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Julián Bedel: "Un aroma es una interpretación, como una pintura"

Creó una línea premium de fragancias veganas, con locales en todo el mundo y fábrica en Milán; diseña ediciones limitadas, con elementos orgánicos que él mismo cultiva

Sábado 29 de julio de 2017
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Bedel, creador de Fueguia 1833, una marca de fragancias veganas
Bedel, creador de Fueguia 1833, una marca de fragancias veganas. Foto: LA NACION / Paula Salischiker

Paredes de terciopelo y, en primer plano con una iluminación casi teatral, más de 80 frascos apoyados sobre cajas de madera y cubiertos por una pipeta de vidrio como de laboratorio que, al levantarla revela el aroma que encierra. Ahí comienza la experiencia Fueguia 1833, un laboratorio de aromas creado en 2011 por Julián Bedel, que ya dio la vuelta al mundo con locales en Japón, Rusia, Estados Unidos, Italia, Londres, Suiza y Canadá. Radicado en Milán, donde funciona la fábrica, Julián viene de una familia de artistas -su padre es Jacques Bedel-, se dedicó a la pintura, a la escultura y a la música antes de quedar atrapado por el mundo de los perfumes. Intuitivo y curioso, este autodidacta se largó a estudiar química por su cuenta para ser también la nariz de Fueguia 1833. Con papel y lápiz, en su oficina idea fórmulas químicas que después traslada a los tubos de laboratorios. Sus creaciones son ediciones limitadas que no superan las 400 unidades en todo el mundo. Las eligen desde Michelle Obama hasta los Rolling Stones o Gwyneth Paltrow.

-¿Cómo empezaste?

-El trabajo de atelier es lo que siempre aprendí por papá. Con papá siempre hubo conversaciones sobre física o química. Mi maestro de arte era Víctor Grippo, que era químico. Además, en mi infancia tuve mucha vida en el campo y ahí estaba la curiosidad por la biodiversidad que tenemos en Argentina. Toda mi vida me interesé por los árboles y plantas.

-¿De ahí a fabricar perfumes?

-Un día mi viejo me regaló un libro de un físico que desarrolló una teoría de percepción de olores. Hay una participación casi absoluta del cerebro en el momento en que estamos estimulados por moléculas volátiles. Y accedí a este universo, empecé a pensar que nosotros tenemos una biodiversidad increíble, con tantos ingredientes.

-¿Tenías una sensibilidad especial para las fragancias?

-No, ¡yo no usaba perfumes! Se me despertó la curiosidad ¿Por qué no crear olores que yo creo que puedo extraer de estas plantas con las que estuve toda mi vida familiarizado, combinándolas? Al mismo tiempo era hacer algo, un aroma, que es una interpretación mía, igual que una pintura.

-¿Y sin conocimientos sobre perfumería?

-Me puse en contacto con un laboratorio en Grasse para ver qué proponían. Les di un par de consignas que después se transformaron en perfumes hechos por mí, no por el laboratorio. Cuando recibí la muestra era una porquería, no tenía nada que ver con mi idea. Inmediatamente lo descarté.

-Estabas en Grasse.

-En los laboratorios no hay nada malo. Los mejores perfumistas y los mejores laboratorios del mundo desarrollan muchos perfumes funcionales para polvo de lavar, desodorantes. Y para fragancias finas hay matices, pero ellos trabajan con una paleta muy acotada. El trabajo que hace un perfumista es alucinante con lo poco que tiene. Mi trabajo es una papa porque son los mejores ingredientes del planeta, la expresión pura de la planta. Es un acorde muy simple que tiene cientos de ingredientes. Apelo a la complejidad para engañar al cerebro de alguna manera.

-¿Querés engañar al cerebro o ser novedoso?

-En realidad no es engañar al cerebro. Si yo te doy una rosa que huele como rosa es como darte un aceite esencial. Mi propuesta artística y de producto pasa por poner la rosa, usar otras plantas, distintas variedades de rosas y agregar ingredientes que le dan un aspecto exponencial. Lo olés y no sabés si es una rosa, accedés a una dimensión más profunda que la rosa.

-¿Estudiaste química?

-Sí, la química que afecta a mi profesión. Estudié con libros, yo solo. Además me hice miembro de asociaciones de ingredientes, donde una vez por año te juntás con productores de materia prima de todo el mundo. Yo no uso nada sintético de origen del petróleo. Mis ingredientes son de origen natural, biodegradables y veganos.

-¿En Uruguay cultivás materias primas?

-Sí, con Fueguia Botany estamos produciendo 1230 especies que son ingredientes sólo para Fueguia. Muchos nunca antes fueron usados en perfumería, como la marcela, la cardilla, el algarrobo, el espinillo. Además usamos esencias que crecen en todo el mundo.

-¿Por qué se llama Fueguia?

-Fueguia es la historia de una aborigen de Tierra del Fuego que se encontró con Fitz Roy en su primer viaje. Fitz Roy se la lleva a Londres y en su segundo viaje vuelve con Darwin. Es un homenaje a Fueguia, a los nativos nuestros y a este encuentro. Fue la parte positiva del imperialismo: los botánicos que descubrían nuestra diversidad.

-La marca remite a la Patagonia, ¿es un lugar que atrae?

-Somos una marca artesanal argentina de lujo global. Todo lo fabricamos nosotros. Originaria de la Argentina, basada en la Patagonia con muchísimos ingredientes de ahí y con una inspiración en cada uno de nuestros perfumes que es 100% argentina. Nos inspiramos en literatura, en música, en personajes, en destinos. Hay más de 80 ingredientes autóctonos.

-¿Es más caro producir con ingredientes naturales que sintéticos?

-Infinitamente más caro. Nosotros hoy tenemos problemas de abastecimiento por políticas y por cambio climático. Si llueve mucho en Bulgaria la cosecha de rosa se afecta y pierde intensidad el aceite. Ahora hay un problema con la vainilla por inconvenientes climáticos y políticos en Madagascar, y esto llevó el precio de la vainilla de 2000 dólares el kilo de absoluto a 13.000. Entonces el perfume que tiene muchísima vainilla pura cambia de precio. Está en cada uno comprarlo. Yo tengo que seguir poniendo la vainilla.

-¿Cuánto podés oler sin que se sature el olfato?

-El problema no es que se satura, sino que el cerebro baja la percepción de una molécula. El cerebro anula los olores a los que estás expuesto, porque necesita tu nariz para identificar peligros u oportunidades.

-¿Eso te permite seguir trabajando?

-Para crear, escribo la fórmula. No compongo oliendo. Primero se crea químicamente; después, trabajo con la cantidad exacta de cada ingrediente, con una receta precisa.

-¿Cómo sabés que resultará determinado olor?

-Es lo mismo que cocinar. Sabés que si agregás nuez moscada a unos espaguetis con parmesano te va a dar un acorde espectacular. Lo sabés porque ya lo hiciste antes en otra receta. Lo probaste. Tenés referencias de comportamientos de ingredientes.

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