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Mundial de Natación. Gustavo Roldán, jefe técnico de Argentina en Budapest: "En el alto rendimiento no caminás por la cornisa, corrés"

Ocupa ese cargo bajo la estela del gurú de la natación, el australiano Bill Sweetenham, que colabora con el equipo nacional

Viernes 28 de julio de 2017
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Gustavo Roldán
Gustavo Roldán.

(BUDAPEST, enviado especial). "Yo veo a un tipo entrar a una pileta y me doy cuenta de si ya nadó en su vida o de si se acaba de sacar el carnet. Me la paso todo el día viendo natación". La frase es de Gustavo Roldán, de 49 años, jefe técnico de la selección argentina en el Mundial de Budapest . De adolescente se debatió entre el básquet y la natación. Ganó el agua, pero no por su habilidad para tirar brazadas. El talento de Roldán estaba al borde de la piscina, siempre con un cronómetro en la mano.

En 1989, su amigo Walter Rodríguez le ofreció comenzar a entrenar a niños de entre 10 y 13 años. "Me levantaba a las 4:30 de la mañana para pasar el barrefondo y entrenar a las 5:30. Todo muy artesanal", recuerda. Seis años más tarde pasó a entrenar en categoría juvenil y en el 2000 se le cruzaron los anillos olímpicos: entrenó a Andrés Bicocca en Sydney. Ausente en Atenas, volvió a Pekín para dirigir a Liliana Guiscardo. En 2011 arrancó a entrenar los juveniles de la selección argentina, hasta que en 2013, bajo la estela del gurú de la natación Bill Sweetenham, se convirtió en el jefe técnico de Argentina, además de entrenar a media expedición: Martín Naidich, Macarena Ceballos y Virginia Bardach.

-¿Se puede vivir de ser entrenador de natación?

-Sí, pero no como en otros países. Tenés que hacer varios trabajos. Yo doy cursos, entreno a mi equipo en la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester y ayudo en la coordinación de la Municipalidad de San Martín. No tengo un Mercedes Benz ni vivo en un country y creo que ésa fue una de las cosas que le gustaron a Bill. Cuando vino a mi casa, a comer con mi familia, me dijo: "Bien, yo arranqué así. Ustedes acá tienen pasión". Pero el empezó a los 20 años y nosotros, en Argentina, a los 40.

- ¿Aprendiste inglés para leer el libro de Sweetenham?

-Fue el primero que leí. Me di cuenta de que si ponía natación en google había 200.000 resultados; en cambio, si escribía swimming, dos millones. Yo no había sido un buen nadador, tampoco había tenido buenos entrenadores. Estudiaba mucho, pero no tenía experiencia. Hay buenos nadadores que son buenos entrenadores, pero hay muchos técnicos, muy buenos, que ni nadaron.

- ¿Cuál es la clave para ser un buen entrenador de natación?

- La pasión y la empatía con el atleta.

- ¿Y los conocimientos técnicos?

- Eso se adquiere, pero la confianza con la gente lo tenés o no.. Ahora con Sweetenham estamos aprendiendo. Entrenar es compartir información.

Roldán mira el teléfono de reojo. "Es un mensaje de mi mujer", cuenta; "me pregunta si estoy tranquilo y si ya salí a caminar un poco. Es una santa". Para el jefe técnico de Argentina la vida en un Mundial es dura; sin embargo, los que la sufren son sus hijos y su mujer. "El sacrificio lo hace mi mujer. Yo hago lo que me gusta. Para mi es un esfuerzo; para mi familia, un sacrificio. Es algo conceptual", reflexiona.

Los entrenamientos a sus pupilos se estiran hasta a 80 kilómetros por semana, si es que se conforma. "Si no me gustó el último pase le pido uno más. Él te mira con mala cara y tu familia se queda con la entrada del cine en la mano", explica. Entre viajes y campeonatos, se pasa cerca de medio año fuera de su casa. Una vida, según él, "poco natural". El premio, en cualquier caso, no se refleja en sus cuentas bancarias. "Siempre hay cosas que pagar y nosotros estamos lejos. Pensás como solucionar tus problemas de acá y de allá. A muchos técnicos o les falla la salud o pierden a su familia. Es muy duro, los entrenadores están todos locos".

-¿Los nadadores como están?

-Es un deporte muy solitario. La natación te aísla: no ves, no hablas, no oís. Son muchas horas sin hablar, tanto para el entrenador como para el nadador. Es un deporte ingrato y aburrido.

-¿Se puede volver demasiado intensa la relación entrenador-nadador?

-Es muy estrecha y tiene que haber mucha confianza. A veces, puede ser áspero porque estás siempre empujándolo el límite. Él no da más y vos le pedís igual.

-¿Eso no es peligroso?

-Y. sí. Se puede romper. En el alto rendimiento no caminás por la cornisa, corrés. Está el que llega, ¿pero cuántos se cayeron?

La natación tiene una dificultad extra: adaptarse a un medio desconocido para el hombre, el agua. Además, la palabra juego no aparece en su diccionario. "Se juega al fútbol, al básquet, al tenis, no a la natación", afirma Roldán. Y el técnico de la selección asegura que uno de los retos más importantes para un nadador es aprender a convivir con la frustración.

"Agarrás a un chico en la escuela y cuando lo llevas a competir, pierde. Cuando gana, los pasas a federados. Pierde de nuevo. Logra la victoria y a nadar a nivel Nacional. Otra derrota. Dos años. Gana y al Sudamericano; después a los Panamericanos. Cuando vence ahí, lo traes al Mundial. Después de que lograste que ganara todo eso, acá pierde seguro. Salvo que haga todo bien. Un 1% mal en un Mundial se convierte en el 100%. Es un detalle, pero acá todo son los detalles".

-¿Pero vos los tenés que convencer de que pueden ganar?

- Somos vendedores de sueños. Necesitamos de esa empatía para convencer a alguien de que realmente puede hacerlo. Por eso, a los entrenadores los buscan para trabajar en empresas, para hacer coaching.

- ¿Cuántas veces pensaste en dejarlo?

- Cada vez que vuelvo de un Mundial y de unos Juegos. Pero me puede la adrenalina. A veces me pregunto cuando voy a disfrutar.

- ¿Y?

- Yo disfruto así. Si pudiera elegir, volvería a hacer exactamente lo mismo.

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