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"La Argentina y Gran Bretaña tienen la misma meta: hacer la mejor ciencia posible"

El asesor en jefe del Servicio Exterior británico estuvo por segunda vez en el país para acrecentar la colaboración entre ambos países

Jueves 27 de julio de 2017 • 20:28
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LA NACION
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Profesor Robin Grimes, asesor científico del Foreign Office británico
Profesor Robin Grimes, asesor científico del Foreign Office británico. Foto: Rodrigo Néspolo

Es indudable que combinar dos trabajos exigentes requiere una buena dosis de agilidad profesional. Tal vez gracias a la flema y el humor tradicionales de la cultura británica, el doctor Robin Grimes lo logra con una elegancia digna de admiración: a la vez investigador y diplomático, es profesor de física en el Imperial College, de Londres, y asesor científico en jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores de su país.

"Teóricamente, trabajo tres días por semana para el servicio exterior y dos días como profesor -cuenta-. Soy afortunado: tengo un grupo de investigación muy bueno, con excelentes posdocs, y ellos suelen venir hasta el Servicio Exterior para nuestras reuniones. Es más: les gusta, porque el edificio es magnífico."

Especialista en materiales para la fusión y fisión nucleares, células de combustible, baterías y células solares, Grimes estuvo por segunda vez en un año en la Argentina, dio charlas, se reunió con científicos, estudiantes y funcionarios, y visitó el Instituto Leloir. Asegura que la colaboración científica con gran Bretaña puede ser muy fructífera y está explorando cómo hacerla más intensa.

-Profesor Grimes: su campo de estudio se vincula con la energía nuclear. ¿La considera un medio deseable para controlar el cambio climático?

-Justo esta mañana estuve hablando sobre esto con un grupo de estudiantes. Hicieron grandes preguntas. Y una de ellas es cómo podemos reducir las emisiones de efecto invernadero. Mi respuesta es que la energía nuclear es una entre un conjunto de estrategias, no la solución total. Y la razón es que la energía nuclear produce lo que llamamos una "capacidad básica", una cantidad constante de electricidad, 24 horas por día, 365 días por año. Si usted tiene una sociedad, una densidad de población, una industria que lo necesita, entonces la nuclear es una energía positiva, que produce bajas emisiones de dióxido de carbono.

-¿Es conveniente a pesar de los residuos?

-Sí. No es que no haya problemas: siempre hay desafíos de ingeniería. Cualquiera sea la forma en que uno genere electricidad, siempre tendrá consecuencias.

-¿También con las llamadas energías alternativas (solar, eólica)?

-Sí. Si pensamos en la solar, cuando usted fabrica celdas solares tiene que usar un montón de sustancias químicas razonablemente problemáticas, y de hecho es un proceso de muy alta temperatura, por lo que de todas formas produce mucho dióxido de carbono. También queda un gran conjunto de materiales electrónicos como residuo. Ahora, admito que es un tipo de residuo muy diferente del nuclear, pero el volumen de basura que usted produce por kilowatt generado es mucho menor en esta última. Una de las claves es tener una gran cantidad de energías renovables, que produzcan una parte variable de la electricidad, y lo nuclear para la otra parte de la energía. Si uno tiene la población correcta y las industrias correctas, que nosotros en Gran Bretaña tenemos, tiene sentido. Para nosotros, pero no para todos los países.

-¿Qué opina de la decisión de Alemania de detener su operación en el campo de la energía nuclear?

-Haría dos observaciones. Una es que los reactores nucleares alemanes estaban muy bien manejados, y producían muy buena electricidad baja en carbono. Lo habían hecho durante décadas. Pero ésa es una decisión para Alemania y para los alemanes, y no es asunto mío.

-¿Por qué considera que hay oportunidades sin explotar en la relación científica entre la Argentina y Gran Bretaña?

