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Singapur, donde el futuro es hoy

Entre Malasia e Indonesia, se convirtió en una de las naciones más desarrolladas del mundo y en una de las capitales turísticas del sudeste asiático, todo en apenas un par de generaciones

Domingo 06 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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¿El mundo de Ávatar? No, Gardens By the Bay, el fantástico eco parque de Singapur
¿El mundo de Ávatar? No, Gardens By the Bay, el fantástico eco parque de Singapur. Foto: Pierre Dumas

Es como estar en la película Avatar; it looks like the woods in Avatar; c'est comme sur Pandora? En todos los idiomas, el comentario es el mismo. Cada noche, un rato antes del atardecer, los senderos del parque Gardens by the Bay se colman de gente para asistir al mágico momento en que el cielo se oscurece y los grandes árboles de ramas metálicas se iluminan con miles de puntos multicolores. ¿Quién inspiró a quién? ¿Singapur al cine o el cine a Singapur? Todos piensan en lo mismo: los bosques fluorescentes de la película de James Cameron. No hay otro lugar en el mundo que se pueda comparar con estos jardines, los avatares más recientes de una ciudad futurista con ribetes extravagantes.

Singapur es un atajo entre distintas culturas de Asia. Un destino de diversión, sabores y compras. Un adelanto de lo que viene, donde hoy ya es mañana. Se nota, por ejemplo, en la organización de la sociedad, tolerante y multicultural; en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías; en la concepción de los transportes; en la conciencia ecológica de los ciudadanos; en la idea de progreso y búsqueda de bienestar que anima a las autoridades. Para los turistas, este mundo de ciencias que dejó de ser ficción se hace realidad al instante con el Marina Bay Sands, el museo de las Artes y Ciencias, el distrito financiero, el subte plurilingüe, el cuidado de los espacios públicos y por supuesto en Sentosa, la "isla de la diversión".

Frente al espectáculo de luces de Gardens by the Bay, un viajero que conoció Singapur en los años 70 cuenta a sus hijos su primer viaje, cuando todavía había mercados flotantes, vendedores ambulantes y rickshaws en las calles, junto a productos de mala calidad en las vidrieras de pequeñas tiendas que indicaban que el mundo desarrollado estaba muy lejos de aquella isla escondida en los confines de la península de Malaca. Al escucharlo, uno diría que pasó por aquí hace siglos o que se ha equivocado de país. ¿Es posible que Singapur haya cambiado tanto en tan poco tiempo?

En Singapur, el pasado es más pasado que en otros lugares, sin embargo las guías aseguran que quedan reductos del alma atemporal de la ciudad: templos, mercaditos chinos y hasta ciertos productos que no cambian nunca, como el Tiger Balm (el famoso Bálsamo del Tigre, un remedio chino que se elabora en Singapur y no en China).

¡No durians, please!

Un lugar lo cuenta todo: por qué el tiempo se aceleró de esta forma, por qué los isleños tienen tanta conciencia ecológica, por qué apostaron de manera tan radical a la excelencia y el progreso, y cómo transformaron una pobre colonia británica en el país que impulsa hacia arriba todos los índices de bienestar y desarrollo. Es la URA, la Urban Revedelopment Authority, un organismo oficial que demuestra que los milagros también pueden planificarse.

Una muestra permanente con paneles interactivos está armada sobre dos pisos en torno a una gran maqueta 3D de la ciudad. Es buena idea empezar allí una visita, tras quitarse algunas horas de jet-lag el primer día de viaje. Joséphine Weels, que guía por la ciudad grupos en inglés y chino (sus dos idiomas maternos), está en la URA esta mañana y explica: "Cuando mis abuelos llegaron de China, Singapur era todavía un rincón bastante pobre del imperio británico. Por suerte estaban el puerto y nuestra ubicación en el mapa. Fue la razón por la que Sir Raffles compró la isla al sultán de Malasia. Estamos justo en la encrucijada entre la Península y las islas indonesias, y sobre el pasaje entre el océano Índico y el mar de China".

La URA es una de las pocas pizcas de orgullo que los siempre medidos y amables isleños se permiten. La maqueta muestra cómo fue planificada la ciudad para sacar provecho de un territorio muy pequeño, sobre el que viven 5,5 millones de personas. En el resto del edificio se muestra cómo se planificó la transformación del pequeño país y cómo el liberalismo más extremo -acompañado por una férrea cultura del trabajo y el sistema educativo más exitoso del mundo- creó una nación muy rica y extremadamente educada. Sin olvidar que se trata de una de las plazas más visitadas de Asia (parece lejana la época en que el principal atractivo de Singapur eran sus estampillas).

Desde la URA, Joséphine recomienda ir Chinatown. Está a solo unos minutos. "En Singapur viven tres grandes comunidades. Los más numerosos son los chinos, luego los malayos y los indios. Queda una pequeña minoría de descendientes de colonos británicos y por supuesto siguen llegado muchos extranjeros, sobre todo para trabajar en bancos y en el sector financiero, la segunda plaza del mundo".

El barrio chino es la vidriera de la principal comunidad, tan numerosa que muchos ven a Singapur como un desprendimiento de China en la punta de Malasia, cuando es más bien una especie de Suiza ecuatorial y asiática: una sociedad multicultural, pluriétnica y cuatrilingüe.

El emblema más llamativo de la presencia china es el reluciente Templo de la Reliquia del Diente de Buda. En el corazón del Chinatown, es una construcción imposible de pasar por alto. Es a la vez un lugar de culto, visitado por su reliquia, y un museo de arte con piezas históricas del budismo. El edificio en sí es una joyita. Brilla y reluce como si hubiera sido pintado la noche anterior. Luego de recorrer los espacios permitidos, la visita sigue -dependiendo de la hora- por el Hawker Center cercano (un patio de comidas chinas muy económico y popular) o el mercado.

Se trata de un pequeño barrio de calles angostas que abren paso entre puestos que venden todo lo que se puede esperar en un mercado chino. Los pasillos están techados por farolitos de color rojo. La guía hace una parada frente a un puesto de frutas. "¿Sienten algo?" El olor es muy intenso, por decirlo de manera elegante. Un cartel dice que son durians. Uno está partido por la mitad y muestra en su interior algo que podría pasar por una pechuga de pollo comprimida, blanda y clara. "En el sudeste asiático nos encantan los durians, pero muchos extranjeros ni se animan por el olor". Tanto que en las puertas de edificios, hoteles y lugares públicos hay carteles que avisan: No durians, please.

Joséphine conoce un atajo para probarlo: compra en uno de los puestitos un helado de palito y lo envuelve en un rainbow bread (una feta de pan de miga multicolor): "Así prueban una versión suave". Amor u odio al primer bocado. Nadie avisa que el gusto y el olor perduran por mucho tiempo más. De todas maneras, es mejor que probar algunos de los insectos secos o grillados que se venden como snacks en los puestos vecinos.

Decorado de Bollywood

Algunos pasos más, todavía en el Barrio Chino, y se llega a otro mundo, otra cultura y otros dioses. Se dice que hay más de mil lugares de culto en toda la ciudad y que todas las religiones están representadas. Varios dioses deben atender en Singapur para bendecirla con tantas bonanzas. Ahora se trata del Templo Sri Mariamman, una inclusión hindú al borde del mercado chino. Es el lugar de culto indio local más antiguo. Sus paredes y techos están cubiertos por estatuas de divinidades que tienen apariencia tanto humana como animal. Para los profanos, podría ser la puerta de entrada a un mundo de fantasías. Unas caras benévolas y otras austeras miran a los visitantes desde lo alto. Hay elefantes, tigres y vacas pintados de distintos colores.

