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Los Topos: ex presos apuestan al trabajo para dejar atrás el delito

Se unieron en el barrio Derqui, de Tres de Febrero, y se dedican a todas las ramas de la construcción y al reciclaje; son 70, pero esperan sumar a más jóvenes que salgan de la cárcel

Lunes 07 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Con trabajos en la vía pública, los cooperativistas de la construcción le cambian la cara al barrio Derqui
Con trabajos en la vía pública, los cooperativistas de la construcción le cambian la cara al barrio Derqui. Foto: Santiago Hafford

LA PLATA.- Los integrantes de la Cooperativa de Trabajo Los Topos Ltd. festejan porque ya son una cooperativa con todas las letras: tienen CUIT. La sonrisa se les ensancha en toda la cara cuando lo cuentan, porque ese papel que recibieron hace una semana significa que haber salido de la esquina, de la cárcel, del robo, valió la pena. La misma sonrisa les nace cuando dan empleo a un pibe que acaba de salir de un penal o de un instituto de menores. Habla de la satisfacción que les da poder ofrecer algo que ellos tuvieron que conseguirse solos: trabajo.

La cooperativa Los Topos surgió hace poco más de dos años en el barrio Derqui, de Caseros, partido de Tres de Febrero, al principio en negro y con las dificultades propias de la burocracia.

Para poder comprar las primeras palas vendieron el televisor de Héctor. Ahora, Luis, presidente de la cooperativa, un hombre que estuvo preso siete de sus 31 años, habla de licitaciones, de leyes y de saneamiento ambiental como si hubiera estudiado toda su vida para hacer lo que hace hoy.

Son 70 personas en total; 68 tienen antecedentes penales. Una parte de la cooperativa se dedica a la construcción y la otra, al reciclaje. Las mujeres del grupo, conocidas como Las Topas, se encargan de juntar botellas de plástico y de reciclar. Tienen entre 18 y 53 años.

"Hay muchas chicas que salieron de la esquina. Y acá, mientras sacamos el plástico, nos ponemos a charlar de nuestras cosas", cuenta Blanca, referente de Las Topas. Entre esas "cosas" están las adicciones. Eso de "la esquina" incluye la droga.

"Sale un chico del instituto, le damos trabajo, y siento que me veo a mí mismo"
El Araña, integrante de Los Topos

Un día, a Los Topos les cambió la mirada -o la urgencia- de todo el trabajo que venían haciendo: fue cuando un chico fue a pedirle trabajo a Héctor, conocido como "el Hueso", secretario de la cooperativa. Le dijo: "Dejame que mañana te contesto". Esa noche el pibe cayó preso.

"Si yo le hubiese dado laburo ese día, eso no pasaba", piensa el Hueso. No duda: está convencido de eso. Para que los más chicos no sigan el camino que ellos habían iniciado en el robo quieren conseguirles trabajo antes de que vuelvan a caer. Por eso su objetivo es llegar a tener 100 puestos de trabajo a fines de año.

El mural de la pared de la canchita del barrio Derqui habla de ellos. Del club social donde dan de comer a 70 chicos, de la cooperativa, de la murga, de la construcción y el reciclaje, de "los topos" y "las topas", de que lo que vale, cuesta.

Una habitación del club está llena de bolsas grandes con botellas; en la otra, están tiradas en el piso. Es momento de selección. Blanca muestra en su celular la foto de un sillón violeta. Y dice que eso es lo que les va a enseñar a hacer una señora: sillones con botellas, para vender.

Según el estatuto que los rige, la cooperativa tiene como objetivo asumir por su propia cuenta, "valiéndose del trabajo personal de sus asociados", actividades como construcción de obras públicas y privadas, albañilería, pintura, electricidad, herrería, carpintería, plomería e instalación de redes de luz, gas, agua, cloacas y conexiones domiciliarias, señalización y bacheo, mantenimiento y creación de espacios verdes, zanjeo, desmalezamiento y parquización, reciclado y saneamiento ambiental.

