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Lo fácil es pegarle a Neymar; lo difícil, decirle "no" al PSG

Miércoles 02 de agosto de 2017 • 11:36
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Llega un jeque árabe y te ofrece todo. Todo. Un sueldo inimaginable, beneficios sin límite y ser la gran estrella de un equipo que tarde o temprano ganará la Champions League.

A ver quién es el guapo que le dice que no. Pegarle a Neymar por dejar el Barcelona es fácil, darle la espalda a París, más difícil.

En el Barcelona, un equipo que históricamente se siente cómodo en el victimismo, comparan ya a Neymar con Figo, aquel extremo portugués que dejó el equipo catalán para irse al Real Madrid. Cuando volvió al Camp Nou le arrojaron una cabeza de lechón. El escándalo del "cochinillo" aún se recuerda en España.

Pero aquello era de entrecasa, uno de los primeros golpes de Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, en su incesante construcción de poder en el fútbol español. Esto, lo de Neymar al PSG, es otra cosa, es la definición clarísima de al menos tres fuerzas futbolísticas planetarias: en Barcelona manda Messi, en París el jefe será Neymar y en Madrid, si el affaire impositivo no lo lleva a otro lado, Cristiano Ronaldo. Hay movimientos también en Manchester, Munich, Turín y alrededores, pero Barcelona, París y Madrid concentran ahora por muy buenas razones la atención.

¿Qué la Liga francesa es fría y menos competitiva que otras? Muy cierto, pero el proyecto que sostiene Qatar no apunta a ese noble y discreto campeonato, sino a Europa y a una eventual Liga intereuropea superadora de la Champions. El dinero no es problema en absoluto para los jeques: el único problema que tienen es el límite que les impone la UEFA con el fair-play financiero. Y en eso está Nasser Al-Khelaifi, el ex tenista de 43 años que maneja el PSG y es además presidente de la federación de tenis de su país, de BeiN Sports y uno de los hombres más ricos del mundo. Alguna solución encontrará.

No hará frío en París para Neymar, que en Barcelona estaba condenado a ser segundo de Messi. En la capital francesa lo espera un nutrido grupo de brasileños, entre ellos Dani Alves, el mismo con el que que tras el reciente casamiento de los Messi se tomó un avión desde Rosario rumbo a Brasil a las 4.20 de la mañana. ¿Destino? Una fiesta after-hours. Quién puede dudar de que París también será una fiesta.

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