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La piscina de los sueños en el Mundial de Natación y un vocablo que la identifica: récord

Se construyó en sólo 17 meses, tras el cambio de sede, y costó ? 144 millones; sus características la hacen rápida y apta para quebrar marcas

Miércoles 26 de julio de 2017
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El Duna Arena, de Budapest, escenario del Mundial, y una sesión de práctica
El Duna Arena, de Budapest, escenario del Mundial, y una sesión de práctica. Foto: Reuters

BUDAPEST.- Cuna de célebres nadadores, esta ciudad no tenía pensado sumergirse al agua en 2017. Sin embargo, a Guadalajara no le cerraban las cuentas. La ciudad mexicana era la encargada de organizar el Mundial de Natación, pero con las finanzas en terapia intensiva le cedió la posta a la capital húngara. Un pasamanos resuelto con celeridad, en apenas un mes. Guadalajara se bajó en febrero de 2015 y en marzo ya estaba asignada la nueva sede.

No era una novata la Federación Internacional de Natación (FINA) en este tipo de soluciones de emergencia: de hecho, en 2013 Barcelona se hizo cargo del Mundial que debía celebrarse en Dubai. El problema, sin embargo, para la antigua capital del imperio austrohúngaro, es que tuvo que construir el predio bautizado como Duna Arena en tiempo récord: 17 meses. No especularon ni vacilaron: levantaron, custodiada por el río Danubio, "la mejor piscina del mundo", según el arquitecto Quim Pujol.

En el barrio Angyalföld, en la antigua ciudad de Pest, el español Pujol, junto a la constructora húngara Market, realizaron el pintoresco edificio. Vestido de azul, con onduladas formas grises en el exterior, el Duna Arena puede alojar a 12.000 espectadores. "Genera un ambiente ideal para que haya récords, por la atmósfera que se crea, por los colores que tiene. La luz es espectacular y el interior es precioso. Tengo la impresión de que a los nadadores les ayuda. Es una piscina adecuada", explica Pujol, sobre las instalaciones, diseñadas por dos jóvenes arquitectos húngaros, que costaron cerca de 144 millones de euros. Según la prensa local, el precio se duplicó respecto de lo que estaba presupuestado.

En cualquier caso, una erogación inferior a los 400 millones de euros que se gastaron los británicos para hacer la de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y a los 500 millones que tienen planeado invertir los japoneses para albergar a los nadadores en Tokio 2020.

Mientras que el arquitecto y los hinchas húngaros se enamoran del edificio, los deportistas elogian la piscina. No es ninguna novedad. La empresa Myrtha-pool fue la encarga de colocar el vaso, es decir la pileta flotante donde se lanzan los nadadores. Es un diseño estándar, calcado para los grandes eventos. En Río 2016, por ejemplo, se utilizó la misma.

"Son muy rápidas", le explica Gustavo Roldán, jefe técnico de Argentina, a la nacion. Con 50 metros de largo por 25 de ancho, la pileta cuenta con 10 carriles y una temperatura ideal para los nadadores: el agua oscila entre los 26 y 27 grados. Y, como pasa en el tenis con los torneos indoor, las piscinas techadas son más rápidas que las descubiertas. "Tienen un sistema rompeolas. El agua no rebota en los laterales, sino que es un borde que se llama finlandés que permite que se genere un desborde y caiga en una canaleta", completa Roldán.

El predio del Duna Arena alberga tres piletas. Una, la principal, se quedará para siempre; las otras dos se desmontarán y buscarán un nuevo destino. Quizá no encuentren otro cobijo como el estadio de Budapest.

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