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Bolaño, de puño y letra, en esa rara intimidad

La Biblioteca de España adquirió su vasta correspondencia

Lunes 24 de julio de 2017
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Roberto Bolaño
Roberto Bolaño. Foto: Archivo

MADRID.- Augusto Monterroso dejó por escrito los tres destinos que le esperan al latinoamericano que pretende dedicar su vida a leer y de ahí a escribir: destierro, encierro o entierro.

Las cartas que Roberto Bolaño envió a su amigo Bruno Montané -chileno y escritor, como él- entre 1976 y 1997, que acaban de ser adquiridas por la Biblioteca Nacional de España (BNE), sitúan al autor de Estrella distante y Los detectives salvajes en al menos dos esquinas de esa latinoamericanísima trinidad literaria. En ellas aparece el Bolaño desterrado ("para los viejos el exilio es algo insoportable; para los jóvenes es la prolongación natural de la aventura"), pero sobre todo el "ermitaño que permanece recluido" y ha renunciado a la que se supone es la vida de un escritor contemporáneo, llena de presentaciones y cócteles de vanidades para dejarse ver.

Si Bolaño (1953-2003) tenía un vicio además de fumar, era escribir cartas y dormir poco: "Bruno, querido, hermano, son las tres de la madrugada y necesito hablar con alguien (...) y ganas, más bien dicho pierdes, tú".

La amistad entre ambos duró años. Bolaño tenía 22 y Montané 18 cuando, junto a otros poetas decididos a "volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial", fundaron el movimiento infrarrealista en México.

Montané ha entregado a la biblioteca 44 cartas y 18 postales que le envió Bolaño y un ensayo y dos conjuntos de notas manuscritas sobre la poesía de Raúl Zurita.

Bajo un criterio meramente espacio temporal, las cartas podrían dividirse en tres grupos: siete escritas en México, tres en la villa turística francesa de Port-Vendres y 34 en Cataluña. Su importancia no sólo radica en lo que supone hoy el apellido Bolaño, el último escritor de culto masivo de la literatura en castellano.

Lo explica María José Rucio, jefa de Manuscritos e Incunables de la BNE: "Lo que el autor escribe en ese momento de intimidad, la elección del papel, la disposición del texto, el color de la tinta, una anotación marginal presentan al escritor despojado de todo artificio, porque ofrecen la imagen clara y real del hombre en vez de la leyenda". Las cartas, que según Montané se solapan con las enviadas a otros amigos, muestran también la transformación de alguien que nació poeta y murió novelista.

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