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Tiene que dilucidar quién y qué es Centurión

Miércoles 26 de julio de 2017 • 21:13
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"El fútbol nunca contuvo ni ayudó a Centurión", es una de las frases que en las últimas horas, de alguna manera, apunta a ir más allá de la noticia en sí misma respecto de su nueva incursión en actos no compatibles con la vida que debe llevar un deportista profesional. Ciertamente, salir de noche en un día libre no es un sacrilegio, aunque esta vez a Centurión le cabía la imagen del "recogimiento". Un gesto después "del gesto" de Boca de ir a buscarlo por última vez.

¿A Centurión le han dado contención y lo han ayudado? Sí. Boca, los Barros Schelotto, sus compañeros. Hasta Genoa, abriéndole otra vez las puertas de Europa, capaz de reeducar jugadores, de devolverlos diferentes una década más tarde, mejor preparados para el día después y con una situación económica aliviada. Pero no aprovechó nada. Y lo peor: ni siquiera se permitió hacer autocrítica. Se victimizó. Se siente estigmatizado. Y hasta traicionado. Un despropósito.

Boca reaccionó tarde, pero se salvó a tiempo. Involuntariamente: el acierto de ayer (la decisión) no eclipsa el desatino previo. Sabía que era una apuesta fuerte y riesgosa, justo en el semestre donde debe consolidarse para apuntar al gran objetivo: la Libertadores 2018. Barros Schelotto tiene que asimilar un impacto de esos que no se absorben así nomás: el de sentirse defraudado y obligado a hocicar después de inmolarse por una causa irreversible.

Centurión nunca vio las manos tendidas. No advirtió, a partir de sus constantes desgarros, que saboteaba su propio tesoro. El entorno íntimo tampoco lo cuida. No supo lo que es Racing. Tampoco lo que es San Pablo. Y ni remotamente llegó a interpretar lo que es Boca. Primero tiene que dilucidar quién y qué es Centurión.

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