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Cirilo Gil, el adiós a un boxeador irrepetible

Osvaldo Príncipi

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PARA LA NACION
Viernes 21 de julio de 2017
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El mendocino Cirilo Gil, inolvidable campeón argentino y sudamericano de peso welter e ícono del boxeo sabatino de aquel incomparable Luna Park de la década del 50, representó al esgrimista egresado de la clásica escuela pugilística mendocina, en donde el arte devoraba a la fuerza, la estrategia y el cerebro postergaban al músculo, y la victoria elaborada constituía el objetivo final.

Dueño de una sonrisa imantada y una pinta sin igual para esos tiempos, desde 1952 a 1959, período de gestación de una carrera fantástica con 66 victorias, 4 derrotas y un empate. Sus tapas en las revistas en "El Gráfico" y "Mundo Deportivo" no tenían competencia y permitieron siempre el lucimiento de Félix Daniel Fráscara, con sus títulos antológicos. Uno ellos, describiendo su postura e imagen de campeón, decía: "¿ Perdón, el Señor es boxeador?".

Ganó y perdió en peleas de campeonato con el gran panameño-argentino Luis Federico Thompson, le dio vida a duelos internos con Adalberto Ochoa, Oscar Pita, Alfonso Moreno y José María Valdes, entre tantos.

Sus clásicos inmortales fueron cuatro choques con el pampeano Martiniano Pereyra, por el título argentino. Representaban el desafío entre su técnica y la fortaleza destructiva de Martiniano, un pegador que había enamorado a Buenos Aires con su coraje a Buenos Aires.

No pudo pasar las pruebas internacionales que le opusieron los cubanos Kid Gavilán e Isaac Logart, quienes lo quebraron el Luna Park. Tampoco pudo llegar al Madison Square Garden de Nueva York, a participar en las reuniones de la Cabalgata Deportiva Gillette. Soñó con pelear frente a Jhonny Saxton, Tony Demarco, Joe Miceli o Gaspar Ortega, pero no concretó ese anhelo.

Pasó por un sinfín de experiencias; formó parte de la delegación argentina que compitió en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, aunque no peleó ; sobrevivió en el accidente automovilístico en el que murió Ismael Pace, fundador del Luna Park, en 1956, y se constituyó en la primera gran obra pugilística de Francisco " Paco" Bermúdez, uno de los entrenadores más prestigiosos de todos los tiempos.

Fue el espejo de Nicolino Locche, quién agregó sus cualidades naturales al estilo artístico que Cirilo mostró por los principales escenarios del país.

Formó una familia fiel, simple y ejemplar en Salta, su provincia adoptiva, donde estaba radicado desde hacía cuatro décadas y falleció anteayer, a días de cumplir 86 años, a causa de una complicación pulmonar. Allí, junto a su compadre, Farid Salim, ex campeón nacional mediano, pasó sus últimos años.

Se dedicó a la enseñanza, consagró a tres campeones argentinos, como Rubén Condorí, Luis Pastor Álvarez y Alfredo Lucero. Pero no sentía el rol de entrenador y se retiró a cuarteles de invierno. El boxeo actual no le interesaba. Ni siquiera lo conmovía un Floyd Mayweater.

Fue un héroe de aquellos " Sucesos Argentinos", que antecedían todos los espectáculos de Buenos Aires, de hace más de 60 años. Era la lámina favorita del "KO Mundial". Cirilo Gil representaba mucho más que un campeón admirado por la masa. Era también amo y señor.ß

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