Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Alt-J, de banda universitaria a fenómeno indie global

Vendieron más de dos millones de discos, ganaron el Mercury Prize y llenan estadios, pero la fama no golpeó a su puerta

SEGUIR
El País
Lunes 17 de julio de 2017
En Relaxer el trío va del folk a la electrónica
En Relaxer el trío va del folk a la electrónica. Foto: LA NACION
0

LONDRES.- Primero me anuncio, cuento que estoy en el lugar para una entrevista y luego soy conducido a un salón situado en el sótano de un elegante restaurante italiano recién inaugurado en Oxford Street. A los pocos minutos llega la amable encargada y sin más comenta: "Entonces, quiere usted trabajar con nosotros". Es un malentendido, eso está claro y se lo hago saber, a lo que la dama agrega para concluir: "Disculpe, me habían dicho que venía usted para una entrevista". Al rato, después de una serie de conversaciones entre el personal, alguien me acompaña hasta el piso de arriba, donde una empleada de la discográfica me confirma que ahora sí estoy en el lugar adecuado.

La anécdota sirve para comprender el fenómeno Alt-J. En el piso de arriba se encuentra la que su hoja de promoción describe como "una de las bandas británicas más exitosas del milenio". Han vendido dos millones de discos y sus canciones han sido escuchadas en streaming más de mil millones de veces. Han ganado el Mercury Prize, uno de los premios más prestigiosos de la música británica. Han llenado el O2 londinense y el Madison Square Garden neoyorquino. Pero llevan toda la mañana en este restaurante del centro de Londres y nadie parece haberse percatado de su presencia.

"No somos lo suficientemente guapos", bromea Gus Unger-Hamilton, bajista de la banda, bigote, gafas de pasta y corte de pelo imposible. "Tenemos la suerte de que nuestra banda es famosa y nosotros no. No buscamos la fama personal. Si buscás eso, ponés tu cara en la portada de los discos, salís en tus videos, contratás un estilista y buscás una novia famosa. No diría que no a una novia famosa, si sucediera, aunque una vez rechacé a una. Tengo una novia con la que soy extremadamente feliz, ¿eh?"

Alt-J ha cumplido el sueño indie del éxito sin fama. Incluso su música, que conecta emocionalmente con millones de personas, se resiste a cualquier intento de etiquetado. Lo demuestra su tercer álbum, Relaxer, un viaje del folk a la electrónica, pasando por el punk sexual ("Hit Me Like That Snare") y otras paradas intermedias. Todo ello en ocho canciones.

"Aún no hemos descubierto quiénes somos como grupo -explica Joe Newman, guitarra, voz y letrista-. Seguimos escribiendo para llenar ese vacío. No pensamos en el éxito de los anteriores discos. Nuestra música siempre ha sido inusual y eso les gusta a nuestros fans. En ese sentido somos libres para hacer lo que queremos, no tenemos que cumplir las expectativas del público más que en términos de calidad."

Empezaron a tocar en una habitación de una residencia universitaria en Leeds, ciudad del norte de Inglaterra donde estudiaban. Construían canciones sin intención de defenderlas sobre un escenario.

"Todavía nos gusta hacerlo así -explica Unger-Hamilton-. Para hacer este disco buscamos una habitación, y nadie podía creerse que no necesitáramos micros ni amplificadores. Cuando estábamos en Leeds, no tocábamos mucho, no salíamos con las otras bandas, no estábamos en la escena musical. Éramos como niños que no iban al colegio, sino que se educaban en casa. Un poco raros, pero listos de una manera diferente."

Los Alt-J tuvieron que ganar el Mercury Prize (el Grammy británico) para darse cuenta de que habían dejado de ser una banda universitaria. Fue en 2012, con su álbum debut, An Awesome Wave. "Estábamos tan absortos en lo que hacíamos que no nos dábamos cuenta de lo rápido que estábamos yendo", asegura el baterista, Thom Green.

El éxito no fue fácil de digerir. Gwil Sainsbury, uno de los cuatro miembros originales, convencido de que la vida en la carretera no era para él, abandonó la banda antes del segundo disco. Alt-J siguió como trío y su segundo álbum de estudio, This Is All Yours (2014), volvió a triunfar. Sin planearlo, estaban girando por todo el mundo y volando en aviones privados.

En un país que ha convertido las correrías de sus músicos en carne de la prensa rosa, los Alt-J adquirieron inevitablemente fama de aburridos. Puede que sea un signo de los tiempos. Puede que, en un mundo hiperconectado y transmitido en directo, Pete Doherty y los Gallagher ya no marquen el rumbo. Quizá los millennials no comulgan con la fantasía del rock and roll way of life. Quizá quieren que sus bandas representen sus propias ansiedades e inquietudes, sean estas las que fueren.

"El mito del rock ha cambiado -concluye Newman-. Es más difícil mantener la mitología en un mundo en el que todo puede ser grabado. Escuchás grandes historias de Led Zeppelin porque no hay pruebas. El fin de la privacidad es el fin de la leyenda."

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas