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Las canchas estilo link, donde más se siente el clima fluctuante

Viernes 21 de julio de 2017
LA NACION
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Ninguno de los 156 jugadores que entraron ayer en el campo del Royal Birkdale, en el noroeste de Gran Bretaña, puede llamarse a engaño. Todos saben que la paradisíaca tarde de ayer en Southport fue una excepción en esta región y en cada British Open. Que la mañana fría y nublada, casi invernal, se acercó a lo más común en una cancha link de las islas. Un tipo de escenario que se estira como una ínsula apretada entre la costa y la roca o lo más agreste que pueda ofrecer la naturaleza y suele estar a merced del viento y la lluvia para The Open, que por suerte no se juega en enero.

Parece que hoy será un viernes como el del año pasado en Royal Troon, Escocia, donde a una jornada resplandeciente le siguió una tempestad. Sólo un paraguas inglés, reforzado con ese panal de abejas que sostiene la tela, aguantaba lo peor del chubasco. El sol se vio poco aquel sábado del torneo ilustre y el domingo el techo de nubes fue compacto. Henrik Stenson, el campeón, y Phil Mickelson, que obtuvo el título en 2013 en Aberdeen, Escocia, se despreocuparon de tales crudezas y jugaron como en trance esa inolvidable definición.

El norteamericano Mark O’Meara había ganado el Masters en 1998, y tres meses después llegó a Royal Birkdale y se llevó The Open. Ayer, el gran amigo de Tiger Woods terminó 156º, último (81 golpes, +11), luego de salir primero de todos, a las 6.35. El hoyo 1 le demandó 8 golpes, un cuádruple bogey, tras el peor drive que haya abierto el torneo en la historia (salió de límites), bajo una llovizna y con un viento de 32 km/h.

“Mí día se quemó como una tostada, y la mayoría de la gente aún no había desayunado”, jugó con las palabras para reflejar el momento el jugador de 60 años. Tal vez el campeonato entero está en el horno para él.

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