-Hay un número de razones. La primera y muy importante, es que la Argentina produce buena ciencia. Entiende que hay que hacer ciencia de calidad, que hay que poner el esfuerzo en la excelencia y que si no lo haces no funciona. Y Gran Bretaña cree en esto muy firmemente. De modo que, cuando colaboramos, lo hacemos con la misma meta: hacer la mejor ciencia posible. La segunda razón es que la forma en que ustedes ven la ciencia aquí es levemente diferente a como la vemos nosotros. Ustedes son latinos y piensan distinto sobre la sociedad. Nosotros lo hacemos con un punto de vista anglosajón. Cuando nos enfrentamos a problemas verdaderamente difíciles, los enfocamos desde puntos de vista diferentes. Y lo malo de colaborar con gente que piensa de la misma manera es que uno obtiene las mismas respuestas. Si lo hace con alguien que piensa diferente, obtiene respuestas distintas y el resultado es mejor. Si uno se fija en el número de citas [científicas] que obtiene cuando científicos británicos colaboran con colegas de países que tienen enfoques diversos, el impacto es mayor.

-¿En qué áreas hay más colaboración en la actualidad?

-La primera es la investigación biofarmacéutica. La colaboración científica requiere financiación y, en este caso, recibimos fondos de [la compañía] GSK. Dado que ellos producen e investigan tanto en la Argentina como en Gran Bretaña, quieren ver más colaboración entre nosotros y ofrecieron fondos para que eso suceda. Sentimos que eso marcha muy bien. Después de visitar el Instituto Leloir, a uno no le queda duda de que eso es excelencia. Hablamos con ellos sobre oportunidades de colaboración. Empezaremos con el proyecto de GSK y luego queremos expandirlo a otras áreas.

El segundo tema es la agrotecnología. Una serie de universidades [de mi país] vinieron a la Argentina para hacer un estudio sobre qué áreas pueden desarrollarse más.

También creo que una de las áreas en que empezareos a colaborar es la ingeniría de materiales. En este caso, lo que se necesita es acceso a equipamiento y en el Reino Unido tenemos grandes equipos, sincrotones y cosas como ésas.

El Conicet y la Royal Society ya hicieron un llamado para ofrecer becas a argentinos que deseen pasar un tiempo en Gran Bretaña para que laboratorios de los dos países trabajen juntos.

-Muchos científicos británicos están preocupados por el Brexit. ¿Qué les espera en el futuro cercano?

-La Royal Society reclamó bastante para que Gran Bretaña siga siendo un lugar que atraiga a los investigadores y el gobierno está escuchando esa preocupación. Estamos en el comienzo de las negociaciones, pero ya hubo un anuncio inicial de que los que hayan vivido cinco años en el país tendrán la opción de obtener la residencia permanente.

-Ustedes recibían cuantiosos fondos del programa de la Unión Europea. ¿Qué ocurrirá con el presupuesto dedicado a la ciencia en su país?

-Sí, ha habido una colaboración tremendamente exitosa con nuestros socios del continente. Pero, antes que nada, Gran Bretaña es un país europeo, no nos vamos del continente, sólo dejamos la Unión Europea y terminaremos con una nueva relación de algún tipo. No sabemos cómo será, pero eso se discutirá en los próximos 18 meses. La ciencia será parte de esa discusión. Desde mi punto de vista, una parte muy importante, pero soy científico, por supuesto. Nuestro presupuesto para la ciencia ha estado aumentando en los últimos años. Es de alrededor de 1,9% del PBI y se anunció que esa cifra crecerá a 2,4% en 2026, con una meta a largo plazo de llevarla a 3%. Es un aumento enorme.

-¿Como científico, cree que sería positivo que más investigadores se incorporaran a la política?

-No hay garantía de que buenos científicos sean buenos políticos. Creo que lo que necesitamos es gente que entienda lo importante que es la ciencia y la ingeniería. No es necesario ser científico, hay que aceptar la evidencia de que esas disciplinas son verdaderamente importantes. Precisamente, una tarea crucial del asesor científico es asegurarse de que los políticos entiendan lo importante que es la ciencia.

-Usted investiga la fusión nuclear, ¿cree que llegaremos a ver su aplicación práctica?

-Bueno, ya se puede hacer funcionar un reactor de fusión nuclear, pero por un tiempo muy cortito, porque no contamos con los materiales que pueden contener los procesos de erosión que ocurren durante la fusión. Entendemos la dinámica del plasma -muy bien, de hecho-, pero todavía no tenemos los materiales que pueden contenerlo durante meses. Si llegamos a eso, el premio serás fantástico. Si esto ocurrirá en nuestra vida... no estoy seguro, no creo. Pero a medida que progresemos surgirán todo tipo de nuevas tecnologías.

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