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Un juego condicionado por los nervios igual tuvo su recompensa

Lunes 31 de julio de 2017
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Salinas convirtió con personalidad el penal que le dio el 1-1 a Chacarita
Salinas convirtió con personalidad el penal que le dio el 1-1 a Chacarita. Foto: Télam

Había un grito atragantado. Una especie de angustia guardada durante siete años militando en la B Nacional y Metropolitana. Y ayer por la tarde todo se exteriorizó. Porque Chacarita festejó el retorno a la máxima categoría. Aunque sufrió más de lo imaginado?

Se sabía que la expectativa era enorme y que el estadio estaría colmado. Por eso, se abrieron las puertas más de tres horas antes de jugar ante Argentinos. Y los hinchas Funebreros colaboraron con la organización: a dos horas del inicio sólo restaba llenarse la tribuna visitante, la cual contaba con más de tres cuadras de público (local) esperando para el ingreso.

Nervios, ansiedad. La gente estaba confiada en los momentos previos al último compromiso del torneo. Desde los tres costados del estadio fue permanente el grito de "¡Chaca se va de la B!" y "¡Ya van a ver, a primera vamos a volver!". Había, en consecuencia, la necesidad máxima de las familias que estuvieron presentes de fotografiarse: tener el recuerdo de lo que sería un día inolvidable. Más aún cuando los jugadores del Tricolor saltaron al campo de juego, momento en que se encendieron los flashes para grabar un recibimiento fantástico con globos, papeles y fuegos artificiales equivalente al agradecimiento por tener la ilusión de ascender.

Pero claro, la confianza no sólo estaba puesta en el equipo de Walter Coyette, sino también en el de Gabriel Heinze. ¿Cómo? Ya ascendido, en Chacarita pensaron que el Bicho aceptaría el papel secundario de la película. Pero no: quiso ser el protagonista y le salió muy bien.

Los plateistas, contrariados por el desarrollo del juego, estaban fastidiosos, todos vieron el partido de pie. La fiesta era martirio. El local fue una bola de nervios tanto adentro como afuera de la cancha: impaciencia e intolerancia ante un desorden colectivo que duró 35 minutos en el primer tiempo, con los de La Paternal atacando, presionando las salidas, generando contínuamente situaciones y consiguiendo un 1-0 que asustó a todos. No se cantaba en las tribunas, sólo se escuchaban los reproches al aire por los flojos rendimientos de algunos jugadores. Tan mal estaba Chacarita que el gol de penal de Rodrigo Salinas sólo despertó a los hinchas unos pocos segundos. El nerviosismo volvió demasiado rápido.

El segundo tiempo fue más de lo mismo. Y la sentencia de que no había nada ganado ya era firme cuando Trípodi tapó un mano a mano haciendo la de Dios: "Argentinos no nos regala nada, eh", se escuchó en la platea. Si hasta se festejó cuando el Gringo decidió sacar a Barboza, el volante central del Bicho y la figura del partido, que estaba extenuado de tanto correr, meter y jugar.

La noticia de que Guillermo Brown no podía con Boca Unidos aportaba algo de calma. Y con ella, los fuertes abrazos y las incontrolables lágrimas de emoción de mujeres, chicos y chicas adolescentes y, sobre todo, de los hombres que supieron vivir otras épocas. Con los resultados consumados, el estadio explotó con un alarido en común: "¡Chacarita, Chacarita!". También fueron unánimes las ovaciones a Salinas, goleador con 30 tantos, y a Coyette, a quien alguno le agradeció desde lejos "por tanto fútbol".

El Funebrero ascendió y en unas semanas estará jugando en la máxima categoría. Los hinchas se fueron felices. Y mirando al cielo lluvioso repitieron la frase de una de las canciones patentes en San Martín: "Es para los viejos que te vieron campeón en la A".

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