Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El día que Chiqui Tapia perdió la chance de ser grande

Miércoles 02 de agosto de 2017
0

Perdió la oportunidad de ser grande. Chiqui Tapia, su conducción, la llamada “nueva AFA”, tenía una inmejorable ocasión de mostrarle al fútbol argentino y a la sociedad la voluntad de estar empezando un camino distinto, lejos de los vicios que oscurecieron los últimos 35 años dirigenciales bajo los lineamientos de Julio Grondona. El presidente ciertamente no votó para el veredicto del escándalo Riestra-Comunicaciones, pero pensaba como la mayoría del Tribunal de Disciplina: que el partido debía seguir. Que los 5 minutos son más justos que actuar con la ecuanimidad que exige el caso. Una medida que lo exime de quedar globalmente antipático con el fútbol del ascenso. Justamente su bastión, el que lo catapultó a la conducción de la entidad. Acaso si el que invadía y le pegaba a un rival era un jugador de un club de Primera, y ese mismo club agrandaba las áreas, cometiendo una suerte de doping (trampa al fin), le hubiera sido más fácil aplicar un criterio lógico. En definitiva, penalizar al tramposo: Riestra.

Hubo seis miembros que debatieron qué era lo más apropiado. Una jornada de idas y vueltas. El fallo salía. Después no. Más tarde sí. Demasiados intereses. Demasiado lobby. Las urgencias postergaron el asado de rutina. Las señales que deja este veredicto no son óptimas. Justo cuando el fútbol argentino toma contacto con nuevas empresas para la televisación de su producto, por ejemplo. ¿Cuál es la seriedad que se esgrime desde la conducción? ¿Qué imagen se da?

Buscar atajos legales en la aplicación de tal o cual artículo para tomar una determinación u otra debiera enrojecer de vergüenza a los involucrados. Si el problema es que el informe del referí no incluye la invasión y agresión del jugador de Riestra (Leandro Freyre), siempre hay margen para aplicar el sentido común: darle a Paulo Vigliano la posibilidad de ampliar el informe, con mayores elementos de los que dispuso en la tarde del descontrol.

Para eso, la AFA debió apartarse de sus tristes tradiciones. Hay argumentos contundentes en este caso para no emitir un fallo acomodaticio. No es solución aplicar sanciones a futuro. No sirve que Deportivo Riestra conserve el 2-0 en esos 5 minutos y que todos sepan que va a descender en 2018 por los 20 puntos que se le descontarán. Tampoco una suspensión al invasor-golpeador-encapuchado. Y no alcanza que los hinchas deban ir a otro estadio por tener suspendido el propio. Porque Comunicaciones, que felizmente no cometió infracciones en áreas adulteradas, ya fue perjudicado. Le dan 5 minutos de gracia, sí, y con eso algunos entienden que basta para lavarse las manos. No: no basta. Los partidos irregulares deben ser contemplados como tales. Y no aferrarse al “los partidos se ganan en la cancha” como medida de todas las cosas. Huele a rancio.

Queda saber qué hubiera pasado si los miembros del Tribunal, mayoritariamente, se inclinaban por la sanción a Riestra y el ascenso de Comunicaciones: qué actitud habría tomado Tapia. Un final abierto a interpretaciones. Todas posibles.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas