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Martín Gómez, el soguero que alcanzó fama mundial

Sábado 05 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Con la misma sencillez con que vivió, lejos de los homenajes oficiales, el viernes 28 de julio pasado dejó este mundo don Martín Gómez. Tenía 98 años, había nacido el 11 de noviembre de 1918, en la estancia El Espartillar en Chascomús, esa tradicional estancia, cuyas tierras le fueron concedidas por el gobernador allá por 1821 a doña Balbina Chávez, capturada como cautiva con nueve criados por los indios pampas.

En ese establecimiento su padre, don Alejandro Gómez, natural de Gualeguay, y su madre, la porteña Alberta Lamnda, eran puesteros. De muchacho trabajó en el campo para una familia inglesa; ganaba un peso por día cuando un par de alpargatas costaba 0.40 centavo, con lo que ayudaba como primogénito a esa familia de 16 hermanos.

Desde joven comenzó a trabajar el cuero, dedicándose de lleno, una vez jubilado. Lo trabajaba naturalmente "y lo ablando a golpes, no le echo ninguna química". Clientes de Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Italia y España le hacían encargos, entre otros, el mismo rey Juan Carlos de España, y algún trabajo de sus manos llegó al papa Juan Pablo II. Por la década del 50, recordaba en un reportaje, le enviaron desde Australia una encomienda a la estación de tren de Ranchos. Era una caja con cuatro cueros de canguro para que los trabajara "El cuero de canguro es similar al de la vizcacha o el chancho", explicó.

Primero en Villa Nueva y después en Ranchos, reconocía sobre su arte: "El secreto está en el momento que se le quita el cuero a la vaca: hay que tensarlo bien y que quede muy tirante y se lo deja secar. El tipo de cuero me dice para qué lo voy a usar. El cuero manda: no todo sirve para hacer una soga, un bozal o una rienda. Para el rebenque, por ejemplo, el cuero tiene que ser bien parejo. Yo hago las cosas para que duren. El enemigo del cuero es el cuchillo, hay que trabajar dando golpes con la mano", y él mismo fabricaba las herramientas con las que trabajaba.

A iniciativa del intendente de Ranchos, don Alberto Ferrante, en el Museo Histórico de esa localidad, se instaló un rincón de las sogas y desde el año 1969 por bastante tiempo don Martín los sábados a las dos de la tarde, en vez de dormir la siesta iba a dar clases gratuitamente a los que se interesaban en ese arte. Fue a partir de 1969 cuando obtuvo el premio mayor en ocho de las nueve muestras que se organizaron de artesanías en cuero crudo en el predio de la Sociedad Rural Argentina durante la exposición de Caballos Criollos, y en la restante obtuvo el segundo detrás de Ricardo González. Fue reconocido su arte por Augusto Raúl Cortázar, y obtuvo el máximo galardón en 1992 en la primera edición del Premio El Guasquero, propuesto por la Comisión de Cultura de la Sociedad Rural Argentina en ocasión de la Exposición de Palermo.

En marzo de 1978, el Fondo Nacional de las Artes organizó un acto para celebrar el Día del Artesano, allí obtuvo la distinción de "Artesano Representativo", representada en una medalla de plata que se conserva en el Museo Histórico de Ranchos, donde también se exhiben algunas de sus mejores obras. Con el mismo título, el Museo de Motivos Populares José Hernández lo distinguió en 1982 y la Academia Nacional del Folklore hace una década.

En su sencillo cuarto de trabajo, de anchos ladrillos, y piso de tierra, colgando del techo había cueros. A través de una ventana se veían las flores del jardín que él mismo cuidaba. En ese ámbito se sorprendía de la fama que había logrado a través de los medios de comunicación, haciendo las cosas bien como afirmaba enfáticamente. Me permití decirle que lo suyo no era fama, era prestigio.

Hace casi dos décadas, el reconocido guasquero Luis Alberto Flores escribía en LA NACION: "Las artesanías en cuero que elabora Martín Gómez, artesano que se halla entre los contemporáneos de mayor jerarquía, obedecen a un equilibrio en las proporciones y a la creatividad de diseño". No se equivocaba y don Martín, con su magnífica obra, seguirá por siempre honrando a su pago chico Ranchos y a la patria grande, y puede desde arriba afirmar "me tendrán en su memoria para siempre mis paisanos".

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