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Podemos y el PSOE vuelven a acercarse

Sus líderes quieren echar del gobierno a Rajoy

Domingo 30 de julio de 2017
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MADRID. El destino de Pedro Sánchez parecía escrito. A un socialdemócrata moderado, sin excesivo carisma, derrotado en las urnas dos veces en un mismo año y despreciado por los jerarcas de su partido sólo le cabía esperar el amargo camino del ocaso.

Apenas un año más tarde, Sánchez protagoniza una metamorfosis que agita la política española. Primero dio un vuelco hacia la izquierda reivindicativa, después consiguió recuperar el liderazgo del PSOE y ahora se acerca sin disimulo a Podemos, el partido de los indignados.

Son días de complicidad entre Sánchez y el fundador de Podemos, Pablo Iglesias. Una urgencia los empuja a tragarse los celos y la desconfianza que marcan su relación: ninguno de los dos está dispuesto a esperar mansamente a que el conservador Mariano Rajoy sostenido por una minoría parlamentaria complete los tres años que le quedan en el poder.

Por primera vez esta semana el líder del PSOE aceptó en público que podría plantear una moción de censura contra Rajoy en algún momento de este año, tal como lo anima Iglesias. Juntos no suman la mayoría absoluta que permitiría a Sánchez saltar a la presidencia del gobierno. Pero podrían conseguirla si atrajeran el voto de los partidos nacionalistas de Cataluña y del País Vasco.

El juego en tándem de los dos líderes de la izquierda segunda y tercera fuerza del Parlamento se formalizó en una "mesa de coordinación" que decidirá acciones conjuntas. Los gestos se acentuaron en los últimos días.

El jueves Sánchez e Iglesias acordaron presentar una moción para exigir que Rajoy comparezca en el Congreso a explicar en una sesión extraordinaria "los motivos por los que se niega a asumir responsabilidades políticas por los casos de corrupción que se han puesto de manifiesto en el Partido Popular (PP)".

Quisieron sacar provecho de una de las semanas más incómodas para el presidente, que debió declarar el martes como testigo en el juicio del caso Gürtel, el gran escándalo de la financiación ilegal del PP.

Sánchez exigió la renuncia inmediata de Rajoy. Iglesias dijo que el presidente no se va a ir solo "ni con agua caliente". Para él, sólo cabe forzar la caída con una moción de censura. El socialista recogió el guante: "Si hay que hacerla, que no lo descarto, será dialogada, consensuada, meditada y trabajada".

Sánchez e Iglesias insisten en que hay que "dejar atrás los errores del pasado". Se refieren a los traumáticos meses de 2016 en los que tuvieron el gobierno al alcance de la mano, después de unas elecciones en las que el PP salió primero pero sin mayoría suficiente.

Podemos votó en contra de la investidura presidencial de Sánchez. Forzó unas segundas elecciones y se estrelló. El PP formó gobierno al fin en noviembre con el apoyo de Ciudadanos y la abstención socialista. Antes, los coroneles del PSOE habían destituido a Sánchez, que se negó a convalidar otro turno de Rajoy.

Aquel gesto de intransigencia asfaltó su regreso al liderazgo. Los militantes le dieron un triunfo claro en las primarias de mayo sobre la favorita, Susana Díaz, presidenta de gobierno de Andalucía.

Iglesias tuvo que recalcular. Se había radicalizado, con la idea de que un triunfo de la moderada Díaz lo dejaría a él como referente único de la izquierda. Sánchez podía opacarlo. Adoptó entonces la tesis de la "competencia virtuosa" con el PSOE. Es un postulado de su ex número dos y luego rival interno, Íñigo Errejón. Que lo explica así: "Tenemos que ser el motor que empuja a otras fuerzas a ir un poquito más allá de lo que habrían ido por sí mismas".

Rajoy mira el devenir de sus enemigos. Ya superó una moción de censura que le planteó Iglesias en junio, antes del cambio en el PSOE. Si la próxima amenaza fuera seria le queda el recurso de llamar a elecciones anticipadas. "No hay nada como una campaña para dinamitar un pacto en la izquierda", ironizan en su entorno.

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