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Cinco buenas excusas para visitar Ciudad del Cabo

Quizá la ciudad más europea del continente negro, ofrece naturaleza, playas, tradiciones, gastronomía de calidad y compras en abundantes dosis

Domingo 30 de julio de 2017
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LA NACION
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La Montaña de la Mesa, uno de los principales atractivos de la ciudad
La Montaña de la Mesa, uno de los principales atractivos de la ciudad. Foto: Shutterstock

Ciudad del Cabo es de esas ciudades que no se pueden explicar. No porque tengan una mística histórica como Berlín o un espíritu avasallante como Nueva York, sino porque mezclan tantos atractivos que detallarla sería como tratar de describir un collage. Entre ellos: una montaña masiva que se ve desde toda la ciudad, un centro urbano típico con edificios de oficinas y tiendas, playas por doquier, barrios coloniales coloridos y viñedos. Todo dentro de sus 2.455 km², que es 10 veces el tamaño de Buenos Aires.

La ciudad se constituyó como se la ve hoy hace relativamente poco, si se tienen en cuenta los cambios post apartheid que se leen tanto a nivel estructural como a nivel social. Pero conserva su herencia antigua. Al haber sido colonia holandesa y luego inglesa, es sin lugar a dudas la parte más europea del continente y el primer lugar al que llegaron los conquistadores de esos pagos. Gran parte de la población es blanca, pero el ritmo de los tambores está y se siente. Por la arquitectura y las calles en subida, de a ratos es una especie de Nueva Orleans o San Francisco africanas; ero su naturaleza tan accesible para los que viven en la ciudad la hacen más parecida a Vancouver de Canadá o Perth de Australia. Corriendo a un lado las analogías, estas son las cinco razones por las cuales deberías incluir a Ciudad del Cabo en tu visita safari.

La Montaña de la Mesa

La visita obligada, el elefante en la habitación, es Table Mountain (que es un parque nacional, además del nombre del accidente geográfico principal). La montaña es la gran espalda de la ciudad, que la vigila con su perfil singular, como si hubiera sio delineada con una regla. Se trata de una de las siete maravillas naturales del mundo anunciadas en 2011, junto con las cataratas de Iguazú y el Amazonas, por nombrar un par.

La clave es sacar las entradas con anticipación y ahorrarse las colas. Pero para subir al teleférico sí o sí hay que tener paciencia, es la Torre Eiffel o el Empire State de Ciudad del Cabo sólo que mil veces más verde. El mirador se construyó en 1929 y esta a mil metros de altura. Los espíritus deportistas pueden llegar a la cima caminando entre 1 y 3 horas. El punto de llegada es una explanada de rocas de todos los tamaños que se recorre en no menos de media hora desde donde se ve toda la ciudad. Entre las nubes se asoman otras montañas y el mar en todo su esplendor.

Boulders Beach

¿Caminar rodeados por pingüinos? Claro que sí. Un par de parejas de estas aves aparecieron en Boulders Beach (que queda a una hora del centro) hace 35 años. Poco a poco la fueron copando hasta que se la apropiaron con el consentimiento de los vecinos humanos. Si bien se pueden espiar desde otras playas cercanas, la mejor manera de acercarse es entrando al refugio (con un pase de 10 dólares). Está armado con muchas pasarelas que suben y bajan, se meten entre la vegetación y terminan en la playa, siempre rodeadas de pingüinos. Se ruega no darles de comer ni tocarlos, pero eso no quiere decir que no haya interacción. Muy acostumbrados a tener visitas, se pasean con confianza y aparecen donde menos los esperamos.

Cape Point

Siguiendo por la costa otro punto atractivo es Cape Point, uno de los puntos más al sur del continente (algunos tours lo venden como el más austral, pero no hay que dejarse llevar por el marketing). Queda en la punta de la península que se recorre entera y ofrece una vista espectacular atrás de la otra. Antes o después de pasar por el faro y el mirador, muchos se sientan en el restaurante Two Oceans que sirve comida de mar con una terraza que parece estar flotando a cientos de metros sobre el agua.

La comida y el vino

Volviendo a la ciudad y siguiendo con la gastronomía, vale resaltar lo bien que se come y se bebe en Ciudad del Cabo. La cepa clave es el pinotage, de esas con tanta personalidad que es imposible pensar en el destino sin sentirle el gustito. Es un tinto raro, ahumado y con mucho cuerpo, mezcla entre el pinot noir y la uva sudafricana cinsaut. Hay una buena variedad de viñedos alrededor de la ciudad (a 40 kilómetros aproximadamente) que se pueden visitar en el día. No se entiende como el pinotage tuvo menos alcance que el Amarula, licor embajador sudafricano en el mundo. Es importante hacer espacio en la valija para llevarse botellas buenísimas de este y otros ejemplares de todo el mundo a precios muy aceptables. En cuanto a la comida, la carne es la estrella. Se vende seca en las estaciones de servicio y los quioscos como un snack, y abunda en todos los restaurantes típicos. Asada a la parrilla, en guisos y embutidos (su salchicha tradicional, la boerewors, con mezcla de cerdo y cordero merece ser probada). Todo sale muy especiado. Hay buenos restaurantes para los muy exigentes y con menús sofisticados que rondan los US$ 70.

Las compras

El cambio hace que hacer shopping en Ciudad del Cabo sea muy conveniente, compres ropa o artesanías para regalar. Están las clásicas ferias alrededor de las atracciones principales y otros centros comerciales, pero el mejor de todos es el Victoria & Albert Waterfront. Ubicado en la costa, con veleros y vista privilegiada de la Montaña de la Mesa, tiene casi 500 tiendas. Desde las departamentales como H&M y Forever 21 a un piso completo de marcas como Prada, Tom Ford, Gucci y Versace. También hay buenos locales de accesorios para el hogar y la cocina (otra vez: no olvidar llegar con el equipaje vacío). En la parte de afuera hay restaurantes, shows de música y teatro como para que el paseo sea un buen plan para todos.

Victoria & Albert Waterfront: paseo y compras
Victoria & Albert Waterfront: paseo y compras. Foto: Shutterstock

Datos útiles

Más información:

Latam tiene tres frecuencias semanales (cinco a partir de noviembre) a Johannesburgo, a US$ 1098 final. El viaje dura 15 horas, incluida la escala en San Pablo. www.latam.com/es_ar/

El vuelo desde Johannesburgo hasta Ciudad del Cabo dura 2 horas y cuesta alrededor de US$ 100.

En la entrada al país hay que presentar un certificado de vacuna contra la fiebre amarilla. Es gratuita, más datos en inmunizaciones@buenosaires.gob.ar.

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