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Iván Cosentino: un finísimo editor de la música grabada

Martes 01 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Fue uno de esos raros especímenes que surgen, de pronto, en el ancho campo de la cultura en nuestro país. Espécimen, como dice la palabra, porque fue un modelo, y además un ejemplar único entre la fauna periodística, por haber sido al mismo tiempo crítico de música en Clarín y compositor. Pero Iván René Cosentino trascendió espléndidamente tales insólitas facetas de rara avis: debe recordárselo con admiración y gratitud como el gran difusor de la mejor música argentina.

Cosentino fue, para la música grabada, un prócer tan memorable como lo fue para la música escrita Rómulo Lagos, fundador de la prestigiosa editorial que lleva su apellido, consagrado a rescatar las más altas manifestaciones de compositores, poetas y pintores. Lo decimos con gran orgullo e inmensa pena hoy. Porque se nos han ido dos paradigmas de idealistas desde los albores de la década del 60, que se consagraron a enriquecer nuestra vida cultural.

Cosentino: música de calidad
Cosentino: música de calidad.

Cosentino había fundado el sello Qualiton en Rosario en la época del disco de vinilo, antes de instalarse en Buenos Aires a fines de los 60, cuando creó su propio sello independiente (IRCO, sigla de Iván René Cosentino) para recoger las más inspiradas obras de la literatura universal de la música clásica y del género popular.

Ese afán quedó expresado en muchas de sus ediciones, entre ellas, el "Panorama de la Música Argentina" en 24 discos compactos con obras completas para piano de Julián Aguirre, López Buchardo, Ginastera, Guastavino y Juan José Castro; música para niños, del barroco americano o medieval, instrumental y vocal. En este sentido, fue memorable la publicación de una parte de la discografía de Pro Música Rosario, la agrupación dirigida por el eminente Hernández Larguía.

Editorial Lagos había publicado, desde los años 60, más de cuatro mil partituras de tango, folklore y otros géneros populares argentinos y de América latina, en ediciones impecables por su calidad de impresión, las carátulas de lujo, ilustradas por los más célebres pintores argentinos: Raquel Forner, Héctor Basaldúa, Josefina Robirosa, Guillermo Roux, Ricardo Carpani; en ese catálogo se encuentran obras de Guastavino, Leguizamón, Yupanqui, Piazzolla y otros.

Entre esa obra destaca la edición del Romance de la muerte de Juan Lavalle, obra escrita por Ernesto Sabato con música de Eduardo Falú.

Cosentino fundó, además, otros sellos independientes de prestigio: El Arca de Noé y La Caja de Pandora.

Nacido en Rosario en 1935, Cosentino fue un elegido. Sorprende recorrer su trayectoria, empezando por su condición de compositor popular con "Juancito Laguna remonta un barrilete", con poesía de Hamlet Lima Quintana, y "Canción del centauro", con Armando Tejada Gómez. Es, apenas, una anécdota en su vida de músico que desde 1953 estudió piano, armonía y pedagogía con el maestro Erwin Leuchter; se perfeccionó en formas musicales con Hans Schultis; en dirección y práctica coral, con Pedro Valenti Costa, en el Colón; en musicología, con Carlos Vega; en técnica y dirección de grabación, con Welle Weersma, de la compañía Philips. Sus condiciones pedagógicas se manifestaron en el Conservatorio Nacional y la Escuela Nacional de Danzas. Fue, además, director nacional de Música y Educación Artística.

Como periodista ejerció la crítica de música en Clarín entre 1966 y 1976; escribió también en Convicción y en las revistas Ars y Satiricón.

Iván René Cosentino murió anteayer en el hospital Güemes, en las primeras horas del día, como consecuencia de un ACV. Sus restos fueron cremados ayer al mediodía en el cementerio de la Chacarita.

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