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Andrea Berrino, la nadadora cordobesa que burló a la adversidad

En las semifinales del Mundial de Budapest, se convirtió en la segunda nadadora más rápida de América del Sur en los 50 metros espalda; "Tuve que salir de muchas, por eso valoro mucho lo que me está pasando ahora"

Miércoles 26 de julio de 2017 • 22:21
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Andrea Berrino
Andrea Berrino. Foto: AFP

(BUDAPEST, enviado especial). En la película En busca de la felicidad, el director italiano Gabriele Muccino lleva al cine la historia real del estadounidense Chris Gardner. Un tipo al que la vida le pone tantas dificultades que cuando parece que nada le puede salir peor, hay un piso más abajo en el infierno. Pero Gardner no baja los brazos nunca. Y Muccino narra el infeliz camino de una persona que burla a la adversidad una y otra vez, hasta que encuentra su cielo. Sin el melodrama yanqui, la historia de Andrea Berrino está teñida de desencantos. Gambeteó una tras otra desventura, hasta convertirse, en las semifinales del Mundial de Budapest, en la segunda nadadora más rápida de Sudamérica en los 50 metros espalda. "Tuve que salir de muchas, por eso valoro mucho lo que me está pasando ahora", le cuenta la cordobesa de 23 años a LA NACIÓN.

"En 2011, cuando tenía 16 años y estaba clasificada para el mundial juvenil, me dijeron que no podía nadar más. Que no iba a poder competir nunca en el alto rendimiento. No lo podía entender", recuerda Berrino. Como consecuencia de un problema congénito que le provocaba una descompensación en la espalda, sufrió una tendinitis en el hombro izquierdo. "Elegimos el camino largo", explica su entrenador Federico Rossi, que trabaja junto a la deportista de Río Tercero desde hace 11 años. "Fede me dijo: '¿Vos confías en mí? Yo te prometo que vas a volver a nadar", recuerda Berrino. Y agrega su preparador: "Los médicos me decían: 'vos te crees que sos superman".

Dos años en boxes. "Pasamos largas horas en los médicos. Había que tener paciencia, difícil para una chica de 16 años que sólo quiere competir", explica Rossi. "Todos los días hacía rehabilitación, entrenaba solo piernas y trataba de ir a algunos campeonatos. Yo quería nadar, pero tenía muy malos resultados. Pero bueno, era porque no entrenaba. Fue un tiempo muy duro", suma Berrino. Cuenta Rossi que cuidaba a su pupila como a una hija. "A las dos de la mañana la levantaba para que se ponga el hielo en la espalda", explica.

La angustia tuvo fin y en 2013 se coronó como la mejor de argentina. Una alegría efímera. Le detectaron un trombosis en la pierna derecha. "Tengo la sangre más espesa por un factor hereditario. Debo tomar unas aspirinetas de por vida. Lo tengo que tener muy en cuenta en los viajes largos y cuando voy a la altura. Suerte que me agarró en la pierna y no en la cabeza. Lo peligroso es que se te desprenda un coaguló", dice. Otras nueve semanas en la enfermería. Volvió. Compitió en Kazán 2015: en los 100 metros espalda, con un tiempo de 1:02,37, quedó en el puesto 38 sobre 66 participantes; y, en los 200, hizo una marca de 2:14,96 para ubicarse 28 de 44. Tenía la mira en Río. Sin embargo, cuando peleaba por entrar a los Juegos de 2016, las lesiones volvieron a tocar su puerta. Se rompió el dedo en un entrenamiento. Berrino tiraba una moneda al aire y le salía siempre seca. "Hay que darle para adelante", subraya la cordobesa.

"La veo acá y no lo puedo creer", se emociona Rossi. En Budapest, Berrino rompió dos veces su marca. Primero registró un tiempo de 27,96 para colarse en semifinales de 50 metros espalda. Y luego, por la tarde, firmó 27,80. Quedó a 20 centésimas de la final. "A veces, uno quiere subir cuatro escalones de una vez y no se puede. Esto es largo y hay que tener paciencia. Ya verla competir en este nivel es un premio", sostiene el entrenador. A un año de terminar el profesorado de educación física y con su mejor plusmarca en los 50 metros espalda, Berrino concluye: "Estoy feliz". No es para menos. No la tuvo fácil.

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