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Michael Phelps sueña con tiburones

El mayor campeón de natación de la historia cuenta por qué aceptó el desafío televisivo de enfrentar, en una carrera, al depredador más eficiente de los mares. "Todos tenemos una lista de las cosas que queremos hacer antes de morir", asegura

Domingo 23 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Cuando Michael Phelps se sumerge en el agua, adopta la forma de un pez. Las brazadas casi no generan burbujas. Todo fluye de manera elegante, hasta parece fácil: es un cuerpo construido para nadar. Era sólo cuestión de tiempo para que se midiera con su equivalente en el océano. De un lado, el mayor campeón de natación de la historia, con 39 récords mundiales y 23 medallas de oro; del otro, el depredador acuático más eficiente: el gran tiburón blanco, el Carcharodon megalodon. La carrera anunciada como Great Gold vs Great White (el gran oro contra el gran tiburón blanco) es un sueño hecho realidad para el deportista nacido en Baltimore hace 32 años. A Phelps no le gustan los asuntos pendientes. Nadar con tiburones era uno de ellos.

Recostado sobre el fondo del mar de Bahamas, Phelps observó a un grupo de 15 tiburones nadar por encima de su cabeza; un tiburón gato se apoyó en su pierna; un tiburón martillo se acercó hasta llegar a 30 centímetros de distancia de su cara. Y mantuvo la calma. En el mar abierto de Ciudad del Cabo, con dos tiburones nadando en direcciones opuestas y casi rozando sus hombros, Phelps se sintió seguro y en paz. No en vano lo llaman el tiburón de Baltimore. "Esto me voló la cabeza. Es importante que la gente sepa que el objetivo número uno de un tiburón no es matar humanos. Somos nosotros los que nos metemos en su ambiente. Tenés que pensar: si me meto en el mar con un traje negro de neoprene, me parezco a una foca. Si empiezo a hacer ruido, a salpicar, el tiburón va a ser capaz de escucharme, a muchas millas de distancia. Va a acercarse a ver qué hay. Hay que ser inteligentes al meterse en el agua. Es algo que todos pueden aprender", dice del otro lado de la línea telefónica el deportista que confiesa ser uno de los mayores nerds en todo lo relacionado con tiburones.

El atleta no puede estar más agradecido por su experiencia en La semana del tiburón, que comienza hoy, a las 23, por Discovery Channel. "Mucha gente me mira y piensa que estoy loco por nadar con tiburones. Por eso, quiero decir que me sentí muy seguro en el agua. Nunca pensé que iba a sentirme tan tranquilo. Cuando volvía al bote, no podía parar de saltar, con una sonrisa enorme en mi cara", continúa Phelps.

No es extraño que se sienta así. Si para muchos nadar con tiburones es sinónimo de pesadilla, para Phelps es moverse en su elemento (el agua, siempre el agua) junto a su par en el océano. Aún hoy, retirado luego de los Juegos Olímpicos de Río 2016, dice sentirse más relajado cerca o dentro del agua. Sin ese contacto diario con lo húmedo, probablemente le costaría mantenerse cuerdo. Ya a los siete años al inquieto Michael le habían recomendado que hiciera natación para calmar o aliviar un poco su trastorno de déficit de atención, que se traducía en una hiperactividad por la cual no podía sentarse ni dos minutos en la silla. Lo que para muchos chicos podría servir como una saludable recomendación médica, para Phelps se transformó en un estilo de vida.

Para alguien como vos, que ha llevado una vida competitiva dotada de tanta adrenalina, ¿es difícil dejar de buscar esa sensación?

Esto es algo que estaba en mi lista de cuestiones pendientes. Más que adrenalina, lo que sigo buscando es cumplir mis sueños. Para mí, estar en la pileta era intentar ser lo mejor posible y convertirme en el mejor nadador de todos los tiempos. Todos tenemos una lista de las cosas que queremos hacer antes de morir. En este caso, se trataba de nadar con tiburones, pero pueden ser otras cosas. Creo que igual no deberíamos ponernos en peligro al hacerlas. Si hubiera pensado que estaba en peligro, cuando salté al agua para correr la carrera, no lo habría hecho. Hay que calcular el riesgo y tratar de hacer las cosas de la mejor manera posible. Ahora es cuestión de ver el próximo objetivo en mi lista, que también puede ser jugar al golf todo el día. Hay tantas cosas por hacer y hay que maximizar el tiempo.

¿Cómo era tu estado físico el año pasado, en Río de Janeiro, y cómo es ahora?

