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Parque

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Martes 01 de agosto de 2017
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Foto: AP / Marijan Murat

Los parques de diversiones guardan un carácter paradojal. Son el territorio del sueño, una fábrica de ilusiones donde los niños liberan sus fantasías, pero también el escenario de infinidad de escenas de terror. Nada sabemos de lo que ocurrirá con estos niños, que parecen disfrutar del juego de la aerosilla en Alemania. Hay una deliciosa novela del escritor argentino Pablo de Santis, El inventor de juegos, cuyo comienzo sucede en un parque: después de probar suerte en el tiro al blanco, su protagonista recibe como premio una revista que lo invita a crear un juego. Su invención es sencilla: en un cuaderno en blanco, los participantes deben anotar lo que desean en el futuro. Lo que sigue es una extensa sucesión de aventuras que produce en los lectores un derroche de imaginación, la imaginación que sólo nos permitimos en la infancia. Difícilmente con los años nos conmueva esa misma excitación, la ilusión de que, apenas soñarlo, todo es posible.

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