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Cinco ciudades donde el arte salió a la calle

Domingo 30 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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1 Barcelona. La basura también es arte

Quizá sea la capital del Estado más joven de Europa dentro de pocos meses. Mientras tanto sigue siendo la urbe más vanguardista de la península ibérica. Desde que Gaudí la transformó, se presta a todas las transgresiones y todas las novedades: por lo tanto, no podía faltar a su cita con el arte callejero. El español Francisco de Pájaro conocido también como Art-is-Trash pulsó sus primeros sprays en las calles de Barcelona a fines de la década pasada. Su lema es la creación de piezas instantáneas a partir de basura callejera. Luego de Cataluña desembarcó en varias ciudades europeas hasta consagrarse recientemente en Londres. Zosen Bandido es otro de los artistas que les pusieron colores a las paredes de Barcelona. Aunque muchas de sus obras hayan sido borradas, quedan algunas sobre las persianas de los negocios privados (donde las autoridades públicas no extendieron su caza a los grafitis). Un sitio especializado (barcelonastreetstyletour) promueve un tour para ver algunas creaciones: pasa por el Túnel de Mundet, las ruinas industriales de Poblenou y los barrios Born, Gòtic y Raval, donde sobreviven varias obras del precursor Happy Fish.

2 Marsella. La ciudad de los colores

Blek le Rat, Jef Aérosol, Nemo, Miss Tic, Speedy Graffito, Robert Combas, les Frères Ripoulin : el street art moderno nació en Nueva York, pero encontró enseguida una segunda patria en las calles de Francia. Sobre todo en París, gracias al movimiento punk (que surgió casi a la par del británico) e inspiró a toda una generación de artistas del spray. Sin embargo, actualmente es en el puerto mediterráneo donde el arte callejero ha tomado la posta. Las viejas fachadas de las calles muy angostas del antiguo barrio del Panier fueron las superficies predilectas de los taggers durante muchos años. Pero el lugar más apreciado por los visitantes para descubrir esta movida artística es el Cours Julien. Se trata de una plaza llena de colores que desbordan hacia las calles peatonales y las escaleras vecinas. En ese rincón bohemio, donde viven los artistas y músicos, se concentran los cafés de moda, los negocios de arte y las tiendas de productos orgánicos.

3 Bristol. La cuna de Banksy

Londres es la capital de la cultura pop, pero es en esta ciudad del oeste de Inglaterra donde nació uno de los principales grafistas contemporáneos. Las obras de Banksy mezclan política y poesía con humor desde sus primeras intervenciones con el DryBreadZ Crew, un grupo de grafistas que surgió de la cultura under de Bristol. Quizá por el orgullo de haber visto crecer a este emblemático artista, la ciudad revindica el arte callejero y lo considera como un beneficio y una herramienta para promocionarse turísticamente. A lo largo de los años, más y más de sus paredes se van cubriendo de colores, mensajes y realizaciones. Hasta se ven guiños a obras maestras como la Ola de Kanagawa de Okusai o la Joven de la Perla de Vermeer (del mismísimo Banksy). Nelson Street es una de las arterias más intervenidas y tiene el mayor proyecto de arte callejero de Gran Bretaña. Se llama See No Evil, y fue pintado y retocado a partir de 2011 por muchos taggers de todo el mundo.

4 Lisboa. Un barrio en galería

La capital portuguesa entró en el circuito del arte callejero gracias a su Museo Efímero, en el Barrio Alto, uno de los más tradicionales. A partir de 2008 empezaron a proponerse visitas guiadas con audioguías para recorrer las calles y conocer fachadas intervenidas por 33 artistas en total, muchos de ellos portugueses. Ese museo al aire libre está en constante evolución ya que las obras son modificadas o sustituidas debido a las construcciones o los efectos de la intemperie. Además de ese circuito, la GAU (Galería de Arte Urbana) es el otro epicentro del street art lisboeta. Contradiciendo su nombre, se trata más bien de una colección de murales y espacios públicos intervenidos con obras que provienen de creaciones durante concursos, campañas sociales o talleres. El recorrido termina a los pies del símbolo de la ciudad el majestuoso Puente del 25 de Abril, cuyos pilares fueron intervenidos.

5 Lódz. Murales para reinventarse

En el este de Europa, varias ciudades tratan de disimular sus grises arquitecturas inspiradas por ideologías totalitarias bajo los colores de los tags y los graffitis. Se inspiran en los fragmentos del Muro de Berlín que quedaron en pie o están expuestos en todo el mundo. La experiencia más radical se puede ver en la tercera ciudad de Polonia. Se trata allí de un proyecto cultural de puesta en valor urbanístico, y todos los años en julio se organiza un Festival Internacional del Grafiti. La patria de Arthur Rubinstein y Roman Polanski invita a artistas de todo el mundo desde 2009 por medio de la Fundación Urban Forms Gallery. La apuesta fue exitosa, ya que esta movida atrajo no solo a visitantes sino también inversiones y creó una imagen muy positiva para esta ciudad que estaba a la sombra de sus dos hermanas más grandes, Varsovia y Cracovia. Los grandes murales de ?ód? se han convertido en una atracción turística que la sacan poco a poco del grisáceo destino que le deparaba su condición de obsoleto centro industrial.

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