Creo que estaba en 88/90 kilos el año pasado. Y ahora estoy en 95/ 97, tratando de estar en semiforma. Estar en forma es importante para mí. El ejercicio es parte de mi vida, me mantiene cuerdo. Es necesario. Tengo otras metas que quiero lograr fuera de la pileta, pero me doy ese tiempo para estar en forma y cuidar mi salud. De esta manera puedo ser más productivo.

¿Cuáles son esas otras metas?

Es muy loco. Tengo una lista larguísima y sigo teniendo ideas que me vienen a la cabeza. Cuando empecé mi carrera profesional en 2001, le dije a mi agente que quería cambiar el deporte. Quería cambiar la natación. Y sí, cambiamos muchísimo en estos últimos quince años. Creo que todavía hay muchas cosas para cambiar. Por ejemplo, el tema de la seguridad en el agua. Cada año, perdemos muchos chicos por accidentes en el agua. Es algo que requiere mayor atención. Ahora tengo más tiempo para enfocarme en estos temas y va a ser un desafío. Para mí, fue difícil encontrar algo que me apasionara cuando puse un pie fuera de la pileta y me retiré por primera vez en 2012. Luego tuve mi regreso y, ahora, estoy nuevamente retirado. Creo que algunas de las cosas por las que pasé fueron como lecciones de vida. Hicieron que vuelva a encontrar la pasión en lo que hago. Eso es lo que estoy haciendo ahora. Hago lo que amo y espero poder generar un impacto en la gente alrededor del mundo.

La historia de Phelps se cuenta por sus éxitos: seis oros en Atenas 2004, ocho en Pekín 2008, cuatro en Londres 2012 y cinco en Río 2016. Pero la vida personal del deportista más grande de todos los tiempos conoció la derrota. En el otoño de 2014, Phelps se internó en una clínica de rehabilitación en Arizona para superar un cuadro de adicción a las drogas y al alcohol. Tenía 30 años y una pregunta pendiente: ¿quién soy? "El camino de Phelps para convertirse en el atleta olímpico más condecorado en la historia había sido tan solitario como la inmersión de un buzo en aguas profundas. Los años en los que debió desarrollar su personalidad estuvieron dedicados a desarrollar su talento para nadar", detalló The New York Times en un perfil publicado que incluyó esa época oscura.

En aquel centro de tratamiento comenzó a leer, ya no revistas como siempre hacía, sino libros. El primero fue El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl, un sobreviviente del Holocausto que se convirtió en psiquiatra. Mientras se acercaban las eliminatorias para los Juegos Olímpicos de Río pidió que le consiguieran El poder de la mente subconsciente, de Joseph Murphy, y Vivir la vida con sentido, de Rick Warren. Phelps comenzaba a enfocarse nuevamente; la máquina ya no estaba dañada. Volvía a ponerse en movimiento para su quinta y última vez en los juegos.

"Es un fenómeno de la naturaleza -dijo Doug Mills, el fotógrafo del New York Times que capturó con su lente cada una de las victorias doradas de Phelps-. Es increíble pensar que un sólo individuo pueda ganar 23 medallas de oro cuando el sueño de la mayoría de los que llegan a las Olimpíadas es ganar una."

¿Dónde encontraste la motivación para volver a competir en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, luego de haberte retirado?

Quería volver porque sentía que tenía asuntos pendientes. Siempre dije que cuando me retirara sería en mis términos. No quería tener un: qué hubiera pasado si... Hubiera tenido que vivir toda mi vida con eso. Estoy muy contento con cómo terminé [ganó cinco medallas de oro y una de plata]. Me gustó que mi hijo [el pequeño Boomer Robert Phelps] pudiera ver mis últimas carreras. Es algo que ahora me motiva mucho. Me retiré de la pileta, no del deporte. Va a estar en mi vida para siempre, como el agua siempre lo estará. Sea el océano o una pileta.

¿Qué aprendiste de la experiencia de nadar con tiburones?

Aprendí cómo hay que entrar en el agua, cómo sumergirse y mantener la calma. Creo que puede servir para que mucha gente sepa qué hacer si se cruza con un tiburón en el océano. Es el animal número uno. Pude aprender desde lo básico hasta llegar al punto de encontrarme cara a cara con un tiburón blanco en la jaula. Después nadé con ellos y pude apreciar la velocidad que alcanzan. Ver cómo se mueven en su elemento fue un regalo para mí.

¿Cómo te preparaste para la carrera?

