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Corifeo

Sergio Suppo

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LA NACION
Jueves 20 de julio de 2017
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Los viejos maestros del derecho penal suelen repetir un consejo a sus discípulos: "Si el cliente tiene mucho que ocultar, es mejor que no declare o terminará incriminándose".

Julio De Vido es arquitecto. Y como tal demostró ser un gran dibujante de contratos y un mejor diseñador de maniobras. Pero con las palabras no parece llevarse bien. A punto de ser expulsado de la Cámara de Diputados, el texto que envió a la comisión que prepara su separación habla más de sus pecados que de su inocencia.

Escribió que la persecución en su contra es "sistemática, injusta y organizada". Imposible una mejor descripción de su gestión. El texto tiene un cálido recuerdo para los jueces federales, a quienes defiende de las presiones de Macri. Más de una vez se enorgulleció de conocerlos íntimamente, más cerca del chantaje que de la amistad. También se sacó culpas, descargándolas en "comportamientos disfuncionales de otros funcionarios". Esos muchachos (López, Jaime y otros) eran sus muchachos.

Inesperado clasicista, describió al ministro de Justicia como un "corifeo" del Presidente. La palabra lo designa mejor a él, representante de Néstor y Cristina en toda operación de desvíos gigantescos, rutas secretas y paraísos inhallables.

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