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La cultura 3D ya es parte de la vida cotidiana

Desde que aparecieron estas impresoras, hace tres años, surgieron nuevos usos; hoy se fabrican con ellas zapatos, lámparas, instrumentos y hasta los spinner

Sábado 05 de agosto de 2017
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LA NACION
Natán Aizenberg y Tomás Chernoff imprimen una lámpara en el taller de CHE3D
Natán Aizenberg y Tomás Chernoff imprimen una lámpara en el taller de CHE3D. Foto: Victoria Gesualdi / AFV

Hace poco más de dos meses, nadie en la Argentina conocía el spinner, el juguete más popular e inexplicable de los últimos tiempos. Bastó que algunos youtubers subieran a videos del artefacto giratorio para que se convirtiera en el nuevo objeto de deseo de niños y adolescentes en todo el mundo. Pero había un problema: no se conseguían en el país y aunque era cuestión de esperar unos días a que entrara algún contenedor de China con cientos de miles de estos dichosos juguetes, el furor por tenerlo hizo que muchos se pusieran a fabricar estos objetos de forma casera. ¿Cómo? Con una impresora 3D.

A muchos de los hacedores de esta tecnología les gusta decir que los primeros spinner que se vieron en la Argentina son hechos en el país con impresoras 3D. Un relato que mezcla algo de épica y de fantasía pero que, sin embargo, tiene lógica cuando se escucha de boca de los que formaron parte de ese proceso. "Ante el furor, la respuesta más rápida, antes de que llegaran las importaciones, fueron las impresoras 3D porque te permiten fabricar sin necesidad de una fábrica", dice David Cimino, ingeniero industrial y CEO de Chimak 3D, que diseña y desarrolla estas máquinas de impresión.

Lo interesante de la historia, y acaso lo más novedoso, es que por primera vez desde que la tecnología se instaló entre nosotros logró hacer frente a la demanda real y que pudo, al menos esos primeros días, satisfacer a un consumidor masivo en lugar de hacer foco en el de nicho. Y logró instalarse en la vida cotidiana de la gente, algo que parecía lejano porque la tecnología nació asociada más a usos médicos que domésticos. ¿Quién no recuerda la prótesis que Gino Tubaro, que no tenía ni 20 años, desarrolló en 2014 con impresoras 3D? Desde entonces, surgieron mil especulaciones acerca de las posibilidades que abría hacia el futuro esta herramienta. Para algunos, ese futuro ya llegó. Lo que ocurrió hace unos meses con los spinners fue una prueba cabal de lo que la impresión 3D es capaz de hacer si se tiene el expertise y el olfato comercial necesario. Pero para otros no fue más que un espejismo y, en todo caso, un camino que se aleja del ADN de esta herramienta: hacer productos personalizados, a medida y a baja escala. Ahora, lo que está en discusión, es hacia dónde evolucionará: si sigue siendo algo casi artesanal, circunscripto a un pequeño grupo o cultura de makers o se convertirá en una tecnología para llevar adelante un emprendimiento comercial.

Cimino, que se abocó por años a la fabricación de máquinas, ahora también apostó por la producción de calzado para bebes impreso íntegramente en impresión 3D. "Queremos extender la experiencia de la impresión 3D a la mayor cantidad de gente posible. Que el público se familiarice con la tecnología, que vea sus beneficios y que participe activamente de la creación del calzado", dice.

Por ahora la venta es a través de la plataforma web chimitas.com, pero el ingeniero apuesta a que en un futuro, en cada shopping, haya una impresora 3D que permita fabricarlas en vivo . "Se va a poder elegir el diseño, el talle, el color, apretar el botón y llevárselas listas en el momento para usar". La obsesión de Cimino ahora pasa por mostrar las aplicaciones que la tecnología tiene en la vida cotidiana. "Los zapatos para bebés son una muestra de esto. Pero vamos a ampliarlo a calzado para grandes y también hacemos lámparas y mates. Incluso hemos hecho tambores de batería", cuenta Cimino. Agunos de estos objetos pueden verse en facebook.com/404decor.

