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La dificultad de elegir entre la pareja de años y el verdadero amor

Fue un flechazo a primera vista pero los dos estaban comprometidos y por casarse; después de años de pareja, ¿se animarían a romper con todo y apostar al el verdadero amor?

Señorita Heart

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PARA LA NACION
Viernes 28 de julio de 2017 • 00:36
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Un vacío profundo, eso es lo que sentía Eugenia. A veces se reía, sí, pero era de esas risas mecánicas que salen por inercia. Lo cierto es que ya ni se acordaba de lo que era sentirse en paz, conforme con su vida y con sus decisiones. Hacía mucho que era extremadamente infeliz en su historia de amor.

Diez años de novia. ¿O eran once? Le parecía tanto tiempo y todo estaba tan desgastado, tan manoseado. Él no la valoraba en absoluto, le había sido infiel incontables veces y ella ya lo había perdonado demasiado y sin saber bien por qué. Toda la situación la hacía sentirse pésimo y su autoestima estaba por el piso. Y, sin embargo, iban a casarse porque es lo que corresponde a una cierta edad y después de tanto tiempo invertido. Inevitable, ¿no? Pero estaba tan enojada; se suponía que esa era la parte más emocionante de la vida: el amor; o al menos así lo había leído, visto, escuchado a lo largo de su infancia, adolescencia y primera juventud. Evidentemente, en cuestiones de romance, a ella no le había tocado la porción que viene con cuidado, dulzura y emoción. En su relación todo era mediocre, chato, descolorido.

Día del amigo

Exactamente así y peor se sentía aquel 20 de julio, día del amigo. Su teléfono sonaba, insistente, pero ella estaba demasiado triste. Era su amiga Lucy, que la quería arrastrar a festejar. Finalmente, decidió que era mejor ir a quedarse llorando en la cama.

Apenas llegó al lugar del festejo lo vio a él, Charly. En seguida supo que no era de Arias como ella, sino de Pergamino. Que las cuestiones laborales lo habían acercado a su ciudad y a rencontrarse con algunos amigos. También supo que ella ya no quería irse de la fiesta y que, de pronto, se sentía viva, consciente de su cuerpo y de sus sentidos. Lo miró con intensidad y él le devolvió la mirada. Podía jurar que fue amor a primera vista. No se despegaron en toda la noche y se fueron juntos.

Al día siguiente, no pudo dejar de pensar en él; al otro tampoco. Al tercer día entendió que esa aventura había llegado a su vida para sacudirla y despertarla. No sabía qué iba a pasar con aquel hombre que la había devuelto a la vida, pero lo que sí sabía es que esa relación que había mantenido a fuerza de sufrimiento, no iba más.

Me voy

A los 15 días, sacó todas sus pertenencias de la casa que compartía con su novio y le dijo que estaba conociendo a alguien y que no iba a volver nunca más. Jamás se sintió tan liviana en toda su vida. A Charly lo vio 20 días después de su primer encuentro. Él la invitó a comer un asado a su casa, solos. ¡Hacía tanto que no se sentía así, con esa sensación de adrenalina exquisita! Como Eugenia vivía con sus padres, sus amigas la ayudaron a salir de la casa sin que supieran a dónde iba. Todavía no les había contado nada y no estaba lista para dar explicaciones. La noche fue inolvidable y ella volvió feliz.

A partir de entonces, vio a Charly casi todos los días. Las salidas eran mágicas y conectaban tanto que perdían la noción del tiempo y se quedaban juntos hasta las 4 de la mañana. A Eugenia ya no le importaba nada e iba a trabajar dormida; esa pasión y enamoramiento intenso, lo valían. Pero en todo ese idilio había un gran problema: Charly estaba en pareja hacía más de 11 años, también estaba comprometido como lo había estado ella y le costaba la idea de cortar con su cotidianidad, con toda una vida armada que implicaba cambiar viejos hábitos conocidos y lastimar a una buena mujer. Sin embargo, la realidad era innegable: ya no amaba a su novia, se había enamorado de Eugenia y había descubierto la diferencia entre el cómodo acostumbramiento y el amor.

Siempre es mejor apostar al verdadero amor

Para él fue difícil tomar coraje; simplemente, no quería hacer sufrir a nadie. Pero ese es el tema con este tipo de cuestiones del corazón: es muy difícil sortear estas instancias sin dolor. La vida es así y a la larga, aunque primero cueste verlo, para todos es mejor.

Para enero los dos ya habían cancelado sus respectivos compromisos y estaban de vacaciones juntos. Viajar les permitió conocerse con mayor profundidad y enamorarse más que nunca. Y en un día muy frío de octubre, poco más de dos años después de aquel día del amigo, se casaron en el campo. Al año y medio ella quedó embarazada de su primero hijo, Teo, en el 2008 de Italo y en el 2014 de la princesita de la familia, Inés.

"Nos animamos a romper con nuestras relaciones que estaban a punto de conducirnos hacia matrimonios infelices y a apostar a lo que sentimos el día que nos cruzamos", cuenta Eugenia, " Gracias a eso hoy tenemos una familia hermosa, con tres hijos y el mismo amor que aquel día por primera vez. Puedo jurar que cuando lo vi me dije: es ese, ese es el hombre con el que quiero estar para compartir toda mi vida. El amor a primera vista, existe."

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