Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Historias de familia: literatura entre el duelo, la memoria y las revelaciones

Martín Sivak, Luciano Olivera y Ana Wajszczuk no sólo tienen en común haber publicado tres libros en el último mes: los une además el relato de la intimidad

Domingo 06 de agosto de 2017
SEGUIR
LA NACION
0

En la literatura, la reflexión sobre los vínculos familiares siempre representó una vía para que el pasado perdure en el eterno presente de las ficciones. Hasta La Ilíada se puede leer como un asunto doméstico resuelto de manera exagerada. En novelas de Beatriz Guido y Gustavo Ferreyra, pasando por las de Manuel Puig y María Teresa Andruetto, las tramas familiares se tiñen por influjo de circunstancias históricas y sociales.

Escritores de ficción y de no ficción encontraron en el propio archivo familiar historias que poseen acentos públicos. Javier Cercas, en El monarca de las sombras (Literatura Random House), recupera en clave novelística la historia de un tío falangista. "Escribo sobre ese pasado porque todavía es una dimensión del presente. Sin ese pasado, el presente está mutilado", declaró el escritor español. Karl Ove Knausgard, en Mi lucha (Anagrama), trasforma historias de familia en una saga moderna. Audacia y estrategias literarias se combinan para dar luz a nuevas especies narrativas.

En tres libros publicados recientemente, un episodio heroico de la Segunda Guerra Mundial, excursiones a décadas recientes del pasado argentino y una semblanza de los aciagos años de la posdictadura fueron abordados gracias a la proximidad de héroes íntimos. En los relatos de Aspirinas y caramelos (Tusquets), de Luciano Olivera, en Chicos de Varsovia (Sudamericana), crónica filial de Ana Wajszczuk, y en El salto de papá (Seix Barral), memorias de Martín Sivak escritas décadas después del suicidio de Jorge Sivak, los padres cobran protagonismo.

Una genealogía heroica

"El libro surgió años antes de ser siquiera una idea -cuenta Ana Wajszczuk-. En 2014, para una nota sobre los 70 años del Levantamiento de Varsovia, busqué y encontré a algunos sobrevivientes de Varsovia que vivían en la Argentina. La nota fue tapa de la revista dominical de LA NACION y, por cuestiones de espacio, tuve que dejar afuera la historia familiar." Ahí germinó el nuevo libro de la periodista y poeta nacida en Quilmes, que narra la historia de su familia y de esos sobrevivientes. "Inmediatamente pensé que tenía que viajar con mi papá, que es muy aventurero, y esta historia, desconocida para él, lo conmovió muy particularmente." Chicos de Varsovia incorpora poemas, cartas, mails, fotos, noticias de diarios y testimonios para acercarse a un pasado (y a una cultura) desde distintos flancos.

Escrito en primera persona, tiene como hilo conductor el viaje de una hija con su padre. "Me permitía pasar de lo particular a lo universal: todos somos hijos, a todos en algún momento nos interesa la historia de nuestro origen -dice la autora-. Y al ser una historia tan lejana y casi no contada en español, esa extrañeza con el lenguaje, el idioma y los hechos me ponía en la misma situación de extrañeza del lector." Uno de los aspectos más originales de Chicos de Varsovia es mostrar las formas en que el pasado sigue vivo. "Ésta es una historia con heridas aún abiertas y en el libro cuento enfrentamientos que tuve con algunos familiares. ¿A quién le pertenece la memoria? ¿Sólo a los que vivieron cierto hecho pueden opinar? ¿Los que fueron víctimas?" El libro tuvo una gran recepción en la Argentina y la ilusión de la autora es que pueda publicarse en Polonia. "Tiene una repercusión que no imaginé para nada, se reeditó en un mes y me emociona y sorprende la cantidad de mensajes que recibo, muchos de hijos o descendientes de polacos, pero también de personas que me dicen que se identificaron con la saga familiar y que el libro los impulsó a bucear en su propia historia." Chicos de Varsovia incluso sirvió de puente para que la historia de algunos sobrevivientes no se perdiera. "Es uno de los efectos que me fascinan de la no ficción, su capacidad de provocar movimientos palpables en el mundo de los hechos", agrega Wajszczuk. Para escribir su libro, señala que fue "fundamental" su paso por el taller de escritura de Leila Guerriero: "Es crucial tener el tema elegido en un puño, bien masticado, bien investigado: sólo así se empezar una narración que pueda aspirar a atrapar al lector".

