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El jockey que hace tantos kilómetros en las pistas como en los aviones

Jesús Rosales, tucumano de 35 años, corre en la Argentina, Emiratos y China; hizo una diferencia económica, pero no vivirá de eso

Martes 01 de agosto de 2017
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LA NACION
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Rosales representó al país en Emiratos y China
Rosales representó al país en Emiratos y China.

Dubái, China, Abu Dhabi, Buenos Aires, Santiago del Estero, Tucumán. Es definitivamente un derrotero sinuoso, pero así se armó la bitácora de Jesús Rosales este año. Y apenas van siete meses. El jockey tiene sus bases en los extremos de esa lista. La afectiva, en Tucumán, donde nació; la otra, en Emiratos Árabes Unidos, es el lugar en el que encontró la tranquilidad para trabajar sin más estrés que el de cada carrera, sin tener que pelearla cada mañana y cada tarde aquí, en Buenos Aires, donde la competencia sobra.

Acaba de pasar por el pesaje tras una carrera en Palermo porque Rosales dejó intactas las relaciones que frecuenta a esta altura del año, cuando el sol incendia Dubái y obliga a la hípica a tomarse un respiro. "Fui a Tucumán apenas llegué y enseguida a Santiago, para correr en un clásico. Tenía una oferta de Qatar, así que en abril estuve allá, después de correr en China. Hay carreras miércoles y jueves ahí y querían que me quedara todo el mes, pero ya tenía los pasajes para irme a España de vacaciones. En Santiago ganamos el Clásico Autonomía con Bay Orp. Ya lo había ganado el año pasado", cuenta el jinete. ¿Se habrá olvidado de algún destino en el medio?

Rosales representó al país en Emiratos y China
Rosales representó al país en Emiratos y China.

El tucumano tiene un contrato el gobierno de Dubái y una vez por año pasa por China desde hace cinco temporadas; la de 2018 será la última. "Llevan jockeys de todos lados: Francia Inglaterra, Sudáfrica... En la presentación me dan la chaquetilla con los colores de Argentina y hacen una carrera para competir con los jockeys chinos [Chengdu Dubai International Cup]. Es una linda experiencia", detalla y califica como espectacular la cancha del hipódromo Jinma Lake, de Chengdu, provincia de Sichuan. "Es todo de primera. Las carreras son oficiales y los chinos quieren incorporar a sus jockeys a la competencia internacional, por eso piensan en llevarlos a Dubái. Tienen uno bueno, que estuvo corriendo en Japón. El hipódromo es fantástico, pero como había muchas carreras y se estaba jugando demasiado, el gobierno los achicó, y abren para que corramos nosotros. Ése no es el hipódromo más importante de China. No firmamos un contrato aparte del que tenemos con Dubai Racing Club, pero los premios son muy buenos y cobramos el 10%, como es normal". Montado en Muhtaram, Jesús ganó en Jinma Lake el Meydan Classic (1600 metros), en un final tremendo de pescuezo, pescuezo y cabeza entre los cuatro primeros.

Quién lo habría dicho: el chico que dejó Trancas, a 200 kilómetros de San Miguel de Tucumán, es todo un trotamundos, metido en una profesión de la que no hay vestigios en su ascendencia. Ni uno. Emilse, con quien se casó el año pasado después de cuatro de relación, es de su mismo pueblo. "Acá tengo a mi mamá, mi hermano, todos en Trancas, igual que la madre de Emilse. Nos comunicábamos por Internet al principio. Conocía a la familia. Nos casamos en Trancas. Solamente a Qatar y China viajo solo, pero ahí estoy una semana, diez días", cuenta.

Rosales hizo la diferencia económica por la que se arriesgó a la aventura asiática, lejos de su gente, e invirtió aquí en algunas propiedades. "No digo que vamos a vivir de eso en el futuro; tengo 35 años y todavía me queda un par antes de pensar en volver a la Argentina", expresa. Cuando llegó hace diez años, recomendado por el veterinario Gonzalo Albornoz (hoy en Abu Dhabi), tal vez no haya imaginado semejante permanencia. Poco después había llevado a sus colegas Carlos Sánchez y Carlos Sandoval. Por años fueron el "trío argentino", el que vivía algo alejado de Dubái para estar cerca de las pistas donde los tres trabajaban; el que elegía el gran Frankie Dettori cuando jugaban al fútbol. Pero no todas son noticias halagadoras en ese deporte, al menos para Jesús: "Jugamos un par de veces con los ingleses, mezclados, y Ryan Moore [uno de los mejores jinetes del mundo] le dijo a Nico Iguacel [entrenador criollo]: «Hay uno de los argentinos que la rompe, no podíamos agarrarlo; otro corre para todos lados, y el otro juega poquito, es mejor como jockey». Ése era yo", recuerda, entre risas.

Sin planes a largo plazo, el jinete asegura: "Vuelvo si Dios quiere a Dubái. Soy el único que quedó [alude a Sánchez y Sandoval, que lo acompañaron varios años]; se volvió también Pedro Robles [otro tucumano] que estuvo un tiempo. Corro para varios studs, y con el mismo cuidador desde el primer año, Abdallah Al Hammadi, tienen caballos árabes y unos pocos puros. En China trabajo con Maria Ritchie. Ahora vivo en el centro de la ciudad, cerca del Dubai Mall. Se puede ir caminando. Tenemos todo ahí".

-¿Por qué vos te quedás y los muchachos volvieron?

-Sánchez se vino porque tenía el bebé y ya pensaba en que iba a ir al colegio. Y al cerrar el establo para el que trabajábamos [el de Hamdam bin Mohamed, el hijo del sultán de Dubái], Sandoval no quiso buscar mucho, y además tiene mucha familia acá.

Lo cierto es que permanecen pocos argentinos de tan vieja data en el emirato. Se destaca Nico Elustondo, veterinario de una de las caballerizas más grandes y del entrenador sudafricano Mike de Kock. También está Albornoz en Abu Dhabi, y el uruguayo Mario Castro, que trabaja con el jeque Hamdan.

Hasta agosto, Rosales seguirá en lo suyo aquí, donde es "Chisus". "Me gusta correr acá. Llego, me pongo a trabajar y corro de vez en cuando. Monto para Carly [Etchechoury], Saval, Bortulé, Molina. Ahora me voy a Tucumán a correr un clásico con la gente de Santiago, de los studs Las Cuatro Hermanas y El Cacique, pero no voy a Trancas", señala. Como si pisar su pueblo le sacara la cabeza de Dubáai para siempre.

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