El templo recuerda que la comunidad india es bien importante. El tamil y su rebuscado alfabeto es uno de los cuatro idiomas nacionales, y parte del centro de la ciudad es conocido como Little India. Allí, la avasallante modernidad no se llevó todo por delante y las calles siguen bordeadas de casas antiguas, que los ingleses construían para alojar en un mismo edificio a los obreros y sus numerosas familias. Las puertas y paredes lucen pintadas de colores vivos. Los balcones y las recovas siguen en pie y le dan un toque de decorado de Bollywood.

El mayor atractivo de Little India, más que cualquier edificio o templo, es el Mustafa Center, una gran tienda que nunca cierra y vende de todo. Realmente de todo. Sobre varios pisos, en subsuelos y ocupando un par de manzanas, es un laberinto de pasillos estrechos entre góndolas que ofrecen desde relojes suizos de lujo hasta miles de saris, chocolates de todo el mundo, herramientas de cualquier tipo, especias de todas las proveniencias, útiles escolares, electrónica, zapatos y muchas, muchas otras cosas.

El león de Asia

Singapur es un condensado de Asia: luego de los chinos y los indios, la tercera gran comunidad es malaya. Fueron los habitantes originales de la isla. Su idioma, escrito con alfabeto latino, es lengua oficial junto con el inglés, el chino y el tamil. La mezquita Masjid Sultan recuerda que son de confesión musulmana. El templo islamico está en Kompong Glam, un barrio de comerciantes de telas y ropa, pero también de pequeños bares de fachadas grafiteadas, que se pusieron de moda entre los jóvenes y los turistas. Cerca de ahí, la Colina Prohibida donde vivían los soberanos malayos fue transformada por Raffles en el centro del poder británico.

Raffles: es un nombre que vuelve muchas veces a lo largo de una estadía en Singapur. Thomas Stamford Bingley Raffles fue el militar británico que fundó la colonia y la ciudad en 1819. Su nombre es conocido en todo el mundo gracias al Hotel Raffles.

El hotel fue durante mucho tiempo el más lujoso de Asia y sigue siendo uno de los más elegantes del mundo. Una noche no está al alcance de cualquiera pero todos pueden regalarse un té -o un sling, el cóctel local- en sus jardines.

Se puede "recorrer" la India, China, Malasia y una perla del imperio británico en apenas unos kilómetros y un día por el centro de Singapur. Pero falta todavía mucho para ver. Por ejemplo, pasear a orillas del Sungai Singapura, el río que atraviesa el distrito financiero y luego subir a bordo de uno de los bumboats para desembarcar cerca del Museo de Ciencias y terminar el día en los Gardens by the Bay.

Habrá tiempo luego para caminar a lo largo de la avenida Orchard Road, pasar días en la isla Sentosa, visitar los parques de fauna y naturaleza y hacer un pequeño trekking de altura en las pasarelas suspendidas encima de los bolsones de bosques tropicales conservados en plena ciudad.

Los jardines y sus Supertrees son un lugar donde siempre se vuelve. Las vistas son hipnóticas: el hotel hace pensar en un gigantesco paquebote tirado encima de torres monumentales por un colosal tsunami; los Supertrees forman una selva de género inédito; las perspectivas no dejan descansar la vista un minuto. Siempre hay algo para ver hasta llegar a los gigantescos invernaderos del Flower Dome y el Cloud Forest. El primero recrea varios paisajes con plantas exóticas. El segundo edificio encierra una selva tropical en miniatura que trepa a lo alto de una montaña artificial desde cuya cumbre se desprende una impresionante catarata. Es un mini Iguazú totalmente artificial, visitado por legiones de novios que vienen a sacarse selfies románticas.

