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Mundial de Atletismo. Mo Farah puso de pie a Londres en una carrera contra los fantasmas: oro en los 10.000 para dejar de lado las sospechas

Mohamed Farah
Mohamed Farah.
Viernes 04 de agosto de 2017 • 18:00
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LONDRES.- Después de correr 10.000 metros en poco más de 26 minutos, se paseó por la pista junto a su familia. Se recluyó en los suyos, mientras la ovación bajaba de cada rincón del estadio Olímpico. A su lado no estuvo Alberto Salazar, su entrenador. Separado del equipo en medio de sospechas sobre sus métodos, ni siquiera fue acreditado. La relación entre técnico y atleta se enfrió. Acusaciones que hicieron sonar las alarmas de las agencias antidopaje. Mohamed Farah se quedó con el primer oro del Mundial de Atletismo , en una carrera contra sus rivales y contra los fantasmas. Aplastó al ugandés Joshua Kiprui Cheptegei y a los keniatas Paul Tanui y Bedan Muchiri en un final que puso de pie al público: aceleró, miró hacia los costados, levantó a la gente de sus asientos, cambió de ritmo y sentenció con un sprint mortífero en los últimos 400 metros. Con un tiempo de 26m49s51/100 logró el oro en 10.000 y ahora va por los 5000, en una semana que marca una especie de despedida: el somalí que corre bajo bandera británica dejará las pistas en cuestión de semanas e iniciará la transición para dedicarse al maratón.

Los aplausos a Usain Bolt , el hombre que se lleva los flashes en el Mundial, quedaron como un tibio reconocimiento al lado de la emoción que despertó el ídolo local. En otra noche para la historia, Farah redondeó un ciclo perfecto de títulos mundiales y de oros olímpicos. Sir Mo Farah acumula tres oros en los Juegos, con dos en 10.000 (2012 y 2016) y uno en 5000 (2016) y seis consagraciones mundialistas. Un dominio que empezó en 2010 a nivel europeo y que cruzó las fronteras del Viejo Continente en Daegu 2011.

"Fue increíble. Me emocioné un poco al principio, pero después pude controlarme. La idea de animar al público era para jugar con las cabezas de mis rivales. No fue una carrera fácil y tuve que trabajar muy duro en larga distancia y en velocidad", explicó, tras una nueva consagración.

Mientras los dirigentes del atletismo británico afirman que miraron a los ojos a Mo Farah y que están convencidos que "no es un tramposo", él se dedica a ganar y deja de lado las filtraciones y los informes. Esta vez, se sumó al primer pelotón en los 1000 metros y fue escalando posiciones hasta que en los 8400 empezó a mover sus brazos para escuchar el aliento del público. Volvió a hacerlo a los 9200. Utilizando a los aplausos como combustible para la estocada final. Y fueron los últimos 400 los que firmaron el mejor final, con roces con Tanui incluidos, y cara de fastidio por eso choques. Pero la sonrisa no tardó en llegar. Cruzó la meta confiado de la distancia que le había sacado a sus rivales, besó la pista del Olímpico y fue a buscar a su familia. Sus dobletes (5.000 y 10.000) mundiales en Moscú 2013 y Pekín 2015 y olímpicos en Londres 2012 y Río 2016 parecían suficientes para blindar a una figura que sigue vigente a los 34 años. Pero las sospechas en torno a Salazar y la filtración que hicieron "hackers", que publicaron documentos procedentes del banco de datos de la IAAF según los cuales habría sido suspendido por doping en 2015, lo pusieron bajo la lupa. Como en la pista, fue atacado desde todos los costados, pero él triunfó a su manera. Con el carisma de un fuera de serie.

La espectacular última vuelta

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