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Messi y Federer comparten la apuesta de futuro del deporte: sabios, tecnológicos y cada vez más viejos

A tres semanas de cumplir 36 años, el tenista suizo sigue rompiendo límites: algunas de las razones por las que los deportistas veteranos son cada vez más exitosos

LA NACION
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Sebastián Fest
Lunes 17 de julio de 2017
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"No tengo dudas, Leo va a jugar en Qatar 2022. Puede hacerlo perfectamente, sólo se trata de ajustar un poco su posición, de situarse más atrás y manejar los hilos del equipo".

El que lo dice no es un peso liviano, tiene más derecho a hablar sobre Lionel Messi que casi cualquier otra persona en el mundo. Le parece natural que el hoy mejor del mundo comande a los 35 años a la selección argentina a la búsqueda de la gloria en el polvoriento y diminuto emirato. Y tiene razón: es natural, tan natural hoy como el octavo título de Roger Federer en Wimbledon. Sabios, tecnológicos y cada vez más viejos, por ahí va el perfil de muchos deportistas de éxito, ésa es la apuesta del deporte para su futuro inmediato.

Si la expectativa de vida en el promedio mundial era de 50 años en 1900 y creció hasta los 81 hoy, ¿por qué debería el deporte ser ajeno a ese fenómeno? Mientras los científicos no terminan de ponerse de acuerdo acerca de hasta dónde podrían extenderse los límites de la vida humana, el deporte se encarga de ampliar los suyos.Un reciente informe del diario español El País analizó el fenómeno y aportó datos irrefutables: la última final de la Champions League tuvo la media de edad más alta de la historia, los cinco mejores tenistas del mundo tienen más de 30 años y la natación olímpica ofreció en Londres 2012 veinte nadadores por encima de los 30, quince veces más que en los años '80.

Otro ejemplo lo dio este fin de semana la Fórmula 1: Lewis Hamilton, que al igual que Sebastian Vettel irrumpió en el primer plano como símbolo de los éxitos precoces, es hoy el reaseguro de los veteranos frente a empujes juveniles que no terminan de cristalizar como cosa seria.

Es un gran momento para ser viejo en el deporte, sí. Tan halagado como educadamente harto por la reiteración del tema -¿hasta cuándo, Roger?-, Federer apeló a la ironía y el absurdo cuando le preguntaron si se veía jugando Wimbledon a los 40. Es decir, Wimbledon 2021, que lo encontraría con 39 años y 11 meses de edad. "Podría tomarme 300 días libres antes del torneo para dedicarme sólo a preparar Wimbledon, meterme en un congelador, salir y entrenar un poco".

Exagerado el suizo, pero no desencaminado. Una de las claves de su éxito pasa por el "menos es más", por meterse cada tanto en el congelador. Más de uno consideró impropio de un tenista de su estirpe el saltearse toda la temporada de canchas lentas, incluyendo Roland Garros, para preparar Wimbledon. Tras el éxito -que no es el primero con esa estrategia-, podría pensarse que el método hará escuela, pero la verdad es que cada jugador es un mundo. El mejor ejemplo es el contraste entre Federer y Rafael Nadal, el otro treintañero que marca el 2017 del tenis, un déjà vu de ese 2008 en el que entre ambos se repartieron los cuatro grandes. Si el suizo debe cuidarse para no jugar de más, el español debe prestar atención a no hacerlo de menos. Lo dijo Federer sin siquiera mencionar a Nadal: "Lo que yo hice no debe significar que necesariamente todos deban tomarse esa pausa. Hay jugadores que lo que necesitan es jugar".

La última frase podría ser firmada por Rod Laver, la gloria australiana que no se cansa de aplaudir a Federer y Nadal en primera fila de los mejores escenarios del tenis. Es alegre y amable testigo de la brecha que se agiganta entre él y las dos estrellas de la última década larga del tenis. Brecha algo injusta, porque Laver se perdió 26 torneos de Grand Slam en los '60, sancionado al optar por el profesionalismo, pero también porque el australiano no tuvo las mismas armas que los ídolos de hoy.

¿Qué rendimiento habrían alcanzado Laver y sus colegas de entonces con la tecnología actual? Tecnología en el sentido más amplio: zapatillas, vestimenta, raquetas, medicina, preparación física, conocimiento del cuerpo humano y sus reacciones... La lista es interminable, y lleva a la pregunta inversa: ¿Serían tan extraterrestres en lo suyo Federer y Nadal usando raquetas de madera y bebiendo cervezas entre partido y partido como en los '60? El español cree que sí: "Uno es bueno porque es bueno, no importa lo que use".

Bueno, también, porque trabaja para serlo hasta en el más mínimo de los detalles. Es el caso del propio Nadal, más delgado y estilizado que nunca gracias a -entre otras cosas- su renuncia a las pastas, uno de sus platos predilectos. Ahora predomina el pescado a la plancha. Nada es suficiente si se trata de sacudirse el estigma de las lesiones.

Y hay otra razón no menor para el creciente éxito de los veteranos en el deporte: cada vez es más el dinero que se reparte, sobra para financiar un equipo con entrenador, preparador físico, fisioterapeuta e incluso psicólogo, necesario para afrontar problemas como la saturación y el qué-estoy-haciendo-de-mi-vida que golpean a Novak Djokovic. "Justo cuando amenazaba con pasar a Nadal y Federer en la batalla por ser el mejor de la historia, todo comenzó a funcionar espantosamente mal", resumió días atrás The New York Times.

No es el caso de Federer, lejos del mundo new age en el que se enredó el serbio: "No sé cuánto tiempo más podrá durar esto, no tengo ni idea. Pero si mantengo la salud, quizás algunas cosas que no imaginaba posibles sí lo sean".

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