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Todos podemos darle trabajo a los sin techo

Lunes 31 de julio de 2017
PARA LA NACION
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Saber que otros sufren el frío extremo de estas noches de invierno, sin resguardo, nos hace sentir incómodos y por eso ahora es tema de "agenda". Conocer de qué cantidad hablamos cuando pensamos en la problemática de situación de calle es importante para pensar estrategias de atención, para analizar la temática y principalmente para "visibilizar" el padecimiento de muchos. Que estemos poniendo el foco en la realidad de más de 4300 personas -y según cifras oficiales, más de 1000- en situación de calle, es ya un hecho positivo.

El acceso a la vivienda no es fácil, la mayoría de las personas que se encuentran en situación de calle, atraviesan o han atravesado circunstancias de intermitencia en ella hasta llegar a adoptarla como hogar. Dispositivos habitacionales temporales como paradores nocturnos, hogares de tránsito, inquilinatos, pensiones y hoteles familiares, los han recibido "temporalmente" hasta que al final han quedado sin un techo.

Falta de redes de contacto

Entre los denominadores comunes en las trayectorias de vida de quienes padecen esta situación, no se pueden mencionar problemáticas de afecciones psiquiátricas ni antecedentes penales; éstos son sólo casos excepcionales. El denominador común es la carencia de recursos económicos y sociales. Económicos, por la falta de ingresos permanentes; y sociales, por la ausencia de redes de contacto que puedan amortiguar las caídas cuando el recurso económico falta.

Foto: María Lavezzi

¿Cuál es el medio por excelencia de obtención de los recursos económicos? Respuesta fácil: el trabajo.

Como protagonistas estrella en esta película de supervivencia están la falta de empleo y la precariedad laboral. El vocablo "desempleo" comprende a quienes se encuentran en la búsqueda activa de trabajo -actualmente más del 9%-, pero el desaliento también se constituye como protagonista. Son muchos, en particular los adultos de más de 40 años, los que -cansados de hacer colas interminables, gastar viáticos y recibir un "cualquier novedad lo llamamos"- dejan de buscar empleo.

A este universo se le suman quienes se encuentran subocupados involuntariamente, es decir, trabajan por horarios y salarios inferiores a los que desearían; trabajan en forma no registrada -más de un 30%-; se encuentran "parcialmente" registrados; entre otras formas de empleo precario que incide en las condiciones de existencia y, por tanto, condiciona el acceso a la vivienda.

El problema es que estas personas carecen de los recursos "reales" que requiere una incorporación laboral: un celular con Internet, un lugar de contacto, un CV impreso, ropa adecuada, pero principalmente canales de intermediación laboral efectivos que les permitan acercarse a demandas de empleo, y ello es el recurso más preciado: la información.

¿Qué podemos hacer entonces ante una realidad en la cual el mecanismo de integración por excelencia y de lucha contra la exclusión y la pobreza es el trabajo? Podemos revisar si existe algún tipo de complicidad involuntaria en la cual estemos cayendo sin darnos cuenta: la discriminación.

Cuando las búsquedas de empleo son sólo a través de canales electrónicos, estamos excluyendo a quienes no disponen de estos recursos tecnológicos; cuando proliferan limitaciones de edades máximas, estamos dejando fuera a quienes superan esas edades; cuando se piden niveles educativos o certificación de calificaciones que exceden las que requiere el trabajo, estamos excluyendo a quienes no los tienen; cuando la información de la vacante de empleo no llega a quienes más lo necesitan, se refuerza el circulo de la exclusión, la pobreza y las barreras de acceso al trabajo.

Pensemos y repensemos el lugar de la demanda de empleo. El segmento de los empleadores se constituye por grandes compañías, medianas y pequeñas empresas, pero también hogares particulares cuando contratan personal para refacciones, arreglos domésticos o para el cuidado de niños, ancianos y la limpieza de la casa. Es preciso que la conceptualización de igualdad de oportunidades en el acceso al empleo esté realmente internalizada en la cotidianidad de todos los actores involucrados. Cuanto más cerca de ello lleguemos como sociedad, menos serán las probabilidades de que la situación de calle siga siendo parte del paisaje urbano.

La autora es Directora del Programa de Intermediación laboral Cultura de Trabajo (ONG) e Investigadora del Centro de Estudios de Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET)

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