No fue en una pileta porque no se puede meter un tiburón en una pileta, no sería bueno para él. La carrera se filmó en Ciudad del Cabo en mar abierto. Yo estaba complemente seguro. Tuvimos que investigar cuán rápido pueden nadar en línea recta. Pero no quiero decir demasiado. Fue más una preparación mental. Pasamos de una clase donde pude aprender más sobre tiburones a conocer al gran tiburón blanco, del que todos hablan. Obviamente, es muy distinto nadar en mar abierto que hacerlo en una pileta. Tenés que entender el movimiento de las olas y las dimensiones. Después de dos semanas de estar nadando en mar abierto con tiburones, creo que aprendí un par de cosas.

¿Siempre tuviste una fascinación por los tiburones?

Cuando me ofrecieron esta oportunidad de meterme en el agua con un tiburón blanco, levanté la mano enseguida. Me fascina pensar que el globo está cubierto en más de un 70 por ciento de agua y realmente no sabemos todo lo que pasa ahí abajo. Mi amor a los tiburones existe desde siempre. Espero que esto sea sólo el comienzo de mi experiencia. Ver a un tiburón blanco en su elemento fue una vista magnífica. Este animal se mueve tan atléticamente en el agua... Toda mi vida fue en el agua. El agua es un elemento importante en mi vida.

Después de ver de cerca a un tiburón blanco, ¿cuál sería el atributo que te gustaría compartir con él?

Podría decir que los dos nos movemos rápidamente en el agua. ¿Algo que me gustaría compartir? Es interesante cuando ves cómo nadan y maniobran, muchas veces en agua turbia, sin ser capaces de ver. Son muy grandes, pueden llegar a pesar más de 2000 kilos y a medir más de seis metros de largo, y a pesar de eso pueden girar a una velocidad increíble, en el tiempo que te lleva chasquear los dedos. Es bastante obvio por qué son los números uno en la cadena alimenticia. Van en todas las direcciones posibles a una velocidad increíble, alcanzan los 40 kilómetros por hora. Son explosivos en el agua. Me gustaría compartir esa habilidad. Yo nado en línea recta. Es todo lo que hago. Si hubiera tenido algo de eso en mis comienzos, que no fueron muy buenos, hubiera sido increíble.

¿Qué tipo de competencia esperabas?

Obviamente estos chicos están en su casa; tienen la posibilidad de nadar en el océano todos los días en profundidades a las que muchos nunca llegaremos. Si los pusieras en una pileta, sería diferente. Creo que no esperaba tanto ganar la carrera, sino más que nada observarlos en su ambiente y ver la velocidad que alcanzan. Me gustaría que la gente después de ver el programa pueda entender a los tiburones, lo que hacen y por qué. Básicamente, nadaría con cualquier tiburón del mundo. Algunos pensarán que estoy loco, pero para mí esta oportunidad fue buenísima.

¿Dirías que fue uno de los retos más desafiantes de tu vida?

Obviamente fue muy desafiante. Fue hacer algo de forma distinta. Hay muchas variables en mar abierto. Especialmente por las olas, las corrientes, la visibilidad. Es muy distinto a competir en una pileta. Lo más difícil fue prepararme para nadar en agua tan fría, a 12 grados. No me gusta el agua fría. Además, me diseñaron especialmente una aleta para que pudiera patear y moverme en el agua casi como un tiburón. Así que fue un desafío y lo volvería a hacer. Fue como una carrera preliminar. Espero poder tener una final en el corto plazo.

¿Cuán importante es para vos transmitir el mensaje de que los tiburones no son malignos y que hay que preservarlos?

Estuve en Bahamas y, una semana antes de que llegáramos, cazaron y mataron a varios tiburones toro. Dejaron sus esqueletos en el muelle. Se trata de una zona a la que generalmente iban a alimentarse de los peces que quedaban. Era parte de su estilo de vida. Después de que pasara esto, dejaron de aparecer por ahí. Son muy inteligentes en todo lo que hacen. Hay gente que encuentra gracioso hacer algo así. Me rompe el corazón. Cuanto más lo hagan, menos podremos observarlos y estudiarlos.

¿Cómo te impactó de chico la película Tiburón?

Es gracioso, antes de viajar a Sudáfrica estaban dando la película por televisión y mi mujer me aconsejó que cambiara de canal. Teníamos la idea de que esa película estaba inspirada en la historia de un tiburón blanco cuando, en realidad, se trataba de los ataques de un tiburón toro. Fue interesante aprender eso y escuchar las historias de por qué se filmó con un tiburón blanco. De chico, la película no me dio pesadillas. Desde siempre tuve una fascinación por el agua. El agua me da paz.

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