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CUBA compite, se divierte e innova

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 27 de julio de 2017
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No es común ver un campeonato de primera división en el que el primero le lleve 15 puntos al segundo, 20 al quinto y 32 al último. Mucho menos si es un torneo de sólo 12 equipos y que esas diferencias se hayan establecido únicamente en la primera rueda. CUBA ha tenido hasta aquí un andar arrollador que asombra a propios y extraños en el rugby de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA). No se recuerdan semejantes distancias -al menos en los números- ni siquiera en las mejores épocas de CASI, SIC, Alumni, Banco Nación y en el último y todavía vigente reinado de Hindú. Es muy pronto para pronosticar qué puede pasar cuando el certamen ingrese en su etapa decisiva, pero no lo es para abordar este fenómeno que ofrece otra arista: CUBA deberá jugar (ante Old Resian de Rosario) para evitar el descenso en el Nacional de Clubes.

Hay algunos aspectos decisivos a tener en cuenta sobre lo escrito antes. El primero es que CUBA viene siendo protagonista de privilegio en los últimos años. Fue campeón de la URBA en 2013 y del Nacional de Clubes en 2014; finalista de Buenos Aires en 2014 y 2015 y campeón de M19 (el último trampolín al plantel superior) en 2016. Todo esto es producto de un cambio de mentalidad que comenzó en 2011 pero que se apuntala en un club con historia y con tradición de buenos equipos y jugadores de rugby. El segundo es que la situación de descenso en el NdC (la plaza en ese caso la perdería la URBA) tuvo su origen en una decisión de la UAR que para la etapa de playoffs postergó a CUBA -que se daba clasificado de acuerdo a la fría letra del reglamento- y le dio el pasaje a Tala de Córdoba, que después avanzó hasta la final, que la disputará pasado mañana con Hindú.

Roberto Lasala, quien estuvo como entrenador en todos los campeonatos mencionados antes, volvió este año a la Primera -junto a Carlos Benítez Cruz y Juan Capdepont- a pedido de los jugadores. Para él, la base de la pirámide es la confianza. Y pone como ejemplo el cartel, con una frase del gran Julio Velasco, que está pegado en la puerta de la sala de entrenadores: "Tenemos que confiar en nuestros jugadores, nos tienen que gustar. Si no nos gustan, estamos muertos. Si yo cuento en privado que un jugador no me gusta y se lo digo a un amigo en una comida, el paso siguiente es irme de ese equipo".

"La confianza también se empezó a construir cuando en el club se comprendió que competir no era una mala palabra y que no es contraria a divertirse ni a formar amigos", asevera Lasala, quien además de Velasco tiene como espejos de mentalidades a Marcelo Bielsa y al libro Legado (su autor, James Kerr, dará una charla el miércoles en Buenos Aires) y del juego a los australianos (Cheika, Fischer, Eddie Jones) y a los franceses.

A esa cabeza competitiva, CUBA le agregó múltiples variedades al juego. Hoy es un equipo indescifrable para sus rivales. "El jugador de CUBA tiene en su ADN el tackle, el scrum y el maul. Este año nos propusimos mejorar el ataque y dentro de eso, los entrenadores creemos que los jugadores son lo suficientemente inteligentes para cambiar de puestos y de roles durante un partido", agrega Lasala. Ante CASI, por ejemplo, CUBA usó 3 medio scrums distintos con los 3 en la cancha. Uno de ellos fue Tomás Passaro, quien salió como wing, pero luego llegó a saltar en el line, a patear la pelota al touch y a anotar una conversión.

Competir, divertirse, innovar, salir de la zona de confort, sentir el club, confiar. Esos son algunas y las principales virtudes de este CUBA que asombra.

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