Dos hinchas de Independiente

En El salto de papá, Martín Sivak reconstruye la historia del abogado (defensor de presos políticos) y empresario Jorge Sivak a partir de un hecho trágico: el suicidio del padre en 1990. Ese episodio signa la escritura y el tono, levemente elegíacos y matizados de afecto, que asumen las memorias del hijo sobre un padre insumiso, comunista y fanático de Independiente. "Me parecía improbable o incluso poco recomendable escribir sobre mi papá, sobre su vida, sobre su muerte, pero un día empecé a escribir y dejó de serlo -cuenta Sivak-. Entre ese impulso inicial y el fin del libro pasaron siete años." En ese lapso, el libro fue cambiando y el autor, sociólogo y periodista, incorporó a los recuerdos emotivos una serie de testimonios y episodios protagonizados por personajes públicos que enfocan un modo de hacer política en los años posteriores a 1983. Aunque el libro no es una biografía, la potencia de la figura del padre irradia en circunstancias históricas, muchas de ellas penosas, como el exilio forzado, el secuestro y el asesinato de Osvaldo Sivak (hermano de Jorge) y las rebeliones de los militares carapintadas.

"Se supone que los periodistas escribimos sobre temas de interés general -se lee al promediar El salto de papá- pero, en realidad, muchas veces lidiamos con las continuaciones públicas de nuestras conversaciones privadas." Sivak, autor entre otros libros de una biografía no autorizada de Mariano Grondona y de dos tomos con la historia del grupo Clarín, encaró una historia propia. "Para los que estamos acostumbrados a escribir sobre la vida de los otros es un acto extraño de exhibicionismo hablar de uno y de las personas que estuvieron o están cercas. Leí muchas memorias de padres, que son como un subgénero: de Edmund Gosse a Mauro Libertella, de Raymond Carver a Knausgard", cuenta.

Luciano Olivera reconoce que Aspirinas y caramelos surgió a partir de un texto que escribió pocas horas después de que Independiente se fuera a la B. "En él contaba que cuando yo era casi bebé mi viejo, muerto hace muchos años, me traía caramelos y decía: «Te los manda el Señor Independiente» y cuando me daba una aspirina, «Te la manda el Señor Racing». Así me hizo hincha", recuerda. La relación entre el padre periodista y el hijo es el eje del primer libro de Olivera, al que describe como "un ejercicio duro de memoria emotiva". Esa memoria se remonta a la infancia del autor, guionista y director de televisión.

"En los años 70 era un chico muy curioso, que veía el mundo desde abajo -dice-. En el libro aparecen la masacre de Ezeiza porque veo una foto en casa y no entiendo por qué la gente corre; el secuestro de un directivo de la Fiat que me llamó la atención porque era la marca del auto que teníamos, o la muerte de Perón porque fue el primer ataúd que vi en mi vida y porque ese día no íbamos al colegio. Cuento ese mundo convulsionado desde la perspectiva de unos chicos que cuando había una amenaza de bomba en el colegio y nos evacuaban a la plaza de enfrente, armábamos una pelota de papel para jugar al fútbol. Una vida que podía darse el lujo de que las consignas y las balas nos pasaran por arriba."

La verdad objetiva de los acontecimientos, siempre en debate, se subordina a la mirada del autor. "No sé si cuento la verdad de mi familia; me interesó más reconstruir la atmósfera vintage de una época en la que todos veíamos el mismo episodio repetido de Meteoro o la Mujer Maravilla a la hora de la merienda, íbamos a la galletitería rogando que quedaran las que nos gustaban y esperábamos el verano para que abrieran las heladerías." Su primer libro es en verdad un segundo libro. Aspirinas y caramelos había sido publicado por Aurelia Rivera en 2015 y este año se reeditó con nuevos textos. "Estoy trabajando en una novela que es casi una precuela de Aspirinas... "

Con su poder discreto y perdurable, la escritura permite imaginar el pasado, amortiguar los efectos de un duelo imposible y, por qué no, reivindicar a los padres como personajes heroicos de sagas desprovistas de recursos sobrenaturales.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas