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Fallas: el ingreso básico universal en Finlandia, por ahora sólo un golpe de efecto

Por errores de diseño, la fase inicial del experimento social no dio los resultados esperados; los desocupados, los únicos beneficiados

Domingo 23 de julio de 2017
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The New York Times
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HELSINKI.- En los últimos tiempos, la idea del ingreso básico universal suscitó mucho interés, desde el ex candidato presidencial norteamericano Bernie Sanders, quien dice que "apoya absolutamente" la medida, hasta Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, y otros megamillonarios de la industria tecnológica.

El ingreso básico universal se basa en la idea de que al entregarles un salario sin condiciones a todos los ciudadanos, empleados o no, se ayuda a reducir la pobreza y la desigualdad, y a potenciar la libertad individual.

Sin embargo, se trata de una discusión mayormente teórica, ya que el ingreso básico universal no ha sido estrictamente probado. La mayoría de los experimentos en ese sentido -Estados Unidos en los 70, o la ciudad holandesa de Utrecht en la actualidad- han sido muy locales y sobre muestras poblacionales muy reducidas. Existe una ONG que lleva adelante un programa de mayor envergadura en Kenya, pero los resultados de ese intento, destinado a disminuir la pobreza en un país pobre, tienen poca relevancia para las economías desarrolladas y carecen del rigor necesario para sacar conclusiones sobre lo que ocurriría con un programa estatal a nivel nacional.

Por eso es que a principios de este año todos los ojos se enfocaron en Finlandia, cuando el gobierno lanzó una prueba de ingreso básico universal a nivel nacional. Como es un país rico de la Unión Europea (UE), con uno de los índices de gasto social más altos del mundo, parecía el terreno ideal para un experimento de última generación en materia de Estado de bienestar.

Pero lo cierto es que el programa finlandés fue pobremente diseñado y es poco más que un golpe de efecto publicitario. Kela, el instituto nacional de seguridad social, escogió al azar a 2000 finlandeses de entre 25 y 58 años que de una manera u otra ya recibían algún tipo de seguro de desempleo. El ingreso se les ofreció a personas que estaban desempleadas desde hacía más de un año, o que tenían menos de seis meses de experiencia laboral.

Los participantes de la prueba recibirían unos 650 dólares mensuales desde enero de 2017 hasta diciembre de 2018, consiguiesen ingresos adicionales o no durante ese período.

El alcance de la prueba fue recortado a una quinta parte de lo originalmente propuesto, y la cantidad de beneficiarios es demasiado chica como para que la muestra sea científicamente válida. En vez de darle dinero gratis a todo el mundo, el experimento está entregando, en los hechos, una forma de seguro de desempleo sin condiciones. En otras palabras, se trata de una versión nada "universal" del ingreso básico.

Discusión

Las falencias del experimento en Finlandia se entienden mejor contra el telón de fondo del deslucido rendimiento económico reciente del país y de la evolución política resultante. La discusión comenzó en los 80, cuando los progresistas finlandeses se empezaron a preguntar si el ingreso básico universal no era la forma de combatir la pobreza y la desigualdad producidas por el derrumbe del empleo en la industria. La teoría era que recibir un ingreso garantizado liberaría a todos los ciudadanos y permitiría que grupos como los desempleados, los estudiantes, las amas de casa y los ancianos pudieran hacer una contribución social significativa, como por ejemplo dedicarse a ayudar a los demás o a actividades artísticas.

Pero cuando Finlandia finalmente intentó ponerlo en práctica, en el poder había un gobierno conservador comprometido con un programa de austeridad económica. ¿Cómo lanzar un plan de beneficios de la izquierda en una época de penuria económica?

No lo hicieron. El gobierno dejó en claro que el experimento de ingreso básico universal no apunta a liberar a los pobres o combatir la desigualdad. Por el contrario, el "objetivo primario" de la prueba es "promover el empleo", según explicó el gobierno en el proyecto que envió en 2016 al Parlamento. O sea que la idea de la prueba en curso siempre fue incentivar a la gente a aceptar empleos de bajo salario y baja productividad.

Al mismo tiempo que el gobierno empezó a probar el ingreso básico universal, también endureció los requisitos para acceder al seguro de desempleo, discapacidad y de cuidados infantiles. Pero según un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reemplazar los beneficios sociales existentes por un magro o hasta amarrete ingreso básico universal, como ocurre en Finlandia, podría terminar profundizando la pobreza en vez de aliviarla.

Un artículo de la revista The Economist del mes pasado mencionaba las quejas de Olli Kangas, uno de los artífices del programa finlandés y su actual coordinador, por la falta de interés de la clase política en seguir de cerca la experiencia. Dijo que los políticos eran como chicos, "que cuando se aburren de un juguete, pasan al otro". Está previsto que a principios de 2018 arranque una segunda prueba, de mayor alcance, pero hay señales -como el silencio- de que el gobierno podría echarse atrás. El ingreso básico universal en Finlandia está siendo derribado antes de despegar.

Traducción de Jaime Arrambide

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