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Ángela Barbero. "Estamos en un punto cero, no sabemos qué pensar"

La angustia de la esposa de Matías Ronzano, el piloto del avión Mitsubishi que despegó el lunes de la semana pasada de San Fernando y no se tienen noticias

Viernes 04 de agosto de 2017
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LA NACION

LINCOLN.- Ángela Barbero se siente más fuerte por las mañanas, pero a la tarde todo se le hace más difícil. Se levanta y se acuesta pensando en su marido, el piloto Matías Ronzano, de 30 años. En dónde está, cómo está, qué pasó. Son muchas las preguntas y aún ninguna la respuesta. Pasaron diez días de búsqueda y, como ella dice, siguen en el mismo lugar que ese primer día, lunes de la semana pasada, en que se enteró que el avión turbohélice bimotor Mitsubishi que Matías piloteaba y en el que viajaban su amigo y copiloto Emanuel Vega, y el dueño de la nave y empresario Matías Aristi, había perdido todo contacto con el aeródromo de San Fernando, desde donde despegó. Ángela, licenciada en Genética, de 25 años, espera. Lo hace en Lincoln, en su casa, rodeada de familiares y amigos, mientras se ocupa de otra prioridad: cuidar a Margarita, su hija de diez meses. "Él quiere que ella esté bien", dice. En el paso de los días conviven con Ángela dos emociones. Esa incertidumbre que implica no saber si se trató de un accidente o si pasó algo más, pero que al mismo tiempo deja abierta la esperanza de recibir una buena noticia.

Foto por Fernando Massobrio
Foto por Fernando Massobrio.

-¿Cuál es la última noticia que tuvieron sobre la búsqueda?

-Más allá de toda la zona alrededor de Buenos Aires y las posibles rutas que pudieron tomar hacia Formosa, ayer se hizo una búsqueda intensiva en zonas más pequeñas según denuncias que van surgiendo de los vecinos, o de la última posición que se tiene del avión. Ya fueron rastrilladas, pero ahora lo hacen más intensivo como, por ejemplo, con drones. En las zonas que se hicieron ayer, según el último parte, no encontraron nada nuevo. La búsqueda es amplia y también se hace por agua. Hay zonas que no son tan profundas, debería verse algo.

-Se mencionaba que es una zona difícil por la vegetación frondosa?

-Dentro del Delta hay algunas partes que tienen bastante vegetación, pero nos explicaron que hay otras que son bastante pobladas. La gente algo debería haber visto.

-¿Cómo es la comunicación con las autoridades?

-Las familias que están en San Fernando manejan uno o dos partes diarios. Yo, que estoy en Lincoln, hablo todos los días con alguien por teléfono y nos mandan fotos con los mapas de la zona y detallado cada lugar. Pero de vez en cuando tratamos de ir para sacarnos dudas y ver qué se hizo. Y también que entiendan nuestra desesperación: van diez días y no se encuentra nada de nada. De nada es ni del avión, ni de los chicos, ni de su ropa. Estamos en el mismo lugar que el primer día.

-¿Cómo vivís esta espera?

-Yo me enteré el lunes [de la semana pasada] a la noche, como a las nueve, nueve y media, que estaban buscando el avión. Estaba desesperada porque estábamos reunidos en mi casa con la familia de Matías por el cumpleaños de su papá, y fue pasar de un clima de alegría a la tristeza total. No sé explicar cómo me sentí en ese momento: temblaba, y necesitaba hablar con alguien que me dijera que estaba bien. Y no fue así porque todo el mundo me decía estamos buscando, pero no sabemos nada, no tenemos más rastros. Fue terrible. La familia de Matías salió a la mañana siguiente para Buenos Aires y yo no sabía qué hacer. Por suerte mi familia me contuvo y me dijo: "No, vos quedate acá con Margarita [su hija], que es la prioridad". Y con el paso de los días vi que eso era lo mejor porque mi nena tiene diez meses y anda gateando por la casa, tirando los chiches, queriendo caminar. No me la imagino en el aeropuerto de San Fernando. Eso la estresaría un montón. Ella es la luz de los ojos de Matías y él quiere que ella esté bien. La prioridad es ella: para mí, para él y para toda la gente que lo quiere. Por eso trato de resguardarla.

-¿Fueron cambiando las expectativas con el paso de los días?

-Uno pierde noción del tiempo. Los primeros días estaba esperando que nos llamaran y nos dijeran: "Los encontramos, están sin vida", y se siente un desgarro impresionante, y tratando a la vez de estar bien por mi beba. Pero me resultaba muy difícil. Ella toma la teta y por la teta se transmite todo, así que era una presión mía sentirme bien. Con el paso de los días, si bien desespera que no se encuentre nada porque estamos en un punto cero y no sabemos para dónde disparar, ni qué pensar, ni dónde pueden estar, ni qué pueden estar pasando, si están tirados en medio de una vegetación o encerrados en algún lado, el no saber también te da esperanzas de que pueda haber pasado otra cosa y de que ellos todavía estén con vida. Y que estén perdidos o los estén reteniendo por alguna cosa, pero que en algún momento puedan lograr pedir ayuda o aparecer, o que alguien los vea. Esa es nuestra esperanza a diario.

"Creemos que están vivos"

Ignacio Aristi descarta que su avión, en el que viajaba a Formosa su hijo Matías, con el piloto Matías Ronzano y el copiloto Emanuel Vega, haya sido secuestrado, pero tampoco sabe qué pasó con la nave. "Creemos que están vivos", sostuvo ayer a TN al añadir que ni él ni su familia se van a resignar a dejarlos de buscar.

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