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"Yo robot": un reemplazante para lo peor de nuestras rutinas

La inteligencia artificial avanza sobre la idea de que uno pueda desligarse de las tareas que no le gustan para que las realice una máquina

Sábado 29 de julio de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: Javier Gonzalez Burgos

La consulta se posteó tres semanas atrás en Stack Overflox, un sitio donde los programadores plantean dudas para que sus colegas les sugieran respuestas. Un experto en sistemas anónimo contó que 18 meses atrás había automatizado el trabajo para el cual lo habían contratado.

Como la tarea la debía hacer desde su casa, pasaba el día cuidando a su hijo y con dos horas semanales resolvía los objetivos por los cuales su empleador le pagaba 40 horas a la semana. Para borrar rastros, metía en el código algunos pequeños errores "humanos", que no pudiera haber cometido el algoritmo que había diseñado. El posteo produjo un intenso debate ético. El programador estaba asustado porque pensaba que si lo contaba, la empresa lo iba a echar y a prescindir de sus servicios. Hubo quienes lo condenaron (en particular nadie estuvo de acuerdo con borrar los rastros), pero otros lo alentaron a seguir, dado que cumplía el objetivo para el cual lo había llamado la empresa.

Se trata de un dilema cada vez más usual y que no está circunscripto a EE.UU.: en las oficinas porteñas de Accenture hay 200 robots que realizan el trabajo administrativo de 500 personas, y la firma tiene el compromiso de promover y recompensar a quien logra automatizar algún proceso.

Las noticias de 2017 de automatización e inteligencia artificial alternan entre juegos en los cuales las máquinas nos van ganando a los humanos (go, poker, etcétera) y tareas que van siendo asumidas por entes no humanos, desde el trabajo más aburrido hasta parejas virtuales que nos mandan mensajes durante el día para preguntarnos cuándo volvemos a casa y decirnos cuánto nos extrañan. Todos los días aparecen noticias o informaciones (algunas de dudosa comprobación) sobre la pérdida de trabajos humanos y el reemplazo por parte de los "robots" y algoritmos. Ni tan así, ni tan alejado...

En el caso de Alejandro Crosa, la actividad que le estaba colmando la paciencia y que decidió reemplazar en sus jornadas por un programa de computación fue la de tuitear.

"Tuve uno de esos días en los que se discuten cosas insólitas y sin argumentos en Twitter, me cansé y decidí armar un bot para que me reemplace por un tiempo, y así no tener que lidiar con conversaciones ridículas y repetitivas. ¡Fueron mis vacaciones de Twitter!", cuenta a LA NACION este argentino que desde hace diez años trabaja en Silicon Valley para distintas empresas de tecnología.

Peregrinaje al valle

Crosa llegó a la costa oeste de los EE.UU. en 2007, y desde entonces vive allí con su esposa y sus dos hijos. Trabajó en los inicios de LinkedIn, cuando la empresa tenía 300 empleados y creció en cinco años a cuatro mil trabajadores y 200 millones de usuarios. De allí se fue a Twitter, en 2013, donde lideró el proyecto del Mundial para iOS entre otras iniciativas. Actualmente está por lanzar una start up junto a ex compañeros de Twitter y LinkedIn, en el mercado para empresas, de lo cual no puede dar detalles porque está en etapa final de preparación.

Harto de pelearse en la red social, Crosa pensó que su reemplazo virtual debía ser alguien que hablara como él, tuiteara cosas parecidas y respondiera usando palabras que él suele utilizar (además de imágenes de memes).

"En un par de horas del fin de semana bajé todo mi historial de tuits, los procesé removiendo usuarios, URL, y demás; y finalmente pude armar una pequeña base de datos de unos 20.000 tuits. Como mi idea era armar una red neuronal y entrenarla con esos datos (estoy aprendiendo machine learning, una rama de la inteligencia artificial), agregué también algunos posteos que había escrito a ese corpus de tuits y algún que otro texto que encontré por ahí que había escrito anteriormente", explica.

Finalmente llegó el lunes y Crosa conectó el programa para que respondiera en Twitter como si fuera él. ¿Qué fue lo que aprendió de esta experiencia? (además de divertirse un montón):

1 - "No es descabellado pensar que con un data set muchísimo más grande y un entrenamiento mucho mayor le resultaría muy difícil a la gente diferenciar entre un bot o una persona real."

2 - "Ser reemplazado por un bot puede ser catastrófico si el bot tuitea algo que sea violento, misógino o directamente inapropiado usando tu identidad. Algún que otro tuit lo tuve que borrar porque me pareció inapropiado. De hecho un usuario bloqueo al bot pensando que era una persona".

3 - "Dejar un bot haciendo una tarea que a veces no nos gusta (responder tuits) es liberador y me encantaría en el futuro automatizar otros aspectos de mi vida de manera más controlada, creo que ahí hay muchísimo futuro e industrias enteras por explotar".

Por ejemplo, Crosa cree que estamos muy cerca de que "bots asistentes" nos ayuden a combinar una llamada o reunión a partir de una charla por WhatsApp, a partir del acceso al calendario de las personas que están chateando.

"El área de asistentes automatizados es muy interesante y tiene miles de aplicaciones que vamos a ver en breve", sostiene.

Entusiasmado por su experiencia de "Yo robot", el programador argentino que vive en Silicon Valley se propuso luego replicar la tarea pero con los tuits de Ricardo Fort. La iniciativa fue algo más difícil, porque el algoritmo tenía menos tuits sobre los cuales aprender (unos once mil), pero el resultado final, su creación "@ricartdobort", fue igualmente alentador.

En el medio, su álter ego virtual se peleó, fue bloqueado, tuvo interacciones absurdas y una larga conversación en la red social con un representante de Telecentro.

"Creo que vamos a ver cada vez más aplicaciones de este tipo de «inteligencia» que resuelve problemas tediosos o aburridos. A medida que evolucione más este campo de machine learning y las computadoras puedan hacer más tareas con igual o mayor efectividad que nosotros, vamos a poder usar ese tiempo libre que ganemos en cosas más interesantes para nosotros", cuenta Crosa.

Hay que ser cuidadosos porque hay experiencias recientes en las cuales los algoritmos, librados a su propio aprendizaje, escalan en violencia.

Ocurrió con el bot del Microsoft, que el año pasado se volvió nazi y empezó a defender a Hitler. Y Google difundió recientemente resultados de un testeo sobre DeepMind (su principal sistema de inteligencia artificial), en el cual se comprobó que sometido a situaciones de estrés y de juegos de cooperación, el sistema de algoritmos comenzaba a aplicar estrategias "altamente agresivas" para maximizar resultados.

"¿Es el comienzo de Skynet"? (en alusión a la superinteligencia maléfica de la película Terminator) se preguntó al reportar el estudio el sitio especializado Science Alert.

Si le sumamos a esto que la semana pasada el grupo ruso Kalazhnicov anunció que comenzará a fabricar máquinas para la guerra completamente autónomas (con redes neuronales de inteligencia artificial), tal vez no sea mala idea empezar a averiguar precios de refugios subterráneos.

sebacampanario@gmail.com

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