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Venezolanos exiliados protestaron en Buenos Aires contra la Constituyente de Nicolás Maduro

Convocados por un grupo de organizaciones, se manifestaron en la Facultad de Derecho para rechazar una elección que podría atornillar al presidente en el gobierno

Domingo 30 de julio de 2017 • 17:21
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LA NACION
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La protesta en la facultad de Derecho
La protesta en la facultad de Derecho.

Hoy, los venezolanos votaron desde temprano en una elección controvertida y repudiada por gran parte del país: la Asamblea Constituyente, señalada por el presidente Nicolás Maduro como el único medio para instalar un nuevo orden y terminar con la crisis. Sin embargo, desde la oposición sospechan que esta medida, pensada para dictar una nueva Constitución, es un artilugio del bolivariano para evitar las elecciones presidenciales y eternizarse en el poder.

Muchos venezolanos que se exiliaron en los últimos años llamaron a un rechazo mundial a esta Constituyente, que podría posponer las elecciones del año próximo y dar más aire al mandatario, presionado por un descontento social que crece con los días.

En Buenos Aires , un grupo convocado por las organizaciones Sin Mordaza, SOS Venezuela, Venezuela Global, Voluntad Popular y Venezuela es Una, entre varias más, se juntó en las escaleras de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires con banderas, con carteles, para hacerse oír y enviar un mensaje duro al mandatario bolivariano: "No más dictadura ".

Venezolanos exiliados protestaron contra Maduro
Venezolanos exiliados protestaron contra Maduro.

" Venezuela era un país en que la gente podía vivir en paz y prosperar. Un país que fue admirado como un modelo de bienestar social y libertad. Que tuvo una de las economías más fuertes de la región y que hace apenas dos generaciones tenía la moneda más importante seguida apenas después del dólar. Y por supuesto, nunca olvidar, fue el país del suelo con las reservas de petróleo más grandes del mundo", dijo para abrir el acto Gustavo Ramírez, representante de Sin Mordaza en la Argentina .

Luego, para explicar las razones de la debacle actual, advirtió: "Yo nunca he visto, nunca he estudiado ni he escuchado acerca de niveles de corrupción, miseria, maldad y perversión tales como los que han sido exhibidos por la falsa revolución bolivariana".

Ramírez habló así, sin filtros, ante las más de cien personas que le hicieron frente al frío y a la lluvia para dejar en claro que aunque en estos momentos no están en el país, sí están del lado de sus compatriotas.

Morela Pérez fue una de ellas. Integra el colectivo de 35 mil venezolanos que están en la Argentina. Llegó a Buenos Aires el 10 de diciembre de 1992 pero nunca se olvidó de sus hermanos, de sus sobrinos, de su patria. "Estoy acá para acompañar a mis coterráneos en su lucha a favor de la libertad de Venezuela y a favor de la disolución de esa locura de la Constituyente", dijo en diálogo con LA NACIÓN.

"Están haciendo una elección totalmente ilegal. Esto no va a resolver los problemas del país, la inflación, la falta de comida, la infraestructura industrial destruida, la infraestructura comercial destruida y la altísima corrupción de los pocos que están gobernando", agregó.

A metros de ella sostenía una bandera amarilla, azul y roja Jesús Guerra, un joven que llegó al país hace apenas cuatro meses, justo antes de que estallaran las protestas de la oposición. Al explicar por qué decidió irse, aseguró: "Me fui por la falta de empleo, por la inflación que crece y porque no hay oportunidad para los jóvenes de planificar, crecer, ayudar a las familias, tener alimentos y medicamentos en nuestras casas. Mi madre está enferma, tiene 74 años y no consigue los remedios que necesita".

Lo mismo le sucede a Leonor Silva, que llegó a Buenos Aires en marzo y con el corazón partido en tres: una parte está en Venezuela, junto a sus padres que ya son grandes; otra en Estados Unidos, donde viven dos de sus hijos: y la última acá, en la Argentina, país en que se exiliaron sus otros dos hijos.

Al compartir su historia con LA NACIÓN debió parar, callarse, respirar profundo para no largarse a llorar. Sólo después pudo seguir. "Me fui porque se hizo invivible. Uno de mis hijos es periodista y fue perseguido por el oficialismo. Es difícil. A veces me angustio yo comiendo aquí y pensando en mis padres, que tienen más de 80 años y que no sé si tienen alimentos para comer", dijo.

Sobre la votación de hoy, sobre las filas que se vieron en las imágenes difundidas desde el gobierno, Leonor alertó: "El patrón electoral es de 19 millones de personas. Según las encuestas, sólo el 20 por ciento apoya a Maduro. ¿Quiénes votaron hoy? Los empleados públicos, que están presionados porque si no votan los echan del trabajo y ¿con qué les dan de comer a la familia? Esa es la realidad".

La Asamblea Constituyente que se vota hoy, anunciada por Maduro en mayo, es uno de los últimos intentos del sucesor de Hugo Chávez por mantener las riendas de un gobierno que lidia con una de las peores crisis económicas y sociales que afectó a Venezuela: no hay productos de necesidad básica en las góndolas de los supermercados, las farmacias carecen de medicamentos y lo poco que se consigue está a precios desorbitantes, impactados por una inflación que alcanzó registros récord.

Ya en acciones, luego de la elección de los 545 asambleístas que sesionarán a partir del 2 de agosto, la Constituyente, una convención de representantes populares, tendrá la potestad de restar poder al Parlamento, en manos de la oposición desde diciembre de 2015; de reformar a la Fiscalía General, encabezada hoy por una de las figuras políticas del chavismo que se reveló a Maduro; y de posponer las elecciones que deberían tener lugar en 2018, entre varias cuestiones más.

Ninguno de los venezolanos que residen en el extranjero pudo votar en esta elección. El Comité Nacional Electoral determinó que los asambleístas debían elegirse desde cada provincia venezolana.

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