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Como Icaro: el doping de la Guerra Fría

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 02 de agosto de 2017
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"Los controles antidoping son como creer en la Biblia"
"Los controles antidoping son como creer en la Biblia". Foto: S. Domenech

"Los controles antidoping son como creer en la Biblia". Grigory Rodchenkov habla en "Icaro". El científico del Kremlin dopó y extorsionó durante años a los atletas rusos hasta que escapó a Estados Unidos. Testigo protegido del FBI, habló primero con The New York Times y luego vendió su historia a Netflix, que pagó US$ 5 millones por el documental. Icaro será estrenado el viernes, con el inicio del Mundial de Atletismo. En Londres, un programa radial preguntó a sus oyentes si creen que el Mundial será limpio. Casi el 70 por ciento respondió que no. Ayer, el Mail on Sunday publicó que el 34 por ciento de los finalistas que compitieron hace cinco años en el atletismo de los Juegos de Londres tuvo alguna vinculación con el doping. Eso sí, no estará Rusia. Habrá atletas de ese país, pero bajo bandera neutral. Ni siquiera podrá sonar música rusa en el ringtone de sus celulares. La Rusia de Vladimir Putin fue suspendida gracias a las confesiones de Rodchenkov.

Bryan Fogel, director de Icaro, ciclista amateur, inició su filme al modo de Super Size Me, el documental de 2004 en el que Morgan Spurlock sólo come Mc Donald's para demostrar los efectos de la comida chatarra. Fogel se dopa como Lance Armstrong. Quiere mostrar que los controles siguen siendo tan inútiles como en los tiempos del ciclista tejano, que superó 500 exámenes durante 15 años y sólo cayó por la delación de sus compañeros de equipo, que se dopaban igual que él. Fogel, californiano de 45 años, contrata a Rodchenkov. "Curioso que haya buscado a un ruso cuando vive en el país que sufrió cinco de los diez principales escándalos en la historia del doping y en el que sus tres principales Ligas profesionales (fútbol americano, béisbol y NBA) tienen doping masivo y ni siquiera están bajo control de la WADA (Agencia Mundial Antidoping)". Lo dice Alan Moore, especialista irlandés radicado en Moscú. Con Rodchenkov, añade Moore, Netflix tiene su "nuevo Pablo Escobar".

Moore conoció a Rodchenkov en 2010. Una tenista suya temía dar positivo tras medicarse por un resfrío. Rodchenkov, a cargo del laboratorio WADA en Moscú, le pidió 3500 dólares para salvarla. Moore buscó más víctimas de Rodchenkov. Atletas inclusive a los que el médico les vendía su cóctel de drogas. Rodchenkov fue arrestado. Intentó suicidarse y cambió prisión por psiquiátrico. Fue rehabilitado en 2012, cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) lo invitó a Londres para que viera los sistemas antidoping de los Juegos. Retomó como Director del Laboratorio Antidoping en Moscú. Su cóctel, perfeccionado, ayudó al deporte ruso que ganó los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi.

Volvemos a Icaro. Fogel dice hoy que cuando él habló por primera vez con Rodchenkov, el científico ruso ya sabía a lo que se exponía. "Creció bajo el comunismo. Todos se dopaban, su propia madre le inyectó esteroides", contó Fogel a The Guardian. Estimó que, seguramente, Rodchenkov ya planeaba escaparse en 2012 y comenzó a guardar evidencias. "¿No pensaste hacer un filme aparte sobre mí?", le pregunta a Fogel al inicio de Icaro. En diciembre de 2014, la cadena alemana ARD hace estallar la primera bomba. "Los secretos del doping: cómo fabrica Rusia a sus campeones". Un año después, el primer informe WADA, del abogado canadiense Richard McLaren, identifica a Rodchenkov como el "cerebro del doping de Estado en Rusia". Icaro cambia su trama. "Teníamos una bomba nuclear", dice Fogel. El protagonista del documental pasa a ser Rodchenkov. En febrero de 2016 muere de modo inesperado Nikita Kamaev, ex director de la Agencia antidoping de Rusia. "Bryan -advierte Rodchenkov a Fogel- estamos jugando el juego más peligroso en la historia del deporte".

Fogel refugia a Rodchenkov en su casa de Los Ángeles. El COI y la WADA, asegura el periodista inglés Nick Harris, sabían todo ya en 2013. Pero sus expertos, como los muestra Icaro, se toman la cabeza cuando Fogel les expone detalles del doping masivo en los Juegos de Londres 2012. De varios países. Y de varios deportes. Peor cuando Rodchenkov le cuenta a The New York Times el agujero que permitía cambiar los frascos en el laboratorio de los Juegos de Sochi. "Esta historia -admite la crónica del Times- no pudo ser verificada por fuentes independientes".

Moscú, derrotada, se queja porque Rodchenkov, "un delincuente", tuvo el trato que jamás recibió Renee Anne Shirley, la jefa de la Comisión Antidoping amenazada en Jamaica tras denunciar la ausencia de controles internos en el país del formidable Usaín Bolt. Al Icaro de Netflix no lo quema el calor, sino la Guerra Fría. "Sólo cazamos a los arrogantes o a los ignorantes", se lamenta Richard Ings, ex director de la Agencia antidoping de Australia. Es cierto. Los controles formales detectan cada vez menos casos. En el reciente Mundial de natación de Budapest apenas saltó, y por un control anterior, el argentino Martín Naidich. Brasil celebró el triunfo inédito de Etiene Medeiros. La nadadora había dado positivo en 2016. Un tribunal brasileño la absolvió de modo fulminante. Etiene tenía que competir en los Juegos de Río 2016.

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