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Sampaoli, el inquieto: recibe jugadores, entrena al Sub 20 y va a Europa, pero también tiene tiempo para recitales y teatro

Cómo es el trabajo invisible del inquieto entrenador del seleccionado argentino, cuyos movimientos apuntan a ganarle al tiempo, ante la inminencia del gran choque ante Uruguay

Jueves 27 de julio de 2017
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LA NACION
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Sampaoli, hiperkinético
Sampaoli, hiperkinético. Foto: Rodrigo Néspolo

Los pasos cortitos, el ritmo frenético. Como un león enjaulado, un surco dibuja Jorge Sampaoli de un lado al otro mientras juegan sus equipos. Desde la Liga casildense hasta hoy. Incansable, ese perfil público se mantiene en la intimidad. Hiperkinético, no para. Siempre detrás de un imposible, ganarle al tiempo, pero igualmente presenta batalla. Al menos se conforma con atenazar todos los detalles a su alcance para intentar acorralar al azar. Entonces, dibuja nuevos ejercicios, dirige a los juveniles, genera encuentros personales o telefónicos, viaja. Escucha, discute, interroga. Exige. Siempre.

Viento de cola impulsa a la selección desde hace algunas semanas. La sanción a Lionel Messi quedó en el olvido y en los próximos días una decisión del TAS, como adelantó LA NACION, reconfigurará la tabla de posiciones camino a Rusia 2018 y la Argentina trepará al cuarto puesto. Sólo un peldaño, es cierto, pero el escalón que la depositará en zona mundialista justo antes de jugar en Montevideo.

Sampaoli no cree en distracciones porque odia las excusas. Entonces elige la acción. El 6 de julio comenzó un raid de entrevistas futboleras. Rosario fue el punto de partida, cuando recorrió los casi 300 kilómetros para conversar con Banega. Luego, en Ezeiza, se reunió con Otamendi y con Romero, antes de que viajaran a Manchester. También charló telefónicamente con Agüero para explicarle su propuesta –no había sido citado para la gira bautismal por Australia y Singapur– y evaluar su grado de entusiasmo y compromiso.

Además de recibir en el predio e intercambiar miradas con Julio Velasco, Sergio Hernández, Gabriel Milito, Javier Zanetti, Rodolfo D’Onofrio y Pablo Ricchetti (ayudante de Jorge Almirón) no tardó en sumarse a los entrenamientos del Sub 20 que conducen Beccacece y Nicolás Diez. Desea que esos chicos estén bajo su órbita porque se desempeñarán frecuentemente como los sparring de la selección. Por ejemplo, el 21 de agosto serán citados para colaborar en la preparación de los duelos con Uruguay y Venezuela.

Sin fútbol porque fue imposible organizar un amistoso para el seleccionado local, insistió desde su indomable actividad. Entonces, comenzó a citar a futbolistas del medio para sostener un trabajo silencioso. Los nominados, hasta acá, fueron nueve: Enzo Pérez, Lautaro Martínez, Rigoni, Foyth, Pinola, Nacho Fernández, Peruzzi. Belluschi y Lautaro Acosta. Quizás haya más y los encuentros no garantizan futuras convocatorias. A cada uno se le muestran ediciones de video muy puntuales sobre movimientos grupales y específicos de su posición. La idea es fijar conceptos y exprimir el tiempo.

No se distrajo con el destrato de Diego Maradona (“Estoy enojado con el Corcho”, lo atacó). Y sí se las ingenió para atender otras sensibilidades que lo movilizan. No se demoró en visitar al cantante Patricio Fontanet en el penal de Ezeiza, ni en ir a ver a la banda La 25. También se escapó hasta la calle Corrientes para ver a su admirado Julio Chávez en la obra “Un rato con él”. Su agenda está cruzada por la intensidad. Tanto que hoy, sí, hoy, estará tomando un vuelo. Rumbo a Lima, para responder a una invitación del club Sport Boys, su segunda experiencia como entrenador en Perú, entre 2002 y 2003. No podía fallarle al club portuario, del Callao, en su aniversario.

La actividad es tan febril que transmite la sensación de que hace años que está en el cargo. Pero Sampaoli apenas aterrizó en la Argentina el 25 de mayo, después de 15 años en el exterior. Se siente a gusto y no disimula que llegó al lugar que soñó. “Estar en el predio todos los días, para mí, es impagable. No hay un lugar en el mundo que pueda compararse con éste”. Esas palabras eligió Sampaoli para subrayar que es feliz. Pero la perfección no existe y ya dejó en claro que exigir será su mecanismo de superación. Se lamentó porque no se haya podido jugar un amistoso con el seleccionado local, y si bien entendió la incomodidad del calendario, aprovechó para abrir una discusión de fondo. “Hay que reglamentar que la selección debe ser una prioridad permanente. Debe haber un documento firmado entre la AFA y los clubes. Hasta que eso no se resuelva, todo quedará en el aire”, planteó el técnico de la selección.

El próximo lunes Sampaoli volverá a subirse a un avión. Viajará a Europa, acompañado por Sebastián Beccacece, con una hoja de ruta muy definida: desembarcará en París y seguirá por Milán, Londres, Barcelona, Sevilla, y de nuevo Barcelona. Verá a Di María, Icardi, Biglia, Dybala, Higuaín, Lanzini, Mascherano, Mercado, Joaquín Correa, Pizzaro, Banega, y a Messi, claro, entre otros. Desde Barcelona –donde observará la primera final de la Supercopa española entre los catalanes y Real Madrid, el 13, antes de regresar–, hará un viaje relámpago hasta Madrid para visitar a Augusto Fernández, ya recuperado de la rotura del ligamento cruzado anterior derecho que lo mantuvo inactivo desde septiembre del año pasado.

Esta excursión por el Viejo Continente le ocupará la primera quincena del mes y la lista para los duelos con Uruguay y Venezuela (31 de agosto y 5 de septiembre), en la reanudación de las eliminatorias, se conocerá el 11 de agosto, precisamente cuando el entrenador se encontrará en el final del recorrido. ‘El tiempo no para...’, canta La Bersuit, una de sus bandas de cabecera. Sampaoli lo sabe y por eso no quiere perder ni un minuto en olvidos o distracciones. No se lo perdonaría.

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