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Salomé Báncora. "Alguna alegría pude darle a mis viejos, que tanto me apoyaron"

Integrante del equipo argentino de esquí, participó en los Juegos de Invierno de Sochi en 2014 y sueña con clasificarse y viajar a los próximos, en Pyeongchang, Corea

Domingo 30 de julio de 2017
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LA NACION
Salomé Báncora en Sochi 2014. Con los esquí puestos desde los 6 años: "Si quieren, pueden", repite
Salomé Báncora en Sochi 2014. Con los esquí puestos desde los 6 años: "Si quieren, pueden", repite.

Todo comenzó durante unas vacaciones de invierno en familia. Salomé Báncora, con tan sólo 6 años, se colocó los esquís por primera vez sin imaginar hacia dónde la llevarían. Desde ese momento, este deporte se transformó en su pasión y en el motivo por el que toda la familia decidió dejar los rascacielos de Buenos Aires para instalarse en Bariloche, cerca de las montañas y del entorno perfecto para una futura promesa del esquí argentino.

Una vez en el lugar, Salomé empezó a entrenar y el sueño de vivir del esquí comenzó a hacerse realidad. Hoy, con 24 años, forma parte del equipo argentino de esquí alpino, es la número 120 en el ranking mundial y bicampeona argentina y sudamericana de slalom. "Si quieren, pueden", es la frase que repite cada vez que le preguntan cómo lo hizo. Su próxima meta: los Juegos Olímpicos de Pyeongchang (Corea), 2018.

-¿Cuándo fue la primera vez que esquiaste?

Nací en Buenos Aires y cuando tenía 6 años, mis padres me empezaron a traer de vacaciones a Bariloche. Me anotaban en la escuelita de esquí para que hiciera alguna actividad invernal mientras ellos salían a pasear. Ahí arranqué sin pretender nada porque yo sabía que volvía a Buenos Aires y no iba a tener posibilidades de continuar esquiando.

-¿Entonces cómo fue que empezaste a competir?

Al poco tiempo que nos instalamos en Río Negro, se armó como una especie de intercambio entre Bariloche y Aspen. La idea era que cada argentino que participara, viajara por dos meses a los Estados Unidos y que después, algunos esquiadores de allá vinieran a nuestro país. En realidad, era para chicos mayores de 15 años y yo en ese momento tenía 9. Cuando escuché del programa, me desesperé porque quería ir y esquiar. Mis papás apostaron a lo que era mi sueño. Hice el intercambio a los 9 años y, desde ese momento, arranqué a competir sin parar hasta ahora. Hace casi seis años que estoy en el equipo nacional y si bien terminé el colegio y sigo estudiando, lo hago todo a distancia ya que esquío prácticamente todo el año. Es mi trabajo. Me dedico cien por cien a esto.

-¿Qué es lo que te apasiona tanto del esquí?

Me gusta porque es uno de los pocos deportes en el que cada día es distinto al otro. Imaginate que cada competencia es en una pista distinta, con diferente condición de nieve, con una visibilidad que cambia. Hay días de sol, otros con nubes y no se ve ni a dos metros; un día corrés sobre hielo vivo, al otro sobre nieve blanda. Te tenés que adaptar a lo que venga porque dependemos del clima. Cada trazado se da con distintas medidas, con diferentes dificultades y vos te tenés que amoldar a eso. Cambia tanto que a veces te puede perjudicar si no te sentís preparado. Pero creo que eso también es lo divertido.

-¿Cómo es vivir de esta actividad?

Es mi pasión, yo amo el deporte. Hubo muchas cosas que tuve que dejar de lado. Por ejemplo, yo jugaba también al handball, pero tuve que elegir. Cuando entré a la Federación tuve que ir despidiéndome de algunas cosas y tal vez esa sea la parte más dura. Pero cuando debí poner en la balanza cuáles eran mis mayores sueños, a qué aspiraba, siempre supe que era el esquí lo que me llenaba. Dejé grandes cosas por esto, pero lo sigo eligiendo.

