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Turismo carretera: los ochenta años que se pasaron corriendo

Desde 1901 hubo competiciones automovilísticas en el país, pero recién en 1937, cuando se realizó el Gran Premio Argentino, comenzó la dinastía del Turismo Carretera por las rutas argentinas; ¿participaron mujeres?

Miércoles 19 de julio de 2017 • 21:03
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José Lecoent y Esperanza Collado en una carrera de 1936. Al años siguiente, seían uno de los matrimonios que corrieron la primera prueba de TC.
José Lecoent y Esperanza Collado en una carrera de 1936. Al años siguiente, seían uno de los matrimonios que corrieron la primera prueba de TC.. Foto: Archivo / Fototeca del Archivo de la Nación.

El Libro Guinness de los Récords afirma que el Turismo Carretera (TC) argentino es la categoría automovilística en actividad más antigua del mundo. La Asociación Corredores Turismo Carretera, entidad fiscalizadora y rectora, agrega que es la más popular del país y que se inició el jueves 5 de agosto de 1937, cuando el presidente de la Nación Agustín P. Justo dio la orden de largada, en Blandengues (actual Av. del Libertador) y Monroe, Buenos Aires, al primer auto del primer Gran Premio Argentino.

No era la primera carrera (todo empezó en 1901 en el Hipódromo de Palermo), ni la primera por rutas, ya que el Automóvil Club Argentino las organizaba desde 1910. Sin embargo, resultó la más larga hasta ese momento (casi siete mil kilómetros) y la primera que contó con un reglamento que tendía a la unificación de los autos: debían ser tipo turismo (no baqué, ni gran sport). Aclaremos que uno solo, el Hillman de Andrés Fernández, fue totalmente abierto, mientras que siete eran convertibles. El resto de los automóviles tenía techo y eso evitó que en esta competición hubiera accidentes fatales, como solía ocurrir antes.

En la prueba participaron 69 corredores (tres se anotaron, pero no largaron). Un debutante estaba llamado a ser una de las grandes figuras del TC en los próximos años. Nos referimos a Oscar Gálvez, quien arrasó la primera parte pasando por Rosario, Córdoba, Santa Fe y Paraná, pero luego rompió el Ford en un badén cerca de La Paz (Entre Ríos). La carrera siguió por Resistencia, Santiago del Estero, Tucumán (solo quedaban veinticuatro autos al largar de esta ciudad), La Rioja, Mendoza, Santa Rosa y Bahía Blanca.

¿Fue la lluvia el gran trastorno para los pilotos que andaban miles de kilómetros por caminos de tierra? No, al contrario. Lo que los complicó fue su ausencia, ya que se generaban peligrosas polvaredas. En muchos casos era difícil saber por dónde seguía el camino. Luciano Murro y su copiloto Enrique Costa dieron el tono más dramático al respecto: se perdieron y solo ¡diez días después! fueron encontrados por el Director Nacional de Vialidad, ingeniero Allende Posse, en Santiago del Estero. Sin comida ni agua, no les quedaba mucho tiempo de vida.

Este primer eslabón de una larga cadena de carreras que se extiende hasta nuestros días fue ganado por un joven cerealista de Arrecifes, Ángel Lo Valvo, quien tuvo como copiloto a su futuro cuñado, Antonio Spampinato. Lo Valvo se coronó campeón de la temporada dos años después. Una de sus sobrinas se casó con Rubén Luis Di Palma, otro de los astros del automovilismo argentino entre 1970 y 2000.

José Lecoent condujo el coche 26. Pero su acompañante acaparó todas las miradas. ¿Quién era? Esperanza Collado. Se habían conocido en 1929, se casaron y continuaron corriendo durante las décadas del treinta y cuarenta. Esperanza no fue la única dama, pues a Fermín Alegre (auto 13) corrió con su esposa, Marta Celasco. Otra curiosidad: el auto de José S. Lana, de General Acha (La Pampa), era el único que tenía radio.

Los autos y los circuitos han ido cambiando en ocho décadas. Sin embargo, se mantiene inalterable la pasión por los "fierros", esa misma que motivó a casi setenta intrépidos a largarse en busca de una corona de laureles, y una buena suma de pesos, en agosto de 1937.

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