Algunos sectores del Marina Bay Sands son de acceso libre. Siempre que se pueda, hay que tratar de conocer su infinity pool, una pileta con vistas al vacío a más de 200 metros de altura, muy concurrida por lo general. Al pie del hotel están los muelles de Marina Bay. El río forma en ese lugar un ancho recodo en el cual se reflejan las torres del centro financiero (hay varias con observatorios abiertos al público).

Sobre el agua, hay negocios flotantes de marcas de lujo y un museo modernísimo de artes y ciencias, donde se puede probar el sistema Tango de realidad aumentada de Google. Unos tigres aparecen de improviso en los pasillos y las muestras se animan por medio de pantallas portátiles en préstamo en la entrada. Es uno más de los adelantos del futuro que nos depara Singapur.

Rascacielos y áreas selváticas, en armonía
Rascacielos y áreas selváticas, en armonía. Foto: Pierre Dumas

Del otro lado de la bahía, el pasado mira de cara al mañana. El Merlion -un léon con cuerpo de pez- es el símbolo nacional. Singapur significa, de hecho, la Ciudad del León. El tan comentado tigre asiático es en realidad un león? Una leyenda cuenta que un cazador avistó alguna vez un gran felino a orillas del río: un tigre seguramente, ya que no hay leones en esa parte del mundo. La confusión se transformó pronto en leyenda y la ciudad lo aprovechó para crearse un pasado mítico. El Merlion figura sobre cantidad de recuerdos y hasta cajas de chocolates (algunas con sabor a durian).

Pero pronto serán las 19.30 y no hay ningún león ni otra atracción que pueda rivalizar con los dos shows de los jardines que están por empezar. Cada noche a las 19.45 y las 20.45 en punto, mientras empieza a sonar una música de tintes orientales, las ramas de acero de los árboles se van iluminando con miles de leds de todos los colores. El espectáculo no dura más que un cuarto de hora. Suficiente para ser transportados hacia un mundo todavía por explorarse.

Datos útiles

Cómo llegar

No hay vuelo directo desde Argentina. El viaje más corto y económico es con las compañías del Golfo Pérsico; un viaje de un día completo y varias horas, según el tiempo de las escalas. Hay 11 horas más de diferencia entre Buenos Aires y Singapur.

Dónde dormir

La ciudad estado es mucho más cara que los demás países de la región en hospedaje, transporte y atracciones. Sin embargo se encuentran opciones para todos los presupuestos, desde los más económicos hasta los más lujosos como el Raffles o el Marina Bay Sands. Tener en cuenta los poshtels (hostels de lujo), una modalidad muy desarrollada.

Dónde comer

Los precios varían según los barrios pero son más bien económicos. En un food court de centro comercial o en el Hawker Center del Barrio Chino se puede comer por menos de US$ 10. En restaurantes de lujo la factura puede subir de US$ 30 a 50 por persona.

Cuándo ir

La mejor época: de mayo a septiembre, llueve menos pero las temperaturas son más altas. De noviembre a febrero, es la temporada de las lluvias de monzones. Los promedios mensuales a lo largo del año varían de 25 a 30°C.

Atención con...

Singapur exige la vacuna contra la fiebre amarilla a los turistas de América latina.

Divisa: la moneda es el dólar de Singapur. Actualmente la tasa es de SG$ 1,4 para US$ 1.

Transportes: Singapur tiene una red segura y eficiente de subte y buses. También hay barcos sobre el río en el centro. El ticket de subte cuesta de US$ 0,8 a 1,7 según la distancia. El Singapore Tourist Pass permite circular por toda la red. Hay varios precios según el tiempo (a partir de US$ 7 por un día).

Multas: no es una leyenda. Singapur es la ciudad de las prohibiciones y las multas elevadas. Hasta se pueden llevar de suvenir imanes que recuerdan que hay que pagar SG$ 1000 (más de US$ 700) por fumar en lugares prohibidos. Se pagan otros SG$ 500 por tirar colillas o basura en la calle. Hasta se pagan multas por no tirar la cadena en un baño público.

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