La tecnología de impresión 3D permite producir joyas personalizadas de altísima calidad
La tecnología de impresión 3D permite producir joyas personalizadas de altísima calidad. Foto: Patricio Pidal / AFV

Algo similar al "hágalo usted mismo" es lo que busca hacer el diseñador Sebastián Nill con su emprendimiento de joyas en impresión 3D Nill Designs. En un futuro, a través de una plataforma en Internet, asegura que será posible que la gente diseñe su propia joya y la reciba en su casa sin necesidad de contacto. Aunque no falta tanto para eso, hoy Nill recibe pedidos de los más variados: desde replicar el anillo de una abuela hasta los de algún personaje de la serie Game of Thrones en oro, plata y bronce. "Con la impresora hacemos el molde en resina termofundible, que tiene un acabado similar al acrílico, y a ese molde le ponemos plata, oro y bronce -explica Nill-. Existen máquinas que permiten imprimir directamente en estos materiales, pero están fuera de nuestro alcance. Por eso, después de investigar mucho, llegamos a esta solución intermedia, que nos permite hacer joyas a medida y totalmente personalizadas y de altísima calidad, con materiales nobles".

En el caso de Natán Aizenberg, diseñador industrial que trabaja junto a Tomás Chernoff, fundador de CHE 3D y uno de los pioneros en adoptar esta tecnología en el país, la comenzó hace un año y medio a diseñar y fabricar lámparas en impresoras 3D.El artefacto tiene dos piezas: el pie o la base que es de piedra y la pantalla hecha de un bioplástico a base de maíz. "Es una búsqueda de opuestos: el material más antiguo se combina con el más nuevo", dice Aizenberg, que a pesar de su costado emprendedor no deja de lado su espíritu maker: cada vez que necesita algo, en lugar de comprarlo, lo imprime. "Me hice un montón de utensilios de cocina, como una hamburguesera, y hasta un muñeco mío, con mi cara".

Sucede que la Argentina es uno de los países donde la cultura maker ha calado más profundo. En parte, porque la creatividad asociada a la necesidad ha sido siempre una característica muy nuestra. "Se popularizó mucho a partir de las piezas de aparatos que se rompían y no se conseguían o eran muy caras. Muchos empezaron a reemplazarlas con la impresión 3D. Eso hizo que la comunidad maker se hiciera muy dinámica y grande en el país", asegura Nicolás Berenfeld, cofundador de Trideo, empresa que fabrica impresoras, desde las más básicas de uso personal hasta las sofisticadas para uso industrial.

¿Cuándo explota?

La impresión en 3D incluso fue la solución que encontró el Club de Reparadores -un grupo itinerante que va por los barrios reparando cosas para ser reutilizadas- para volver a la vida algún objeto que parecía condenado a la basura. "Habíamos identificado que algunos caían en desuso porque les faltaba una parte pequeña -cuenta Melina Scioli, cofundadora del club-. Encontramos en la impresión 3D la solución a muchas de estas faltas aunque también hay limitaciones: si son piezas que están sometidas a mucha presión o fricción no se puede. Y tampoco las partes grandes. Igualmente, hay muchas que sí dan una buena respuesta. Hemos impreso partes de minipimer, la base de una juguera, patillas de anteojos y la pieza que une el trípode con la cámara". En el evento, que dura cuatro horas, hay un diseñador que modela la pieza en vivo y está la máquina, que es prestada por Trimaker.

A pesar de que muchos vislumbraban un boom en torno a la impresión 3D, y muchos emprendedores apuestan por esta tecnología, lo cierto es que todavía sigue siendo un sector muy pequeño y un terreno en el que hay mucho por hacer.

Berenfeld, que forma parte de la comisión directiva de la Cámara Argentina de Impresión 3D y Fabricaciones Digitales, una pequeña comunidad integrada por 30 empresas -todas pyme- cuenta que el sector busca hacerse fuerte y crecer en un contexto bastante incierto. "La mayoría son proveedores de servicios de impresión o diseño. Unas 10 fabricamos las máquinas y sólo dos son proveedoras de insumos", describe el fundador de Trideo. En un mes bueno, Berenfeld asegura que vende entre 10 y 15 impresoras.

Chimitas, el primer calzado infantil hecho con impresoras 3D en un termoplástico no tóxico, ya está a la venta
Chimitas, el primer calzado infantil hecho con impresoras 3D en un termoplástico no tóxico, ya está a la venta. Foto: Victoria Gesualdi / AFV

Pero, ¿por qué a pesar de todas las ventajas todavía no ha explotado la tecnología? "Ojalá que no explote, que crezca ordenadamente", dice Chernoff, de CHE 3D, que tiene una visión más romántica de esta herramienta. "El mundillo de la 3D está habitado por nerds, chicos que arman máquinas y ven qué onda. La verdad estamos aprendiendo sobre la marcha. Hay un proceso natural de evolución de la tecnología que estamos transitando. Y creo que al sistema en general no le conviene que se vuelva tan popular. A mí me emociona ayudar a alguien que viene a imprimir una férula a su papá, o que busca la manera de solucionar un problema que tiene y piensa que puede hacerlo con esta herramienta. Cualquier idea es viable siempre que creas en ella".

