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Meditación: la ciencia se acerca a las milenarias técnicas del budismo

Un número creciente de estudios intenta verificar los beneficios de esta herramienta y otros tratamientos que se nutren de las normas de esta filosofía oriental; advierten que es difícil medirlos

Miércoles 19 de julio de 2017
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LA NACION
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Mathieu Ricard, hijo del filósofo Jean-François Revel, tuvo una educación formal. Tras obtener un doctorado en biología molecular nada menos que en el Instituto Pasteur, de París, abandonó su carrera científica para concentrarse en el budismo. Hoy, Ricard, que vivió en un monasterio tibetano, se considera monje budista y neurobiólogo, y está dedicado a explorar cómo la meditación modifica los circuitos neuronales. No es el único. Universidades de países centrales están desarrollando programas de investigación, principalmente sobre sus aplicaciones psicoterapéuticas.

En un experimento muy publicitado, el propio Ricard se sometió a una resonancia magnética en la Universidad de Wisconsin para medir la actividad de su corteza prefrontal izquierda (asociada con las emociones positivas). Las imágenes reflejaron los niveles de actividad más altos que se hubieran registrado.

Ese estudio se convirtió en una de las referencias científicas más consultadas. Sin embargo hay quienes advierten que no hay que alentar un excesivo entusiasmo sobre estas excursiones que se internan en un terreno naturalmente resbaladizo.

Foto: LA NACION

"El problema número uno es que a veces se tiende a confundir la ideología de esta filosofía oriental con el hecho científico y entonces empieza a haber más ideología que ciencia", subraya Pablo Richly, director del Centro de Salud Cerebral.

Otros, como Fernando Pitossi, investigador del Conicet en el Instituto Leloir y especialista en células madre, que desde hace dos décadas practica la meditación, consideran que los beneficios de ciertas técnicas del budismo no dejan lugar a dudas. "Existe un resurgimiento claro y contundente del diálogo entre la ciencia y las prácticas contemplativas milenarias, como la meditación -afirma-. Se encuentra en un momento de gran vitalidad. Tienen mucho que ofrecer para la salud, la calidad de vida y el entendimiento de esto que llamamos realidad."

Según el científico, se trata de una interacción con beneficios para ambas disciplinas, siempre que se venza el prurito científico de entrar en un campo de investigación donde "parecería que no hay nada medible, aunque más de 4000 publicaciones científicas en revistas internacionales refutan este argumento", subraya.

Los primeros trabajos con "formato científico" sobre los efectos de la meditación que se encuentran en PubMed datan de la posguerra y estudian los efectos de la meditación sobre el sistema nervioso, explica. "Pero casi la mitad [2094 sobre un total de 4449] se publicaron en estos últimos cinco años -destaca-. Sin duda, la evidencia indica que en la actualidad éste es un tema de alto interés científico."

Entre los que le abrieron la puerta a la mirada budista está el licenciado Martín Reynoso, que tomó cursos en el Center For Mindfulness de Boston y en Nueva York, y hoy dirige el programa de esta técnica en el Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), por el que ya pasaron cientos de personas.

"El mindfulness [algo así como «atención plena o mente plena»] es conocido desde hace más de 2500 años, cuando esta práctica de meditación la enseñaba el Buda -explica Reynoso-. Claro que en ese contexto tenía ciertas connotaciones que no tiene en la actualidad. En 1979, el doctor Jon Kabat Zinn, también biólogo molecular, pero de la Universidad de Massachusetts, decidió aplicarlo a personas que veía en su hospital. Empezó a constatar que, en pacientes con dolencias crónicas, podía disminuir el agobio cotidiano que produce la enfermedad."

Según Reynoso, los cambios no se producían en el cuadro clínico (aunque algunos estudios en psoriasis sugerían que los que practicaban mindfulness mientras recibían fototerapia tenían una mejor recuperación), sino que mejoraba la calidad de vida, "que no es poca cosa".

A prueba

El protocolo conocido como mindfulness based stress reduction (MBSR) consiste en ocho encuentros, que luego la persona tiene que complementar con prácticas diarias en su casa. "Cada sesión tiene un tema -detalla Reynoso-. Realizamos ejercicios de relajación, de concentración, de yoga consciente y de meditación formal, que es la que nosotros conocemos como «meditación sentada». Se busca, primero, lograr cierto estado de concentración, que la mente no esté continuamente pensando. Y en un segundo momento, la atención plena, que es la apertura a todos los fenómenos que nos rodean. Tanto externos (sonidos, olores) como internos (sensaciones del cuerpo y pensamientos). Normalmente lo que la persona no reconoce es que constantemente está reaccionando frente a estos fenómenos con fastidio, molestia, incomodidad, incertidumbre... Cuando comienza a ser consciente, va ganando mayor control en su vida."

Aunque observa empíricamente sus beneficios, Reynoso y el equipo de investigación de Ineco están intentando "despejar la paja del trigo"; es decir, están aplicando el método científico al estudio del mindfulness. Algunos trabajos arrojaron resultados negativos.

"Por ejemplo, quisimos ver si los que practican tienen una mayor capacidad de sentir su cuerpo, en particular, su corazón [una facultad que en las neurociencias se conoce como «interocepción»] -cuenta-. Pero no nos dio una diferencia significativa. Ahora estamos haciendo dos investigaciones. En una queremos establecer qué cambios se producen en el estrés, la ansiedad, el modo de afrontamiento de los problemas sesión por sesión. En otra, con un grupo de la Universidad Favaloro, estamos explorando qué modificaciones produce esta práctica en los profesionales de la salud."

Para Richly, están bastante claros ciertos beneficios en el manejo del estrés y del dolor crónico. "Sirve -subraya-; yo, de hecho, lo sugiero para algunos cuadros; el problema son las extrapolaciones. Cuando se usa la etiqueta «budista» para cualquier cosa y se le adjudican beneficios que no son tales. Se sabe que el gran efecto de la psicoterapia tiene que ver con factores inespecíficos, como el vínculo entre el terapeuta y el paciente. Entonces es difícil de demostrar qué es mejor. Y, por otro lado, comparado con qué: ¿con el psicoanálisis, con la terapia cognitivo conductual...? Los diseños de investigación en psicoterapia son muy complejos y por eso esta disciplina está inmersa en una gran crisis de replicabilidad. Que a mucha gente le funcione algo no quiere decir que algo funciona. Sobre el mindfulness hay evidencias, el resto es terreno de discusión", concluye.

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