Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

George A. Romero: la última función del padrino de los zombis

Martes 18 de julio de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0
Romero, en 2009, con fans de sus zombis
Romero, en 2009, con fans de sus zombis. Foto: AP / Darren Calabrese

George A. Romero, que murió a los 77 años a causa de un fulminante cáncer de pulmón, fue uno de los más importantes e influyentes directores del género de terror. Decir que su sello fue el cine clase B con historias de zombis y que con pocos recursos consiguió excelentes resultados comerciales -todo lo cual es cierto- significa minimizar sus méritos como brillante narrador y los alcances de sus películas, que no sólo fueron acumulaciones de vísceras, cuerpos desmembrados y baños de sangre, sino que entregaron también miradas desoladoras y revulsivas sobre la sociedad norteamericana con una acidez política que muy pocos colegas -quizás John Carpenter- consiguieron.

Nacido en el Bronx, Romero fue amado por varias generaciones de cinéfilos y muchos artistas que hoy son referentes en Hollywood (Stephen King, Guillermo del Toro, Fede Alvarez, James Gunn y Eli Roth, entre otros) lamentaron mucho su muerte en las redes sociales y lo consideraron un maestro, un referente, un ícono insoslayable.

Este director independiente en más de un sentido -casi siempre trabajó de manera artesanal y nunca se llevó bien con los principales estudios- debutó a lo grande en 1968 con la fundacional La noche de los muertos vivos (Night of the Living Dead), rodada con poco más de 100.000 dólares y cuyos ingresos en su época superaron los 30 millones de dólares, para luego convertirse en clásico de culto e inicio de una larga franquicia que incluyó cinco títulos más: la también muy exitosa El amanecer de los muertos (1978), que costó 650.000 dólares y recaudó 55 millones; El día de los muertos (1985); Tierra de los muertos (2005), que fue el último suceso de su carrera; El diario de los muertos (2007), y un fracaso mayúsculo en lo comercial como La reencarnación de los muertos (2009), que significó además su temprana despedida de los sets de filmación.

Contra todos los pronósticos, el boom de los zombis (subgénero del que fue una suerte de padrino) tanto en el cine como en la televisión no ayudó a reposicionarlo, sino todo lo contrario: "Por Guerra Mundial Z, Exterminio y The Walking Dead no puedo hacer una película de zombis pequeña y modesta, que esté destinada a ser una crítica sociopolítica; en el momento en que mencionás la palabra zombi te hablan de Brad Pitt o de que hay que filmar películas sólo con muertos vivos sembrando el caos, y eso no es lo que yo hago", explicó el desilusionado cineasta a IndieWire.

De todas maneras, su aporte al cine no se limitó a esa saga de seis títulos. En la década del 70 realizó The Crazies (1973) y Martin, el amante del terror (1978); en los 80 rodó la emblemática Knightriders (1981), otro suceso como Creepshow: El festín del terror (1982) y la brillante Monerías diabólicas (1988); mientras que en los 90 fue el turno de La mitad siniestra, transposición de la novela de su gran amigo y colaborador Stephen King, con Timothy Hutton, Amy Madigan y Michael Rooker.

En la actualidad -ya bastante alejado de los primeros planos- se encontraba produciendo Road of the Dead, una película en la línea de Mad Max. Sus mejores épocas habían quedado bastante atrás, pero su cine pletórico de ingenio, creatividad, múltiples recursos e imponente fuerza alegórica permanecerá por siempre en el recuerdo de los amantes del cine de género.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas