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El espíritu de Muni ignora los “hubiese”

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 03 de agosto de 2017
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Recién había concluido la intensa final del Nacional de Clubes de rugby cuando Germán Schulz, Puma que juega para Tala, de Córdoba, se enfrentó a un grupo de chicos de su club que estaba apenados por la derrota ante Hindú: “A veces se gana y a veces toca perder, así es este juego”, les dijo el wing, mirándolos a la cara. Los jugadores de Tala ya habían dado otro ejemplo, formando la calle para agasajar el poderoso de Don Torcuato, que acababa de consagrarse en ese torneo por tercera vez consecutiva (vean todo lo que puedan lo que fue el primer try). Alejandro Voltan, hombre de rugby de Belgrano Athletic, se encargó de publicar en su muro de Facebook otra acción que refleja lo que es el espíritu bien entendido del rugby: la actitud de Guillermo Albrisi, fullback cordobés, quien tras recibir un cabezazo de un rival (el TMO consideró que era para amonestar, aunque pudo ser expulsión) no se quejó, no pidió sanción ni después buscó venganza. Estos gestos fueron agua bendita para el pataleo que se generó luego en sitios y redes sociales alrededor del cabezazo de Mariano de la Fuente y sobre si una roja en vez de una amarilla “hubiese” cambiado el rumbo del encuentro. Esos gestos, al fin, aniquilan a los “hubiese”.

A los cultores del rugby del Club Ciudad de Buenos Aires no los detuvo ningún hubiese. Por eso, pasado mañana estarán cumpliendo un largo y maravilloso sueño: la inauguración de la segunda cancha, que lucirá a metros de la única que estuvo desde 1983 hasta hoy. “Tuvimos un muy buen apoyo de la nueva comisión directiva del club, pero la gran mayoría de los gastos los afrontamos desde el rugby”, cuenta Patricio Rodríguez Graham, capitán general del rugby del club.

Muni o Ciudad, como se lo conoce al club de Núñez, es un polideportivo que tiene como deporte emblema al hockey sobre césped, especialmente el femenino, cuna de Leonas. El rugby, que empezó a jugarse en 1938, nunca alcanzó un plano destacado. Peor aún: su única cancha muchas veces quedó destruida después de que el club encontrase una excelente veta económica con la realización de recitales. En ese peregrinar, las distintas divisiones debieron buscar otros lugares para entrenarse o para jugar los campeonatos de la URBA.

“La segunda cancha, que de ahora en más será la principal, nos servirá no sólo para tener más facilidades internas, ya que queremos que sea la cancha de todos, sino para tratar de ampliar nuestro número de jugadores, que actualmente ronda los 400, de los cuales la mitad son 200 infantiles”, agrega Rodríguez Graham, quien como varios de la subcomisión de rugby presentan una particularidad: no jugaron en Ciudad. En su caso, la vida de jugador transcurrió en Gimnasia y Esgrima y en Liceo Militar.

El rugby de Ciudad de Buenos Aires ya había inaugurado hacía dos años un gimnasio propio, al cual se le efectuaron distintas remodelaciones mientras se iba construyendo la cancha, que se empezó a fines de 2015 y se detuvo a mediados del año pasado, para retornar las obras en los últimos meses. “Fue un trabajo muy difícil, porque hubo que cortar una cancha de fútbol de césped sintético y, además, la tierra no era lo suficientemente apta”, añade Rodríguez Graham, quien concluye que jugar todos estos años en una sola cancha “fue una locura”.

Ciudad, que juega en la Primera B de la URBA, está de fiesta. A Muni lo empujó el espíritu del rugby, que es el antónimo del hubiese.

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