El último objetivo que escribieron habla de fomentar el espíritu solidario y la ayuda mutua, de que las tareas serán autogestionadas, sin subordinación jurídica, técnica o económica con ninguna empresa.

Capitalización

Se paga según lo trabajado, los días y la categoría, según sean peones, oficiales o medio oficiales. El resto del dinero, el excedente, va a un fondo común para gastos de la cooperativa. Guardan el 5% para ahorro, pensando, en un futuro, en poder comprar maquinaria.

En los penales, entre los presos, se sabe de la existencia de Los Topos. Saben que ahí pueden ir a pedir trabajo porque nadie los va a echar cuando se descubra que tienen antecedentes. Eso le pasaba a Luis, "el Araña", cada vez que se cumplían los tres meses de prueba y le pedían esos papeles para ponerlo en blanco. Así fue en veinte empresas, dice.

El Araña pasó por todos los institutos de menores de la Capital, por eso afirma: "Sale un pibe del instituto, le damos laburo y yo siento que me veo a mí mismo". Habla de otra rama de la cooperativa, los "minitopos", que con autorización de sus padres pueden trabajar ahí.

Estuvieron en obra en estos días, construyendo una calle frente a la casa de Mabel, una vecina que rescata perros. Ella les cocinó empanadas y les dio agua. Pero no todos los vecinos los valoran así. Hay algunos que se quejan, que creen que Los Topos no saben lo que hacen en la construcción, que no están calificados. Es que no conocen de los cursos con los que se capacitaron.

"Salís de la cárcel y si nadie te ayuda a los tres días estás robando de vuelta"
El Hueso, integrante de Los Topos

Los Topos instalaron todas las cloacas del barrio. Y aunque suene a triunfo, eso también tuvo sus costos. El asfalto se transformó en un barrial y varios vecinos los culpan a ellos. Pero la empresa contratada para hacer de nuevo ese asfalto es otra; eso no muchos lo saben.

Hasta hace poco el hijo del Hueso seguía el mismo camino que él. El del principio, el de salir a robar. Pero ahora es un "topo" y eso lo llena de orgullo. "Yo a mi pibe no lo crie ni lo vi crecer", dice. El Hueso estuvo 11 años preso. Y por eso mismo también sentencia: "La cárcel es un criadero de delincuentes".

Un día de diciembre pasado Los Topos se aparecieron por el Concejo Deliberante de Tres de Febrero, justo el día en que se estaban asignando los presupuestos para cada secretaría. Querían pedir un techo para el comedor. Hasta ese momento hacían ollas populares en la canchita y los chicos comían en el piso. Cuando escucharon cuánto dinero se movía, insistieron en que algo de eso debía llegar a los presos que salían de la cárcel sólo con lo puesto. "Si salís y nadie te ayuda, a los tres días estás robando de vuelta", dice el Hueso, con conocimiento de causa.

Los Topos se llaman así por los vecinos. Una de las primeras obras que hicieron incluyó hacer pozos. Y a los pibes que antes veían fumando en la esquina ahora los veían cavar en la tierra. Escucharon lo que decían y ellos se apropiaron del nombre. Le dieron un sentido virtuoso.

Entre sus obras están las cloacas, algunos asfaltos y dos plazas. En esas plazas hay postes de luz; para hacer esas conexiones llegó un chico que había aprendido el oficio de electricista en la cárcel. Un ingeniero se ocupó de supervisarlos.

Daniela es la que les maneja las cuentas y los papeles de la cooperativa. Ella estudiaba Sociología en La Plata cuando conoció a Lupo, el hermano del Araña, que salía del penal para cursar la misma carrera. Sabiendo que Daniela también estudiaba técnica cooperativista decidió contarle de su hermano.

"Yo pensé que mi hermano se había vuelto loco. Le decíamos a todo que sí. Andaba para todos lados con unos papelitos bajo el brazo", dice Blanca sobre el Araña. Esos papelitos eran una idea que se volvió real: la cooperativa. Llega el lunes, uno más, y Los Topos están contentos.

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