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Cervezas sin grieta: industriales y artesanales a la final

El Día de la Cerveza, hoy, se celebra con más opciones que nunca para disfrutar y pensar si el auge de las artesanales ayudó a que las industriales amplíen propuestas

Viernes 04 de agosto de 2017 • 12:48
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PARA LA NACION

No hace falta ser adivino ni prestar demasiada atención para darse cuenta de que la cerveza está en boca de todos. Y hoy, que se celebra el Día Internacional de la Cerveza, no está de más analizar qué es lo que pasa con esta bebida, una de las cinco más consumidas en el mundo. Primero están los que la beben: en la Argentina se consumen 41 litros anuales per cápita, un poco menos que los 57 que se toman en promedio en Latinoamérica, bastante más por debajo de los 67 de Brasil y mucho más lejos de los 147 con los que los habitantes de la República Checa solucionan sus problemas de hidratación. En segundo lugar están las aproximadamente 200 variedades de cervezas que existen en el mundo, y aunque en el país ni por asomo se encuentran tantas, cada vez hay más opciones. Y esto sucede por un hecho que pasa casi desapercibido: el diálogo -un diálogo tácito, invisible, sin palabras- que existe entre las grandes cervecerías y las cervecerías artesanales.

Hasta no hace demasiado tiempo sólo era posible encontrar dos variedades de cervezas en los supermercados. Las rubias tipo lager, las más consumidas por los argentinos; y las negras, las favoritas de los "excéntricos" que sabían apreciar sus matices. El cambio de perspectiva llegó con la explosión de las cervecerías artesanales -un boom del que incluso el candidato a diputado Esteban Bullrich se hizo eco, cuando argumentó de manera demasiado forzada que los desempleados deberían tener sus propios emprendimientos, como el de las cervezas artesanales. El crecimiento de lo artesanal -junto a la inclusión de la cerveza en el mundo gourmet, que amplió las ocasiones de consumo- obligó a las grandes cerveceras a modificar su catálogo por uno que estimule de otra forma las papilas gustativas de sus consumidores.

El cambio de hábitos de los fabricantes se trasladó a las góndolas y a los paladares. Según un estudio realizado por Cerveceros Argentinos, desde 2006 el consumo de las cervezas premium aumentó un 7%, por lo que el precio no parece ser un factor determinante. Además de poder encontrar más marcas, el consumidor encuentra más variedades. Hay rubias tradicionales, pero también más livianas o con más cuerpo. Existen las IPA (India Pale Ale), las Amber, las Porter, las Stout y las Pilsen. Y las que no tienen alcohol. Existen cervezas que se corresponden con cada región, preparadas con materias primas locales que le dan un sabor diferente, o con otros ingredientes como el trigo y la miel, o distintas variedades de lúpulo o de maltas con varios niveles de tostado. La cerveza ahora tiene notas cítricas y dulces, a chocolate y a malta. Todo eso se traduce en una paleta de colores y sabores inédita hasta el momento por fuera del circuito artesanal, un circuito que incluso ya tiene premios internacionales, como la medalla de plata que ganó la cerveza Lindenberg (del partido de 9 de julio) en Alemania.

Gigantes como Quilmes ofrecen, además de las distintas variedades de rubias, una Amber y su ampliado catálogo de cervezas negras Stout y Bock en diferentes tamaños, presentaciones y precios. También Isenbeck agrandó su familia con variedades Dark y Märzenbier, ambas oscuras, con cuerpo e intensas. Todas ellas, por supuesto, intentan imprimirle cierto espíritu artesanal que las diferencie. Patagonia, por su parte, conserva su lugar predominante en un espacio que comparte junto a marcas similares (no iguales) como Otro Mundo o Antares. Todas ellas producen cantidades suficientes como para estar disponible en los supermercados, pero con una variedad y calidad que las coloca a cierta distancia de las grandes cervecerías. "Desde Patagonia buscamos darle a nuestros consumidores cervezas nuevas y originales, que responden a estilos totalmente distintos a los que comúnmente se pueden conseguir en góndola, usando materias primas e ingredientes diferentes como sauco, café, pino y frutilla", dice Nicolás Morelli, director de la marca. A sus conocidas variedades Küne, Session IPA 24.7, Amber Lager, Bohemian Pilsener y Weisse, le suman aquellas que se tiran solamente en los refugios de Patagonia, y que sirven para reafirmar su discurso de que son una marca artesanal y no industrial.

Si es industrial o si es artesanal es la grieta que divide a muchos bebedores de cerveza, una grieta no exenta de cierto snobismo ni alejada de un fundamentalismo que afirma que todo lo que producen las grandes cervecerías es malo. "Nosotros no entramos en ninguna clase de disputa", explica Alejandro Berlingeri, Director Ejecutivo de Cerveceros Argentinos. "Las grandes cerveceras tienen un promedio de 15 mil controles de calidad por mes, que están durante todo el proceso, desde el sembrado de la cebada y el control de calidad de la semilla hasta el embotellado", agrega. Además tienen que cumplir con las habilitaciones de los establecimientos y de cada producto que allí se prepare (RNE y RNPA). El foco de la calidad, según Berlingeri, no está sólo en el sabor, sino en las condiciones en las que se elabora. "Con 41 litros per cápita por año, Argentina tiene mucho para crecer, y la variedad no persigue un mayor consumo de pocas personas, sino de ocupar el lugar de otras bebidas, porque la cerveza se adapta a diferentes ocasiones", agrega. Todavía nadie lo dice de forma explícita, pero lo cierto es que hay lugar para industriales y artesanales. Y hoy es el día de ambas.

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