Invierno todo el año

Los atletas del esquí viven en invierno: durante el verano argentino se mudan a Europa para poder competir. De noviembre a abril Salomé, junto a todo el equipo argentino, participa en diferentes carreras a lo largo de Francia, Italia, Austria, Alemania, Suecia y Noruega, lo que les da una posición en el ranking europeo. En la última temporada, Salomé se colocó entre los tres primeros puestos en varias carreras de Francia e Italia.

En abril regresan a la Argentina para comenzar con el entrenamiento físico. Luego de dos meses, comienzan con las competencias sudamericanas. El sistema de puntuación es el mismo que se utiliza en la Copa de Europa: con cada carrera se obtiene un puntaje que, al finalizar la temporada, los coloca en una posición a nivel continental. Salomé es la última campeona de la Copa Argentina, que se realiza los primeros días de agosto en Bariloche y San Martín de los Andes, y la ganadora de la Copa Sudamericana del 2016.

-¿Cómo es el ritmo de ir en contra temporada?

Cuesta un poco. Yo vivo en Bariloche hace casi 20 años y no conozco el verano de acá. Hay veces que me dan ganas de disfrutar del verano pero después se me pasa porque considero que este es mi momento. Si uno entra al alto rendimiento de algún deporte tiene que fijarse objetivos y tratar de esforzarse al máximo para alcanzarlos. Así que creo que el tiempo para el verano o para otras cosas ya vendrá. Por eso prefiero ahora enfocarme de lleno en el esquí y el deporte de invierno e intentar seguir cumpliendo mis metas.

-De todos los lugares por los que viajaste, ¿cuál es el que más te gustó?

Depende. Me encanta estar en Italia porque me hace acordar mucho a la Argentina, pero quizá no tiene las mejores pistas. Creo que el mejor lugar para entrenar y de donde salen los mejores esquiadores del mundo es Austria. Es un lugar en el que el esquí está muy presente. Por ejemplo: los niños tienen al deporte como materia y pueden elegir entre practicarlo como forma de recreación o como competencia. Por lo que, desde los 6 años, los forman y por eso es que salen mini monstruitos del esquí. También lo viven de manera muy apasionada, como nosotros con el fútbol. En el 2012 fui a un mundial en Austria y habían armado tribunas, como si fuese una Bombonera, pero para ver la llegada de los competidores. Veías a los austríacos saltando y gritando como si estuvieran viendo la final de un mundial de fútbol. Igualmente, más allá de que en la Argentina no tengamos esa visión del esquí, amo a mi país y por más que esté mucho tiempo afuera, no lo cambio por nada.

Lo más lindo

En 2014, Salomé tuvo uno de los momentos más importantes de su carrera: participó en sus primeros Juegos Olímpicos, en Sochi, Rusia. El trabajo duro, los entrenamientos y las giras por Europa y Sudamérica, dieron resultados. De las cinco disciplinas en las que compitió (slalom, slalom gigante, slalom super gigante, descenso y combinada), logró posicionarse entre las 30 mejores.

"En esa instancia se corrían dos mangas. De acuerdo con la posición que quedabas en la primera, podías o no hacer la segunda. Corrí la primer manga y me acuerdo que llovía torrencialmente, no se veía nada. Pero en ese momento no me importaba mucho. En lo único que pensaba era en mi familia y en mi país y en todo lo que había detrás de ese momento. Para mí fue muy fuerte. Cuando hice la primer bajada, llegué y vi que en la pantalla decia 31. Es decir, por una posición, no había quedado entre los 30, no había alcanzado el récord de ser la primera sudamericana entre los 30. Estuve a un punto de lograr algo histórico."

Corrió la segunda banda y al finalizar la competencia, Salomé quedó posicionada 24 del mundo: "No bien entré en el bar de la base del centro de esquí, agarré mi celular y busqué wifi, lo único que quería era hablar con mi papá. Logré llamarlo y me acuerdo de escuchar su voz, totalmente quebrada, y yo llorando con él. Ahí me cayó la ficha de que había hecho algo bueno. Alguna alegría grande le había dado a mis viejos que tanto se habían esforzado por apoyarme, sin saber absolutamente nada del esquí. Esa sensación fue lo más lindo que me pasó".

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