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Un avance que requiere un debate social amplio

Jueves 03 de agosto de 2017
El País
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Hay resultados científicos que son importantes porque resuelven un viejo enigma y hacen así avanzar nuestro entendimiento del mundo. El que conocimos ayer lo es porque abre un nuevo mundo a la medicina del futuro próximo. La enfermedad hereditaria que los investigadores eliminaron en embriones es relevante en sí misma: una cardiopatía congénita. Pero lo esencial es que esta técnica de edición genómica se puede usar también sobre cualquier otra de las 10.000 enfermedades causadas por la mutación de un solo gen.

Un avance que requiere un debate social amplio
Un avance que requiere un debate social amplio. Foto: Archivo / Universidad de Michigan

Cada una de ellas afecta a tan pocas personas que resulta muy difícil encontrar financiación para investigar por separado. Hay algo que tienen en común: se deben a la mutación de un gen en alguno de los padres y, por tanto, todas son susceptibles a una estrategia de reparación genética. Y, como demuestra este trabajo, ya disponemos de esa estrategia. Se llama Crispr, y resulta tan eficaz y costeable que ya puso al alcance de la ciencia actual la erradicación de las 10.000 enfermedades raras que se deben a la mutación de un solo gen. Esto son grandes noticias.

Sin embargo, hay que dedicar el resto de este artículo a evitar un entusiasmo prematuro, y la consiguiente decepción. Para empezar, estamos hablando todavía de ciencia básica. Con embriones humanos, sí, y reparando unos genes que causan enfermedades humanas concretas. Los embriones se han curado, pero no se han implantado en ninguna mujer. Llegar a eso va a requerir no sólo mucha más investigación fundamental, sino también un amplio debate social y, llegado el caso, unas reformas legales sustanciales en todos los países que legislaron sobre embriología.

Todas estas naciones tienen prohibida la modificación genética de la línea germinal (las células que dan lugar a los óvulos y los espermatozoides, y los propios embriones que resultan de su fusión). Hace 10 o 20 años esa prohibición parecía lógica, pero ahora supone un escollo formidable para el avance de la biomedicina. Si los ciudadanos decidimos apoyar estos avances, habrá que cambiar las leyes luego de un debate racional en el Parlamento. Si decidimos lo contrario, estas investigaciones no podrán llegar al paciente.

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