimiento Evita: Fernando "Chino" Navarro lidera la boleta de diputados provinciales de la tercera sección, y su hijo, Juan, la de concejales.

Ramón, il gondoliere, también apuesta todo en esta elección: espera que alguien lo ayude a defender el terreno frente a su casa, el último lote libre del barrio obrero de Budge. Allí, él se convierte en "el profe" y enseña fútbol a 60 chicos. Debe defenderlo de sus mismos vecinos, de los padres de algunos de esos chicos. "Me llegaron a decir que me iban a matar, pero todavía estoy acá", comenta entre risas. Sigue remando.

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