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Recluidos en un bar del aeródromo, los familiares esperan

Desde el lunes pasado unas 50 personas están en San Fernando

Viernes 28 de julio de 2017
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LA NACION
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"Ahora hay que esperar, rezar y tener fe", susurró ayer una mujer mientras su mirada se posaba sobre la pista del aeródromo de San Fernando. Cualquier ruido de un helicóptero o de un avión que aterrizaba en el lugar despertaba cierta inquietud. O, al menos, obligaba a los familiares y allegados de los tres jóvenes desaparecidos desde el lunes pasado a asomarse tímidamente fuera del bar del lugar. Alguna noticia esperanzadora podía llegar desde esas aeronaves, pero pasaban las horas y no había más información que la oficial.

Los familiares podían permanecer varios minutos mirando a través del enrejado que divide la pista de la terminal aérea. Algunas personas lo hacían solas, pero la mayoría se movía en grupo. No querían hablar con la prensa. Se disculpaban por tomar esa decisión y continuaban unidos, en ronda.

Hace tres días que el bar del aeródromo se volvió una especie de centro de comando para los desesperados familiares de los pilotos Matías Ronzano y Emanuel Vega y el pasajero Matías Aristi. Cada tanto, un integrante del comité de crisis -conformado especialmente para dar con el paradero del avión turbohélice bimotor desaparecido- se acercaba para contarles la evolución de la investigación. "No se descarta ningún llamado", explicaba un hombre ante la atenta mirada de unas 20 personas.

El silencio solemne de los oyentes era suficiente señal de un estado de preocupación que crecía minuto a minuto. Los rostros de los familiares denotaban tristeza y angustia. No había mucho por decir.

Contención

Según pudo saber LA NACION, desde que comenzó la búsqueda de la aeronave los familiares de los tripulantes se quedan en la terminal del aeródromo hasta última hora de la noche de cada jornada para regresar al otro día antes de que amanezca.

La soleada jornada de ayer era una buena excusa para salir del pequeño bar y pasar más tiempo al aire libre. Rodeados de varios efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), los familiares caminaban por el estacionamiento del aeropuerto. Fumaban. Hacían llamadas telefónicas. Se abrazaban con otros allegados que arribaban al lugar para darles una palmada de contención.

En ese permanente movimiento de personas se entremezclaban pilotos que se acercaban -por amistad o por una cuestión de compañerismo- para ofrecer su experiencia o, simplemente, para decir presente en esta instancia de incertidumbre.

Desde la ANAC les facilitaban un número de teléfono para que se comuniquen y sean anotados como posibles "recursos" en la búsqueda coordinada, informaron las fuentes consultadas por LA NACION.

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