Natán por su parte, asegura que para que más gente se enganche con la tecnología es necesario evangelizar acerca de los beneficios de este modo de producción. "Sin duda, está hecha para emprendedores. No tenés que stockearte, sólo se produce al instante lo que se necesita. No hace falta invertir mucho, hacés el producto se pone a prueba en el mercado y se van haciendo distintas versiones de él hasta encontrar la mejor -sostiene-. No hay riesgos. Esto cambia la manera de comprar y vender. Todo puede ser customizado. Por ejemplo, los anteojos. Con un simple escaneo de la cara se puede hacer el anteojo perfecto para cada persona a un costo muy bajo."

A pesar de las ventajas de personalizar los objetos, la realidad es que muchos de los productos surgidos de la impresión 3D no han logrado todavía sumar valor. "Lo que pasó es que no lograron encontrar el valor agregado. La tecnología tuvo un boom y ahora se está equilibrando. En un principio se trabajó mucho en venderle a la gente pero no en agregarle valor a la gente", opina Iván Tabachnik, otro joven emprendedor que se enamoró de la tecnología a primera vista y fundó el marketplace Trisión, una plataforma donde se venden objetos hechos íntegramente en impresoras 3D. "A medida que se haga más caro producir en fábricas, la tecnología va a ser cada vez más demandada. Por eso estamos tratando de enseñarles a los diseñadores a usarla. Tiene mucho potencial y acá, en Argentina, hay una comunidad muy activa".

Además de los marketplace, otro de los canales que son amigables con la impresión 3D son los sitios de financiamiento colectivo, como Ideame. En esa plataforma, Andrea Cukier y su socio, encontraron no sólo la forma de financiar su proyecto de accesorios para zapatillas, Dress your shoes, sino también una manera de dar a conocer su emprendimiento. Lo interesante es que más allá de Internet, sus objetos -unos simpáticos gatitos- también se venden en tiendas de diseño.

"La gente se copó con el proyecto, lo apoyó desde la plataforma de crowfunding y ya nos piden que hagamos unicornios, pelotas, de todo. Y la verdad es que como es una tecnología superflexible se puede hacer cualquiera de estas cosas a medida", dice Cukier, que destaca que el acabado de este tipo de productos es la fusión entre lo artesanal y lo industrial. "Tiene una estética muy particular que a la gente le gusta mucho".

A pesar de la diversidad de objetos hechos con esta tecnología, nadie duda de que será difícil desbancar al spinner del lugar de producto insignia."La comunidad 3D supo aprovechar que se había vencido la patente su producción se liberó. Yo lo había visto en abril en una página de diseños y no le preste mucha atención. Pero después lo volví a ver en una nota en el diario y decidí hacerlo para el hijo de una amiga. Después se me ocurrió publicarlo en Mercado Libre. En una semana vendí más de 500", cuenta Diego Porpora, que fabrica máquinas y tiene un centro de impresión 3D en Palermo. Como él, fueron muchos los que se dedicaron semanas enteras a imprimir el objeto giratorio. Hoy ya casi nadie lo hace. La moda pasó, la demanda bajó y muchos de esos juguetes quedaron en algún cajón. Eso sí; muchos están atentos a ver cuál será "el próximo spinner". Saben que tienen la herramienta para satisfacer al instante caprichos consumistas como ese.

Los números detrás de la 3D

Impresoras

Están las más básicas, que pueden partir desde los 20 mil pesos, hasta las más sofisticadas que se utilizan en industrias, que cuestan 100 mil pesos. Fabricar una en casa puede salir unos 12 mil pesos.

Insumos

El kilo de filamento plástico, el material más usado, cuesta 350 pesos. Objetos de tamaño pequeño pueden llevar unos 20 o 50 gramos de material.

Hora de impresión

La hora puede costar entre 100 y 150 pesos, según la complejidad del trabajo.

Tiempo de impresión

El spinner demanda unos 30 minutos; el calzado infantil unas tres horas.

Producción de Natalí Ini

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