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Uno de los accesos a la Universidad de San Martín se convirtió en un camino peligroso

Es un pasillo de 400 metros que une la entrada al campus con la estación de tren; la violación de una alumna, el mes pasado, fue el hecho más grave; el municipio sumó cámaras y la policía, patrullajes

Martes 18 de julio de 2017
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La escasa iluminación, empeorada por las ramas, hace del pasillo una boca de lobo
La escasa iluminación, empeorada por las ramas, hace del pasillo una boca de lobo. Foto: Agustín Marcarian

El lunes 26 de junio a las 9 un hombre atacó y violó a una estudiante de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). La víctima caminaba por un sendero peatonal de 400 metros que conecta la estación San Martín del tren Mitre con las aulas de la facultad situada en Villa Lynch.

Estudiantes consultados por LA NACION afirman que aquel no fue el primer ataque en la zona. "Todas las sentimos miedo de sufrir alguna agresión sexual. Es una zona complicada, no están garantizadas las medidas básicas para poder ir en busca de transporte. En marzo de este año, también en las inmediaciones del campus, a una compañera le pegaron con un cinturón", dijo Malena, estudiante de Arte y militante de la organización Pan y Rosas.

En la misma línea se pronunció Luz, que también estudia en la Unsam y milita en la agrupación de mujeres Las Rojas: "No hay respuestas a las demandas de las estudiantes, que exigen poder venir tranquilas a estudiar. Algunos hombres se sientan con derecho de hacer uso de nuestros cuerpos y de decidir por nosotras. Nos atacan por ser mujeres, no podemos sentirnos tranquilas ni en nuestras casas ni en la universidad".

La directora del Programa contra la violencia de género de la Unsam, Vanesa Vázquez Laba, dijo a LA NACION que aquella dramática mañana del 26 de junio la joven violada a metros de la universidad "sintió que su vida estaba en peligro". Detalló que, tras el ataque sexual, la víctima pudo escapar y avisar a la policía.

Vázquez Laba explicó: "Inmediatamente, la universidad activó todas las medidas de seguridad y tomó contacto con la Municipalidad de San Martín. Pedimos un refuerzo de la seguridad en la zona. Se tomaron todas las medidas colectivas institucionales que tienen que ver con preservar a las estudiantes. Y estamos en contacto con la víctima, que está contenida y acompañada".

El sendero peatonal de la discordia tiene una extensión de 400 metros. Conecta la estación San Martín con el acceso a la universidad, en Saavedra y Perdriel. Es una vereda estrecha, cercada con alambres a ambos lados y pavimentada hace poco. Allí las noches son más oscuras y, aunque es un paso peatonal pensado para facilitar el acceso a la universidad, hay grupos de vagabundos que van ahí a dormir y a drogarse. El viento del invierno agita las cintas rojas de "peligro" que puso la policía tras la violación de fines de junio y en el piso, o aún colgados, pueden leerse viejos carteles que alertan: "Por su seguridad, este camino permanecerá cerrado".

Al recorrer el sendero durante el día, es posible advertir las esquirlas de las noches violentas: ropa sucia desperdigada, botellas vacías en cada rincón. Las paredes albergan grafitis viejos y despintados de calaveras, letras de canciones y el escudo de Chacarita Juniors.

Voceros de la Municipalidad de San Martín dijeron a LA NACION que "aumentaron el patrullaje" y "colocaron más cámaras de seguridad" en el lugar. También, que trabajan en el "acondicionamiento de la zona con la construcción de nuevas veredas, la poda de árboles y la colocación de nuevas luminarias". Afirmaron que se contactaron con la chica violada y que "se activó el protocolo de protección de víctimas de violencia de género".

Dos semanas después de ese hecho, la Jefatura Departamental y la Policía Local de San Martín coordinaron un esquema de patrullaje entre las 8 y las 20 (es decir, en el horario central de afluencia de estudiantes a la Unsam), con recorridas por el pasaje a cargo de dos efectivos, según explicaron a LA NACION calificadas fuentes del Ministerio de Seguridad provincial.

Los mismos voceros dijeron que aquel del 26 de junio pasado fue el "primer y único hecho acontecido en esa zona, de las características mencionadas, del que se tiene registro" en lo que va del año.

El pasillo en el que la estudiante fue atacada es sólo uno de los tres caminos que los alumnos pueden recorrer para ingresar a las facultades del campus, limitado por las vías del tren, la avenida 25 de Mayo y la General Paz. Según un informe de la propia universidad, publicado en noviembre de 2016, el 40% de los alumnos termina la cursada y sale de las aulas después de las 21 horas.

El mismo informe señala que los estudiantes califican como "inseguros" y "faltos de iluminación" todos los recorridos que deben realizar a pie tanto para regresar a sus casas como para moverse dentro de la universidad. "Se observan cambios de estrategias en el regreso al hogar respecto de cómo se llega al campus", se señaló. Si bien el 73% de los estudiantes se va de la universidad tal como llegó, el 27% "considera inseguro el regreso en transporte público".

Tras la violación, las compañeras de la estudiante atacada crearon la Comisión Integral de Género, que se encarga de motorizar los reclamos para mejorar las condiciones de seguridad. El jueves pasado esta comisión se reunió con las máximas autoridades de la universidad.

Exigen un abordaje integral para solucionar la problemática de la violencia de género y señalan como iniciativas viables el cambio de recorrido de algunas líneas de colectivo para lograr que se acerquen a la universidad. Reclaman medidas más allá del aumento de efectivos policiales porque consideran que no se trata sólo de una problemática vinculada con la inseguridad.

Sobre este punto, representantes de la Comisión Integral de Género cuestionaron el hecho de que las autoridades universitarias recibieron en noviembre pasado al menos tres propuestas diferentes (incluidas en el informe del relevamiento interno que se citó anteriormente) para mejorar los accesos al campus.

"La universidad admite su preocupación, pero todavía la respuesta no llegó", dijo Luz, estudiante y militante de Pan y Rosas.

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