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Lollapalooza Chicago: de Chance The Rapper a Kaskade, abundancia de música

Los músicos locales, entre los más favoritos del público; Foo Fighters dio un show exclusivo la noche anterior

Domingo 06 de agosto de 2017 • 15:26
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LA NACION
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Chance The Rapper, la confirmación de que Chicago y la escena hip hop tienen un nuevo ídolo
Chance The Rapper, la confirmación de que Chicago y la escena hip hop tienen un nuevo ídolo. Foto: Greg Noire

CHICAGO.- En el sector de prensa, un siempre muy coqueto y agradable Perry Farrell nos cuenta sobre la noche anterior. Tiene una copa de champagne en mano, una sonrisa en su rostro y un andar liviano. El líder de Jane´s Addiction se mueve como si no caminara, como si cada paso que diera impactara a milímetros del suelo. Está contento por el tercer día que tendrán los Lollapalooza de Argentina, Chile y Brasil. Nos habla maravillas del público argentino, al que define como sofisticado, y nos cuenta de la noche anterior, de la sorpresa que fue aún más sorprendente: Foo Fighters tocó en la ciudad para sólo mil personas y Perry Farrell subió a cantar con Dave Grohl, probablemente uno de los dos músicos de rock más queridos del planeta por sus pares (el otro, claro está, es Paul McCartney).

Tan inabarcable como excitante, Lollapalooza es una fantasía de cuatro días. Una enorme juguetería en la que todos somos niños de 7 años. Las sonrisas se cuentan de a montones y después de dos días con más de cien mil personas moviéndose por cada uno de los escenarios dispuestos en el Grant Park de Chicago, el sábado es aún mayor el número de gente que disfruta temprano de el cancionista norteamericano Ron Gallo y de Blossoms, jóvenes de hoy con espíritu setentoso, un rock de vuelo rutero pero con vena pop. Los pelos largos y ese aparente desinterés que transmiten les otorga cierto color. Nuevos e ingleses, son para tener en cuenta. También del cuarteto de chicas pop Warpaint y de Zara Larsson, una de las voces emergentes de la escena de barbies del pop sueco que calan hondo en todos los Lollapalooza.

Perry Farrell, el hacedor del festival, siempre listo para saludar y salir a pasear por el Grant Park, el enorme parque público en el que se realiza Lollapalooza
Perry Farrell, el hacedor del festival, siempre listo para saludar y salir a pasear por el Grant Park, el enorme parque público en el que se realiza Lollapalooza. Foto: Max Herman

Las horas pasan y las bandas se suceden con tal vértigo que, si no lograste llegar hasta el escenario que deseabas a ver a "esa banda" o "ese DJ", no importa. Te vas a topar con otra propuesta que te va a interesar. O vas a parar a comer, a tomar algo, a jugar, a hacer sociales. De pronto sube a escena y con un sol radiante el dúo Royal Blood y aterriza en el festival lo más parecido a una banda con pulso heavy. Tras ellos, en uno de los dos escenarios principales, Alt J demuestra por qué pasó de ser la nueva gran cosa de la escena indie que cruza alt country con una psicodelia del siglo veintiuno; a Simon & Garfunkel y Donovan con José González, Juana Molina y con un espacio grande como una casa para volar, elevar las mentes y los corazones.

Tras el indie folk de The Head and The Heart, una banda norteameriana que se mueve entre Mumford and Sons y Arcade Fire, llega el momento de migrar en masa. Como no había sucedido en los dos días anteriores, prácticamente el 70 por ciento del público se concentra frente al escenario en el que en minutos subirá Chance The Rapper, crédito local de la escena hip hop que, en tres años, se convirtió en protegido, señalado y mimado por Kanye West, Jay Z y toda la plana mayor.

Kaskade: fantasías animadas de ayer y hoy para la enorme patria electrónica de Lollapalooza que, en el Perry''s Stage, funciona como un festival dentro de otro
Kaskade: fantasías animadas de ayer y hoy para la enorme patria electrónica de Lollapalooza que, en el Perry''s Stage, funciona como un festival dentro de otro. Foto: Roger Ho

Antes de que The Rapper aparezca en escena, desde las pantallas laterales se emite un particular autobombo. Un video con imágenes de los premios, las donaciones y las genialidades que hizo Chance y de las cuales los medios tomaron nota, y el elogio de una personalidad que él conoce de muy chico: Michelle Obama, ya que su padre trabajó para Barack Obama cuando el ahora ex presidente de los Estados Unidos era senador. Rap, soul y la cultura R&B de las últimas tres décadas sintetizadas debajo de una gorra enorme y de un poder de magnetismo que envidiaría más de un político argentino en estos tiempos de elecciones.

Si el 70 por ciento de la gente estuvo con Chance, el otro 30 bailó hasta el agotamiento total con Kaskade. Banderas ("¿tocan Los Redondos?), luces brillantes y esa particular sensación de experimentar un festival dentro de otro. También local, el DJ y productor es un veterano de la escena electrónica de Illinois. Así, el sábado tuvo su jornada ideal para los valores de Chicago, y el público supo cómo responder a ellos. Y como mimarlos.

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