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"Después de perder a mi beba, la danza literalmente me devolvió a la vida"

María José Vexenat perdió a su hija dentro de su vientre a los 9 meses de embarazo; la danza y la escritura fueron las herramientas que la ayudaron a salir adelante

Jueves 27 de julio de 2017 • 16:55
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PARA LA NACION
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El 31 de diciembre de 2008 iba a ser un año completamente diferente para María José Vexenat. Ese día, su embarazo de nueves meses estaba llegando a término y finalmente Felicitas estaría en sus brazos. Pero esa tarde, las noticias que recibió María José cuando fue a su monitoreo de control no fueron las que esperaba: su beba no tenía latidos y ese hecho fue el comienzo de un mundo que empezó a desmoronarse para ella. "Este bebé está muerto, me dijo la ecógrafa. Así, de esa forma brutal me avisaron que mi beba no tenía vida. No había cama preparada en el sanatorio para un caso como el mío y me llevaron al lado de otras mamás que estaban escuchando el latido de sus bebes", recuerda María José.

Felicitas había sufrido un episodio de muerte súbita dentro del vientre de su mamá. A María José se le practicó una cesárea de emergencia y al pequeño cuerpito se le realizó una autopsia para investigar el deceso. "Estas experiencias no suceden siempre, la mayor parte de las veces la vida vence a la muerte. Pero cuando ocurre lo contrario, lamentablemente nuestra sociedad no sabe, no puede, esconde, tapa, oculta o ignora aquello que evidentemente no comprende y que es la diversidad, lo que no se puede nombrar. Perder un hijo es algo tan terrible que no quedás viudo ni huérfano, no sabés en qué estado estas, no hay palabra creada para esta vivencia", asegura María José.

Volver a casa fue devastador

"Fue durísimo, la sensación fue volver vacía y con un inmenso dolor. Estaba todo preparado para la llegada de nuestra beba. Mi marido junto a un amigo llevaron todo a una iglesia. Cuando yo llegué estaba todo vacío, pero con el tiempo aparecieron cosas guardadas en otros lugares de la casa y estuvo bueno que aparecieran", dice con dolor. Alejandro, los amigos, su madre y el psicoanálisis fueron los pilares en los que se sostuvo en esos meses de duelo. "Creo que el amor es la base de todo, y no lo digo desde una frase hecha, porque con ese amor Alejandro y yo concebimos a Felicitas. La pareja es fundamental en este tránsito. No fue sencillo, la vida nos sacó de eje a los dos, tuvimos que aprender a encontrarnos, reencontrarnos, fue un trabajo diario, pero siguiendo el nombre de nuestra hija, nuca perdimos perdimos y, muy a pesar de todo, la felicidad tampoco", dice entre lágrimas.

De vital importancia en esos meses grises fue el apoyo incondicional de su maestra la gran María Fuxs. Es que María José es danzaterapeuta y coreógrafa, discípula directa de la bailarina. "Siempre me sentí privilegiada por el vínculo que tengo con María, es una relación que la trasciende a ella como artista y que nos conecta desde un lugar familiar. Fue ella que en un taxi y sola a la mañana de un 1 de enero de 2008 me vino a ver al sanatorio apenas lo supo y que me dio las palabras de contención justas en cada momento. A los tres meses de la partida de Felicitas, María me dijo que volviera a dar clases, necesitaba ese impulso para re-comenzar, así lo hice volví a danzar y volví a vivir", explica María José.

Desde su niñez María José tuvo herramientas que le permitieron conectarse con las duras experiencias que le deparó la vida de una forma distinta. Luego de 40 años de profesión y especialización en danza integrada, asegura que la danza literalmente la salvó en distintos momentos de su vida. "Durante mi niñez, aunque mi madre padeció una gran depresión, tuvo la intuición o lucidez de llevarme a estudiar danzas a un espacio no convencional, donde había personas con y sin discapacidad de manera integrada. En una época donde la integración y la inclusión no existían, siempre valoré la oportunidad que significa educarse en estos ámbitos, cambian el modo social de mirar. En mi caso modificó mis cimientos como profesional, pero fundamentalmente como persona. Lo que se incorpora desde las primeras vivencias quedan grabadas en la memoria del cuerpo, por eso es tan importante conocer nuestras diversidades desde niños, sin prejuicio, sólo por la curiosidad de conocerse. Y eso no se aprende en la universidad", asegura la danzaterapeuta. Y recuerda que la pérdida de su hija llevó a que su madre le diera un gran regalo de vida: había luchado contra la depresión desde la infancia de María José y la muerte de su nieta de alguna manera comenzó a restablecerla. "A pesar de su depresión, no bajó los brazos, lo asocio a un instinto materno de cuidado hacia mi....es el día de hoy que se le agradezco".

Otro modo

Cuando María José tuvo que atravesar el dolor inmenso y desgarrador de la pérdida de su hija hubo un grupo particular que la acompañó durante el proceso anterior y posterior al embarazo. El grupo se llama "Aliter", su nombre proviene del latín y significa "otro modo" y está formado por jóvenes con síndrome de down. "Con ellas atravesé el embarazo, me llenaron de amor y de cuidados para que no me moviera de más. Cuando se enteraron de mi pérdida -todavía recuerdo sus rostros porque ellas habían visto crecer mi panza y sus padres, que son tan maravillosos como ellas, pudieron explicarles lo sucedido- me dieron la fuerza para comenzar", asegura María José. Y agrega: "¿qué me dieron? La misma sonrisa de siempre, el mismo optimismo , el amor desde las palabras, del abrazo o de un beso, no fue algo distinto a otros tiempos, es algo que sigo recibiendo hoy y que ellas tienen la capacidad de dar".

Escribir también fue sanador. El apoyo y aliento de Alejandro fue el puntapié de este recorrido: un día María José encontró en la mesa del living un cuaderno con una nota que decía: escribí ya. Te amo. "No sabía qué escribir, ni por dónde empezar, nunca lo había hecho. Pero lo cierto es que las palabras salieron con la misma fuerza del agua cuando algo se destapa", dice emocionada. Y así, en 2011 publicó su primer libro: Danzaterapia Vida y Transformación y en el 2013 llegó la segunda edición. El libro fue presentado por María Fux y habla de la danza pero también de la vida, de las caídas pero también de la recuperación, del dolor pero también del amor. También el límite y la posibilidad son dos temáticas transitadas en el texto y, desde luego, la presencia de lo imprevisible, de aquello que no se puede controlar, que aparece e irrumpe "¿qué se hace? En mi libro escribí: cuando lo imprevisible ocurre, hay algo del orden anticipatorio que no se puede realizar. Nunca estamos preparados para estos acontecimientos. El control forma parte de un imposible. Por lo tanto, sólo nos queda experimentar. Con lo que se tiene y con lo que se puede...", finaliza María José.

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