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Cardona pidió la camiseta N° 10: ¿Cómo les fue a los últimos enganches de Boca?

El máximo exponente fue Riquelme, aunque Federico Insúa tuvo una etapa destacada con Basile; Tevez también la usó, pero con otro rol; la ida de Centurión le dejó el camino libre al colombiano

Viernes 28 de julio de 2017
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Edwin Cardona con su compatriota Wilmar Barrios, en un entrenamiento en Ciudad del Este
Edwin Cardona con su compatriota Wilmar Barrios, en un entrenamiento en Ciudad del Este. Foto: Prensa Boca

"Si está disponible, la voy a usar con muchísima responsabilidad. Dios quiera que se dé. Sería muy feliz y me sentiría halagado". A Edwin Cardona no le tiembla la voz. Asume el desafío. ¿Cuál? Ser el dueño de la camiseta que cualquier jugador quisiera usar en Boca: la 10. Con Ricardo Centurión en Italia, el colombiano tendrá la misión más difícil. La de convencer a los hinchas. Y, por su personalidad, pareciera que la presión no influye negativamente en su figura: "Sé lo que significa ese número para ésta institución, por eso me voy a entregar al máximo". Y muchos ya lo comparan con Riquelme, aunque no le guste escuchar eso. Eso habla de la confianza ciega que hay en su calidad técnica, la cual creen que iniciará una nueva era: la del sucesor de Román.

Así como han pasado muchos N°9 que no han sabido sobrellevar la presión de la ausencia de Palermo, tras las idas del ex enganche (2001, 2012 y 2014) es mínimo el número de jugadores que han sabido suplirlo a Riquelme ya sea desde su ubicación en la cancha como en el número. Nadie pudo igualar su estilo tan particular y talentoso, pero sí hubo algunos que cumplieron con el rol.

Federico Insúa, sin dudas, fue el enganche más exitoso luego de que el ídolo boquense partiera al Barcelona. Boca encontró de la mano del Pocho cuatro títulos: la Recopa, Apertura y Sudamericana 2005 y el Clausura 2006, en el que el equipo de Basile consiguió el bicampeonato doméstico en Bahía Blanca gracias a un tiro libre de quien además no le pesó la N°10. Por eso lo vendieron al Borussia Mönchengladbach de Alemania en 2,5 millones de euros y el equipo sintió su partida. Luego, en su vuelta en 2009, esa versión fantástica del Pocho quedó lejos.

Carlos Tevez también usó la 10, pero siendo delantero. Y dejó un gran recuerdo con sus goles y títulos obtenidos en su primera etapa: 39 gritos y 5 títulos (Apertura, Libertadores y Europeo-Sudamericana 2003, y Sudamericana 2004) para ser ídolo. Desde que retornó en 2015, se coronó tres veces más con la 10, pero mucha gente no le perdona haber rifado la camiseta por los millones de dólares en China. Y no hay que dejar de lado a Centurión, que tomó lo que el Apache había dejado vacante con mucha personalidad y le llenó los ojos de fútbol a los hinchas a partir de sus gambetas rápidas y atrevidas.

En un nivel intermedio se ubican Pedro Iarley y Nicolás Lodeiro, dos extranjeros que dejaron una buena imagen pero que no alcanzó para transformarlos en los hijos pródigos de Riquelme. El brasilero salió campeón del mundo contra el Milan en 2003 y le hizo un golazo con jogo bonito a River en el Monumental, un mes antes de viajar a Japón. Mientras que el uruguayo ganó dos títulos (Torneo y Copa Argentina 2015) y también logró, con un gol suyo, ganar en Núñez.

Sin embargo, son mayoría los que no se lucieron y, por lo tanto, van quedando fuera de la memoria de todos. Tras la primera salida de Riquelme, la 10 fue vestida también por Ezequiel González (2003), Leandro Gracián (2007) y Guillermo Marino (2006), jugadores que no se adaptaron como se esperaba y que, en consecuencia, fueron dueños del número emblema por poco tiempo. Por su parte, en la presente década, hubo algunos chicos del club que intentaron hacer de Román y no lo lograron: Leandro Paredes, Luciano Acosta y Alexis Messidoro. Sólo resta ver qué será del futuro de Gonzalo Maroni, a quien también comparan con Riquelme y que ya debutó ante Arsenal, en el torneo pasado, con un gol y una actuación destacada.

Si la parcialidad xeneize extraña instintivamente a Román, es porque quienes vistieron la 10 con éxito no mostraron la visualización, la pegada, la protección de la pelota, la inteligencia y el glamour de un típico enganche. Cardona tiene esa posibilidad, porque reúne todas esas condiciones. Obvio, no es Riquelme. Pero tiene un parentesco con el jugador que admira. Lo dejó en claro durante esta semana en Ciudad del Este, donde Boca está haciendo la pretemporada: pases filtrados, técnica para dominar y trasladar el balón, violenta y precisa media distancia y golazos: uno a Guillermo Sara, a quien desparramó en el césped con un amago en el mano a mano; otro, cacheteándola para que, de vaselina, le deje el gol servido a un compañero.

Ya sin Centurión, el ex jugador de Monterrey podría conseguir que Guillermo Barros Schelotto pase a jugar con un enganche, aunque él se siente cómodo en cualquier posición del medio campo. Por eso, en la práctica de fútbol de ayer, el técnico lo probó de volante interno junto a Fernando Gago y Wilmar Barrios. Y no es descabellado: Edwin, además, jugó con otros cinco jugadores que para el cuerpo técnico hoy son titulares: Rossi, Jara, Insaurralde, Pavón y Benedetto. Todo un mensaje.

La 10 está vacante y Cardona está preparado para usarla. Con el objetivo claro de guiar al equipo. Pero también, para darles a los hinchas los mejores recuerdos de Riquelme.

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